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Alain Daniel: “Hoy, veinticinco años después, no creo en una buena parte de las cosas en que creía al inicio”

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Alain Daniel. Foto cortesía del entrevistado.

Aunque esta entrevista se realizó vía WhatsApp, antes de los primeros audios, Alain Daniel envió una foto en la que puede vérsele con un tabaco en la mano, sentado alrededor de una mesa donde hay una copa y al fondo una piscina. Todo el tiempo me pareció como si estuviéramos conversando en ese ambiente.

Con un tabaco en la mano y una copa en la mesa, Alain Daniel está a punto celebrar sus 43 años de vida. La conversación tuvo lugar un día antes del cumpleaños y saldrá publicada un día después.

Es, ante todo, un hombre agradecido. Agradece por esta entrevista, agradece a los medios cuando retransmiten sus audiovisuales, a su familia por su formación, a la vida por permitirle un año más, a los que le han ayudado y hecho posible que su carrera se desarrolle. “Estoy feliz de todo, de los fieles, de los infieles, de los buenos, de los malos, de los que han mentido porque me han dado enseñanzas, de los amigos, de los que no lo son; no sé si tenga enemigos, pero si existen, bienvenidos a bordo”.

Alain cumple 43 años, y Alain Daniel, veinticinco de carrera artística. A su cuarto de siglo como profesional, es un artista que estudia, que aún tiene nervios y le quedan muchas cosas por hacer, que sueña, que no se pone límites, que sabe que todo es cuestión de proponérselo, que conoce que el camino del éxito no es sencillo. “Hay que luchar, no te puedes dar por vencido, hay caídas, y hay que tener fuerza y voluntad para reponerse. Siempre existe la posibilidad de hacerlo realidad, depende de ti. Hay que tener disciplina, apostar por uno mismo. Mi lema es «siempre sí»”. No se siente viejo, aunque sí con la suficiente experticia que otorgan los tropiezos y los tiempos felices.

Alain se llama así por Alain Delon, el célebre actor francés. Aunque en su carnet de identidad no figura el Daniel, este es uno de los nombres de su abuelo y lo agregó al suyoen busca de la espectacularidad artística. A veces olvida mencionarlo. Con 25 años de carrera artística, canta, actúa, ha incursionado en variedades de formatos televisivos dramatizados, en teatro, ha asumido la conducción de programas, incluso radiales; reconoce que trascender generaciones es un mérito.

Cubacitas

Habla del paso de los años, no critica, no juzga, “no son mejores o peores, son diferentes”. “Cuando mi carrera empezó, vivíamos en una época mucho menos audiovisual, no estaban extendidos los celulares, no todo el mundo pedía fotos porque luego había que imprimir un rollito. Los fanáticos pedían autógrafos, ansiaban tener tu firma en un afiche, un papel, una gorra, una camiseta…”.

Ahora, goza del cariño y la aceptación del público, llena locales, bares, escenarios, pero recuerda que en sus inicios tuvo una presentación, como parte de un grupo, y al cantar les tiraron hasta piedras.

Tiene un currículo que empieza por su origen humilde. Aunque parezca una frase hecha, permite entender su manera de ver la vida y apreciar su sencillez.

“El mérito de mi formación no es mío, sino totalmente de mi familia. Mis padres se divorciaron muy temprano, me críe con mis bisabuelos, que en paz descansen, quienes también criaron a mi madre. Cada escuela y academia por la que transité, cada uno de los distintos segmentos de mi formación, no hacen más que llevarme al mérito de mi familia que, sin tener las posibilidades, si había que comprar un instrumento, lo hacían”.

Los primeros años de Alain tuvieron lugar en un solar de la Habana Vieja. Luego fue a vivir a Santo Suarez, “el barrio”. “En casa se vivía muy apretado, había que hacer magia para llegar a fin de mes y, aun así, nunca me faltaron instrumentos. Recuerdo que, en la última etapa de mi formación, tenía en casa un teclado cuya mitad no funcionaba; las que sí sonaban eran las octavas del registro grave, y con esa parte estudiaba, pero me acuerdo de aquello con un cariño tremendo. Ahora que lo pienso, posiblemente eso estorbara, en un apartamentico tan pequeño: cuatro personas en una sola habitación, además de guitarras, bongó, timbal; todo aquello molestaba y yo no tenía la visión de que no había espacio. Lo que sí agradezco infinitamente es cómo se esforzaron hasta más no poder para que no me faltara, para que no se interrumpiera o malograra mi formación”.

