Alfredito Rodríguez: Quién me va a querer

8 min


Rodríguez tiene en su haber diez producciones discográficas. Foto tomada de El Nuevo Herald.

Con una chaqueta roja, sentado en el piso, Alfredito Rodríguez. Y frente a él, Celina González en silla de ruedas, llora y tiembla: es, apenas, la estampita sepia de una santa lisiada.

Que viva Changó suena en el fondo. El público del show En familia con Alfredo, aplaude.

Y Celina llora tanto, otra vez, con su brazo muerto sobre el pecho.

—A ver, mi reina, tú le has dado todo el amor, todo el placer de escucharte, a este pueblo, para toda la vida…

Le habla, Alfredito, como le hablaba a su madre —también lisiada, también Celina—, y la besa en la frente.

Y solo allí, por ese instante tierno y por ese beso, mi abuela, Alfredo, a ratos, a media legua de un año, siempre me pregunta por ti…

***

Pero antes, para ser justos, dejemos algo claro: Alfredito Rodríguez jamás ha sabido cantar.

Su voz tuvo siempre un sonido destemplado, como un bostezo amplificado en la madrugada, en esa hora donde todavía la gente quiere dormir o soñar lindo. Su mérito quizá estuvo en lucir bien dentro del smoking en aquel tiempo cuando era casi obligatorio usar guayabera, camisa de guinga o ropa verde. O en tener esos rizos, ondulaciones que hoy mi abuela, la tuya, discuten con fiereza “que eran los más bellos de la televisión”. Si algo supo Alfredito en la vida, fue no parecerse jamás a la masa humana de las décadas verdes, si algo se juró, eso fue no ubicarse nunca en el sector izquierdo del teatro de cualquier revolución.

Más allá de eso, de su simpatía de shows domingueros o de velorios coloniales en pueblos costeros, Alfredito no aprendió otra cosa más del arte que la habilidad de barloventear una canción.

***

Año 1950 del siglo pasado.

En Maternidad Obrera las compresas usadas para lavar la sangre del parto se reciclaban, se enjuagaban y volvían a usar. Allí Celina tuvo a Alfredo, en una habitación junto a otras seis mujeres, todas en parto a la vez; las mismas compresas.

“Mis padres y yo vivíamos en una cuartería, eran como once familias juntas. Las paredes no llegan al techo y se podía escuchar la vida de los otros. Todas las noches me despertaba con pesadillas. Y cuando llovía, se mojaba mi catre, porque yo dormía en el balcón” …

No tuvo trajecillo de vaquero, ni perro, ni jardín para torturar lombrices. Quizá solo una bolsa de canicas aburridas, una peonza, algo así: días de tedio en los que ensayó cantar.

Es difícil una síntesis biográfica para Alfredito, porque hay algo tan exclusivo y tan llano en él, que solo nos permite imaginarlo en short corto de corduroy a finales de la década del 50 en una casa de la calle Lealtad, en el barrio habanero de San Leopoldo. Alfredito empastado a un radio, haciendo karaokes con los temas de Pedro Vargas, moviendo con soltura la lana de su cabeza, gestionando un par de pasillos que sacaban de la presión del cinto una camisa de hilo.

Pudiéramos pensar que colgó en las paredes una linografía de Rita Montaner o de Rita Hayworth, una foto de Ñico Membiela con guitarra. Alfredito así, adolescentico, un grupie con guedejas adorando a las figuras de su devoción.

De su biografía pocas cosas sabemos: estudiaba sin estudiar en el colegio privado América, rondaba los teatros y las esquinas musicales de su barrio, y a sus quince logró cantar una o tres canciones en el coro de la Ópera de La Habana. Ah… fue feliz, por un tiempo, hasta que el profesor de canto le dijo una de las primeras verdades de su vida, algo así como: Alfredo, dedíquese a otra cosa, usted no sirve para cantar.

***

Y Alfredito se fue, algo triste, al ICRT. Allí, luego de algunos días de coyote merodeador, capturó al director de televisión Manolo Rifat…

—Señor, que yo sé cantar.

—Mhhmm…

—Señor, déjeme cantar.

—Sí sí sí…

—Señor, un pedacito de canción nada más…

—A ver…

Y tronó.

—Esta otra, señor, seguro usted se la sabe…

Lalalalala… Y un tema, otro, y Rifat bajo aquella tortura por decibles, como estar encerrado en una cabina telefónica con 20 hipoacúsicos.

Que sí, que está bien, que pronto comienzo un programa, Buenas Tardes, y que te llamo…

Pero, obvio, Rifat no lo llamó.

