Cuca Martínez, la hermana desconocida de Alicia Alonso

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Alicia Alonso y Cuca Martínez. Foto tomada del libro Cuban Ballet.

El día en que las hermanas Martínez del Hoyo irrumpieron en el mundo del ballet, cuando Alicia llegó –tarde-, ya Blanca María, Cuca, estaba junto a la barra, lista para comenzar el ejercicio.

Más allá de ello, lo cierto es que, siendo muy jóvenes, ambas hermanas se desenvolvieron como aprendices de ese bello arte. Con 5 y 7 años su madre las llevó a dar sus primeros pasos.

Mientras Alicia comenzaba a triunfar, Cuca, orgullosa, la esperaba para retocarle el maquillaje o ayudarle en los cambios de vestuario.

Del inicio del idílico romance entre Alicia y Fernando Alonso, solo Cuca fue testigo y ayudó a los jóvenes para que pudieran verse. Cuando un Fernando de 20 años le propuso matrimonio a Alicia, de apenas 16, el padre de la bailarina, muy enojado, le dejó de hablar y fue, otra vez Cuca, quien alivió la situación, debido a que aceptó viajar con la futura pareja de casados a Estados Unidos, territorio donde contraerían nupcias. Allí cuidó Cuca de su hermana. Sin embrago, no fue testigo de la boda.

A partir de entonces, Alicia pasó a ser la Señora Alonso y Cuca siguió siendo Martínez.

No obstante, la menor de las hermanas también estimó mucho a la otra. La puso en contacto con la afamada profesora, bailarina y coreógrafa Martha Graham. Gracias a todo lo que aprendió en aquellas clases, Cuca abriría más tarde su propia academia de ballet.

Finalizaba la década del 30 del pasado siglo y Alicia triunfaba en Nueva York con obras de Lew Christensen, William Dollar y Eugene Loring. Mientras, Cuca era la hermana de Alonso, una especie de asistente, puesto que ella asumía como el más alto honor.

Además del apellido, diferían en muchas cuestiones. Cuca era una religiosa fervorosa, creyente cristiana mientras Alicia era atea. Otro de sus puntos de vista diferentes estaba relacionado con la política.

En marzo de 1940 tuvo lugar en La Habana un gran acontecimiento. El escenario del Teatro Auditorium de La Habana, hoy Amadeo Roldán, acogió por primera vez un ballet con música de un autor cubano. A su vez, la pieza estuvo interpretada por Fernando, Alicia y dos de sus hermanos: Antonio y Cuca Martínez. Para 1942, con la presentación de La Silva, volverían a coincidir las hermanas en escena.

Los cuidados de Cuca hacia su hermana, dos años menor, nunca cesaron. En los viajes a Cuba de Alicia, para intentar resolver su problema de la vista, Cuca se adelantaba para ultimar los detalles y luego se mantenía atenta durante todo el proceso postoperatorio. Luego de su recuperación, Cuca estaba presente en los ensayos y entrenamientos de la famosa artista.

Con la incorporación de Alicia Alonso al recién creado Ballet Theatre of New York, Cuca comenzó a desempeñarse como bailarina de tercer nivel en el American Ballet Theatre.

Del éxito de Giselle, una de las representaciones más famosas de Alicia, también tuvo parte de mérito Cuca. A Alonso le dieron el personaje que estaba reservado para la rusa Alicia Márkova, muy próximo a la fecha de estreno, y fue su hermana la que, durante 72 horas sin apenas dormir, ensayó junto a ella la coreografía. Este esfuerzo se repitió cuando debió encarnar el rol de Lizzie Borden en Fall River Legend de Agnes de Mille.

Para 1943, Alicia brillaba en escenarios internacionales, pero también en la Sociedad Pro-Arte Musical. En la pieza Ícaro debía salir junto a unas niñas de la Escuela de Danza. Las pequeñas fueron entrenadas por Cuca, quien comenzaba a comprender que en la enseñanza estaba en su camino. A partir de entonces comienza a asumir más en serio los roles de directora de ensayos.

Además de asistir a cada función posible y aplaudir como el público más fanático, Cuca recopiló toda la información que sobre Alicia aparecía en la prensa de la época. Más adelante, su vida se resume en puntos breves: profesora del Conjunto de Aficionados de la Universidad de La Habana, un matrimonio fallido, una relación con un hombre casado.

Cuando Alicia y Fernando deciden abandonar el American Ballet Theatre, Cuca, que ya había encontrado su lugar allí como profesora de niñas, también renuncia y los sigue en la nueva aventura de la fundación del Ballet Alicia Alonso. En esta institución ocuparía el cargo de subdirectora artística.

Cuando triunfa la Revolución y la institución de transforma en el Ballet Nacional de Cuba, Cuca sigue al lado de Alicia. Dirigió las coreografías de La Niña de Guatemala, basada en el poema homónimo de Martí en el ballet Versos y Bailes.

Hasta su salida definitiva de Cuba, Cuca se vio envuelta en grandes líos, de los cuales su hermana menor la pudo sacar. Nunca más se volvieron a ver. Cuca continuó ligada a la enseñanza y creó su propia academia de baile en Miami. Murió sola en una residencia de ancianos, con demencia senil.

*Para la redacción de este texto, consultamos el libro Cuban Ballet, de Octavio Roca y Cuca Martínez del Hoyo, la hermana invisible, trabajo escrito y publicado por Carlos Ferrera en el blog El Cuartel de Sejano.

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