Cuando tenía once años y aún era estudiante en el conservatorio Guillermo Tomás de Guanabacoa, apareció por primera vez en televisión, en la serie Convivencias. Es una anécdota que ha contado miles de veces, y aun cuando nos propusimos ambos, hacer de esta entrevista algo diferente, escuchar la historia en su voz obliga a recrear ese suceso que cambió para siempre su vida.

Década de los 80 en Cuba, platós de televisión, estudios con producciones variadas, luces, cámaras… y un departamento de talento artístico al cual llega la ficha de un pequeño que cumplía con los requisitos que se necesitaban para una figuración. “Como todos los niños, el que fui yo, no escapó de los sueños y deseos y de toda esa intermitencia y ola de ilusiones. Llegar a un set televisivo, ver todo ese mundo entonces desconocido para mí, dio un giro total a mi vida. Nunca supe cómo apareció aquella ficha mía, pero fue un bendito favor. Aunque el rol en la serie no fue más que una figuración, para mi sentir de niño era como un protagónico. Nunca más logré salir de la televisión”.

Las luces y las cámaras lo flecharon y de qué modo. Alain Daniel, aunque músico de formación y no actor de carrera, tiene casi casi la misma cantidad de obras en los dos ámbitos.

Como músico, en 1994, partió hacia México a probar suerte y perseguir sueños. “Voy a ser un soñador de por vida, pero uno que ha podido hacer realidad, gracias a todos los que han ayudado, la inmensa mayoría de sus sueños”. Regresó a Cuba y su nombre se vinculó a diferentes proyectos, agrupaciones y escenarios: Roberto Javier y su grupo, Estilo Fantástico y La Constelación. Estuvo a prueba en Yumurí y sus hermanos, trabajó en los estudios del maestro José Luis Cortés. Llegó al cabaret Parisien, mundo desconocido que le permitió aprender a dominar la escena, y pasó por Bamboleo, una de las orquestas más populares de Cuba.

Alain Daniel se cataloga a sí mismo como osado. Ha tomado varias decisiones de esas que hacen a más de uno decir que está loco. Se fue de Bamboleo y, luego de un período de incertidumbre y gracias a un “socio ambiental del barrio” que sugirió la idea, comenzó una carrera en solitario y formó su propia agrupación. Luego vendrían el reconocimiento nacional e internacional, ocho discos, una lista de éxitos…

Como actor, luego de aquella figuración en Convivencia, donde solo salía una parte de su pullover, se ha involucrado en diferentes roles en series televisivas, miniseries, telenovelas (La otra esquina, La sal del paraíso, Playa Leonora), telefilmes (Fotos, El bardo inmortal, Delirios y monogamias), cuentos y teatro.

Tuvo “una racha, por así decirlo, de años y años interpretando mayoritariamente personajes negativos en dramatizados como Tras la Huella y UNO”. Esto lo agradece a su amigo, el director Armando Toledo. “Se pudiera decir que es mi director fetiche o yo soy su actor fetiche, por la cantidad de veces que hemos trabajado juntos. Fue quien pensó en mí para el primer negativo y abrió la puerta a toda una variedad. He tenido la suerte de interpretar desde un hombre que ha sido capaz de casi violar a una muchacha y es sorprendido por su madre, hasta ladrones y tipos muy violentos, disímiles aristas de todo lo negativo”.

El mismo Alain Daniel que hace “de malo” y encarna a delincuentes de la más baja calaña, dice que el reto más grande que ha asumido en televisión fue una escena de sexo. “La primera vez que tuve que irme a la cama con una actriz fue en la telenovela La otra esquina (2015), de Ernesto Fiallo. Fue con mi amiga Yerlin Pérez, quien me ayudó muchísimo. Luego vinieron otras, incluso volví a repetir con Yerlin: nuestros personajes se iban a la cama y tenían intimidad en el telefilme Delirios y monogamias (2018). En la novela La sal del paraíso (2016) tuve escenas de sexo con Edenis Sánchez. La primera vez pasaron muchas cosas por mi cabeza, tenía una idea que resultó ser diferente”.

Parece disfrutar sobremanera su trabajo. “Cada llamado, cada personaje, cada director, las actrices y actores con los que se trabaja… a uno le gusta lo que hace y empieza a acostumbrarse a interpretar distintas vidas que no son la suya, y le lleva a estudiar para interpretar a alguien que no es”. Sin embargo, no abandona los nervios de las primeras veces. “El arte, en buena medida, necesita de los nervios, es uno de los motores importantes desde el punto de vista del sentimiento, de cara a lo que representa cada uno en su manifestación. Cuando estás en el plató, poco antes de que digan «acción», hay una especie de adrenalina riquísima que se siente. Creo que el día que se deje de sentir eso, la actuación se convierte en un simple oficio”.