Entonces Alfredito fue a la caza de Rifat para recordárselo. Era 1968, y en Buenas Tardes animaban una semana Mirtha Medina y Raúl Gómez, y otra, Ariel y Leonor Zamora. Con Alfredito en la banca, en espera de una lesión. Al final, Ariel decidió abandonar el programa y Alfredito ocupó el espacio.

Cámaras, micrófonos, gritos de corte; cantar, bailar, repetir. Algunos dúos con Leonor, canciones románticas; un “te la dedico” susurrado en el oído, manos tomadas. Meses, guiños, poemas de Buesa bajo la luz cenital del estudio… Alfredito se casa.

Leonor y Alfredo, letras doradas dentro de un corazón. Rogelio Rodríguez, su padre, tuvo que firmar el acta de la boda. Alfredito todavía era menor de edad.

***

A inicios de los 70 Alfredito llevaba dos años en la televisión, y en la radio se pasaban cintas con sus temas sueltos.

Entre 1983 y 1990 ganó ocho veces el Premio Girasol, por el voto popular en la revista Opina. Había llenado la sala de conciertos del teatro Karl Marx. Tenía cinco discos lanzados. Había grabado videoclips con Mirtha Medina y cantado a dúo con damas exquisitas como Ana Bell. Y mantenía perfectamente acoplada su melena ondulatoria.

Abuelas, tías; amas de casa repetían la letra facilona y pegadiza de Obsesión o Que me encapricho. Tíos, padres, copiaban el toque helénico de su cabellera.

Tiene sus anécdotas, Alfredito:

Un bate de béisbol, aluminio, entre las manos. Listo para golpear…

Así entró a Radio Progreso, cuenta en una entrevista para Diario de Cuba: “Es que me prohibieron baladas internacionales, entre ellas la de Danny Daniel, que decía ‘Por el amor de una mujer/ vi mis venas desangrar’. Un salvaje la prohibió porque decía que los hombres no se cortan las venas. La de Miguel Ríos, El Vagabundo, la eliminaron porque en Cuba no había vagabundos de pelo largo [eran…] órdenes de los mismos que me mandaban a pelarme y me prohibían usar sacos cruzados porque consumían más tela…”

Otras estadísticas importantes:

  • Tiene el récord de cantante más criticado por el periódico Juventud Rebelde y la revista El Caimán Barbudo, que lo acusaban de deformar el gusto de la población.
  • Es el cantante cubano que a más personas ha querido en la historia de la música.
  • Le subió la presión ocular cuando censuraron su tema Buena Persona. Terminó en emergencias del hospital Calixto García, con derrame en un ojo.

Alfredito, que jamás entendió la metáfora ni la prosopopeya, ni le interesó la rosa sangrante de la Nueva Trova… “[…] más que la sencillez de mis letras o melodías, fue que no quise cantarle a la revolución, ni ponerme botas, seguí cantando canciones románticas en traje y corbata… Y sobreviví”.

No guarda rencor.

Luego llegó el Periodo Especial, y una crisis creativa de fin de siglo. Ni siquiera le salía un oxímoron existencial como “dulce derrota”, ni le rimaban los estribillos.

***

Alfredito fue uno de los cantantes más populares y queridos de Cuba. Foto tomada de El Nuevo Herald.

A principios de este siglo fue más fácil conseguir un buen smoking y un poco de laca. También habían cesado los apagones. Fue tiempo de bonanza y Alfredo aprovechó para volver a pasillar ante las cámaras.

No podemos precisar cuándo Alfredito dijo por primera vez “los quiero mucho, mucho, mucho” pero, es casi seguro, fue en el show Su noche con Alfredo, un programa variado con música y entrevistas a personalidades de la cultura cubana, como el trovador Silvio Rodríguez, pero también a gente que lo merecía más, como una monja del Sanatorio del Rincón.

Con la misma fórmula, su talk show En familia con Alfredo, deleite de solteronas y jubilados. Y, más tarde, definitivamente, La Diferencia: cuatro programas, cuatro entrevistados y sus rencores… César Portillo de la Luz, en voz alta, dijo que no creía en el talento de quienes lo dirigían; el pianista Frank Fernández habló de la falsedad de los jurados de premios musicales en Cuba; Carilda Oliver, es de imaginar, liquidó la poesía de tono laudatorio y realsocialista.

Pero la hora de clausura, como ese telón de cortinilla que abría y cerraba el programa, la tuvo el combatiente, y en ese momento ex presidente del ICRT, Jorge “Papito” Serguera. Aquella noche, 13 de diciembre de 2006, en vivo, Serguera, quien alguna vez propuso eliminar el vocablo “intelectual” del habla coloquial, declaró a Alfredito que le encantaban los boleros, la música de Elvis Presley y Paul McCartney; ah, y el caviar.