Pero Alain Daniel también goza el momento en vivo, el intercambio directo con el público. “Cuando te paras frente a una multitud a cantar, o en el teatro, y las personas están cerca de ti, llega un momento en que puedes sentir hasta sus respiraciones. Hay otra energía, en vivo y en directo, tanto por cercanía como por respuesta a lo que está pasando. Es indescriptible. En mi caso, si en algún momento dejo de sentir eso, será el momento de decir adiós”.

Al hablar del teatro menciona que otro de sus grandes desafíos fue interpretar a un personaje gay en la obra Farándula, de Jazz Vilá, “gracias a mi amiga, la actriz Camila Arteche, quien le dijo al talentoso director que yo podía interpretar a Lorenzo en la tercera temporada de esa comedia súper exitosa. Más de veinte años en la televisión, casi siempre interpretando guapos, delincuentes, ladrones, versiones negativas sobre el macho alfa… lo anterior se suma a una carrera musical que siempre trae videoclips donde eres el protagonista y, lo quieras o no, se intenta vender lo mejor de ti. De repente, entonces, romper con toda esa estructura y ese background, y pararte en las tablas en vivo y en directo en el teatro, con la espiritualidad, la cercanía, la verdad que tiene la primera vez en el teatro, y que fuera al interpretar a un gay… ha sido posiblemente el reto más grande de mi carrera”.

Alain Daniel. Foto tomada de Cubamusic.

Pese a todo lo anterior, aún tiene sus deudas. “Me queda por hacer cine. He estado involucrado en más de seis películas, algunas muy interesantes, con personajes que quizás hubieran sido muy trascendentales para mí por la carga dramática que tienen, pero por diversas razones ninguno de los largometrajes se ha realizado”. No obstante, no pierde las esperanzas. Eso jamás. Sin entrar en detalles, menciona algunas nuevas propuestas en las que pudiera estar envuelto.

Faltaban unos minutos paras las once y una hora para su aniversario (en esa misma fecha cumple años su hija mayor), y me dice: “tranquila, para nosotros esta hora viene a ser como las ocho de la mañana”.

No le pregunto por su rutina, pero comenta y en su voz se siente agitación. “Hasta hace muy poco, mi vida eran giras, traslados aéreos y por carretera, trabajos nocturnos, un horario habitual de llegar a casa a las cinco o seis de la mañana. En lo que duermes y descansas, ya casi tienes que alistarte otra vez, y cuando se suman rodajes como actor a la nocturnidad de la música, de las giras, las filmaciones al día siguiente… es bien complejo”.

Esa realidad se vio interrumpida en este 2020, como la de muchos, con la propagación de la pandemia del coronavirus. Estaba inmerso en la difusión de su disco 24más1. “Mi equipo de trabajo y yo nos habíamos trazado la estrategia de lo que pretendíamos desde el punto de vista promocional, pero esta parada me hizo replantearme absolutamente todo. Lo que ya estaba a punto de estrenar entró en contradicción con las tantas muertes que estaban ocurriendo en el mundo. Me pareció irrespetuoso sacar algo que estuviera totalmente alejado de la temática, un tema bailable no me parecía adecuado”.

A diferencia de muchos de sus compañeros, cuya labor reconoce como meritoria, no se sumó a las iniciativas de conciertos online. “Revisé que en los últimos veinticinco años de mi vida no había tenido tanto tiempo para mí, para replantearme cosas, terminar proyectos inconclusos. Soy alguien que se pasa la vida estudiando. Tenía previsto una especialización, porque en momentos normales no dispongo del tiempo para cursos online. Me dije que iba a estar presente y ausente a la misma vez. No me voy a presentar hasta que no pueda ser de la manera habitual, aunque agradezco cada vez que la radio y la televisión se hacen eco de mis obras y las retransmiten. En este tiempo alejado de la vida pública me he mantenido muy informado, al tanto de todo el acontecer nacional e internacional, pero me he dedicado a ser el papá de mis hijas, el hijo de mis padres, el esposo de mi esposa, el amigo de mis amigos”.

“Revisándola en retrospectiva, me ha venido bien esta parada no deseada”. Cumple 43 años y 25 de carrera artística y cree en los ciclos. “Siempre contamos lo positivo en su más alta dimensión, pero detrás de tantos años de carrera hay tropiezos, tristezas, decepciones y dolores que, al llegar a un determinado punto, empiezan a sumar y los llevas en tu espalda. Cada año se resetean las prioridades. Siempre que logras algo empiezas a plantearte lo siguiente. Hoy, veinticinco años después, no creo en una buena parte de las cosas en que creía al inicio”.


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