La entrevista provocó una tormenta de e-mails, donde algunos artistas e intelectuales cubanos depuraron sus miedos o cargos de conciencia.

Al fin, por ese episodio de sinceridad del fallecido Serguera, solo quedó una tesis de licenciatura en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana; es decir, nada.

Pero Alfredito se llevó la peor parte… “Nadie me dijo que Papito tenía problemas […] logré un 90 por ciento de teleaudiencia, pero lo pagué caro […] me pidieron que siguiera haciendo programas grabados […] pero iba a pasar más tiempo corrigiéndome que frente a las cámaras”.

Poco tiempo después, Alfredo se va a México y se establece en Mérida con Mayra, su esposa en segundas nupcias. Quizá también con un perro.

Allí, Alfredito fue periodista. Al día de hoy no sabemos qué lo motivó a escribir columnas de reflexiones para la vida…

Igual, se dice fue telonero de alguna agrupación de corridos y que cantó en tabernas boleros de Orlando Contreras y temas propios. También realizó giras por estados fronterizos y aldeas. Y poco más.

Seis años vivió Alfredito en México y no, no lo quisieron tanto.

***

Una noche de junio, 2011, en el cabaret The Place, en Miami, el promedio de edad del público estuvo sobre los 65 años… Alfredito daba un concierto.

Ah, noche de nostalgias para las pelucas platinadas y los bigotes teñidos; todos juntos en un mismo coro a caballo sobre Empapado de sudor, Sagitario, aplaudiendo cuando Mirtha Medina y Alfredito se abrazaban al matar una canción. Allí, 200 personas, apenas un balcón del Karl Marx. Pero así todo, Alfredito fue feliz…

—Los quiero mucho, mucho, mucho.

Dijo con su voz de disk hockey, haciendo borbotear todas las consonantes palatales fricativas sordas y las oclusivas. Luego miró arriba en busca del cielo, con las palmas de las manos juntas sobre la boca; besó el micrófono…

—Mucho, mucho.

Y aplaudieron mucho, con sus manos artríticas, aquella milicia de pensionados.

***

—Vine hasta con mi Lucas, mi perro… que ya no está.

Habla Alfredito en el show de Jaime Bayly. Su mano derecha arranca la uña de su dedo anular izquierdo; tiene el rostro vencido, como de 90, 500 años en la tierra: la corteza carcomida de un sauce.

—Enfermó. Y se fue a vivir a otro lugar…

Desde 2015 Alfredito vive en Miami junto a su esposa. Emigró para estar más cerca de sus dos hijos, Daniel y Alfredo.

—Tienes un hijo que es un músico, un pianista excelente. ¡Salió al padre! —dice Bayly.

—No, qué va, Alfredito es músico. Y yo, cuando sea grande, quisiera ser como él.

Se le inflama el pecho y no le alcanza el traje, ahora con tanta tela. Solo un padre celebra así la victoria ajena. Todo lo inalcanzable, después de la semejanza ha de parecerse en la sangre, en la misma luna, a él… Y su rostro, entonces, tiene la misma edad de su muchacho.

—Estuve con él cuando lo nominaron al Grammy, porque yo se lo prometí cuando era niño, sí. Hizo una prueba y no le fue bien, es que las manitos, con seis años, no le alcanzaban para el piano… Estaba triste, y yo le prometí que cuando ganara un Grammy, yo estaría allí…

Y en un concierto por el Día de Padres, en 2017, Alfredo cantó Buena Persona; junto a él, su hijo lo acompañaba en el piano. El vocalista de 66 años calló, y miró, sobre sí mismo, su doblez. Se le vio llorar.

***

Alfredo, ahora que ya no existe el Premio Girasol ni la revista Opina, ahora que ya murieron Papito Serguera, Carilda Oliver, Portillo de la Luz y Celina González, tal vez te preguntes quién te va a querer…

Ahora que ya nadie canta Empapadito de sudor ni Con quien me quiera, pensarás en Cuba como una ola, un osario… El lugar indefinido a donde se fue tu perro Lucas.

Sin embargo, mi abuela, a media vuelta de cada año, siempre pregunta qué fue de ti.


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2 Comentarios

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  1. Un escrito de tino miserable como si el autor se ufanara de que al artista no le hubiera ido bien. No fui seguidor de Alfredito pero sin dudas, a pesar del paso del tiempo, logró mantenerse en el gusto de su público.

    Ningún artista es “todo terreno” y Alfredito no es la excepción. Pero perduró, algo que no creo vaya a ocurrir al autor de un artículo tan lamentable.

    Le deseo dicha a Alfredito en su vida, a su familia y el reconocimiento de su público, que es el juez supremo. Y también al autor de este artículo: lo va a necesitar.

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