El músico que acaba de ganar su sexto Grammy y sueña con vivir en Cuba

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Arturo O’Farrill. Foto tomada de www.suzannelorge.com.

En la más reciente gala de los Premios Grammy, realizada el domingo 5 de febrero en la Crypto.com Arena de Los Ángeles, California, los cubanos estuvieron bien representados.

Se encontraban nominados Paquito D’Rivera (African Tales, Mejor Composición Instrumental), Camila Cabello —junto a Ed Sheeran— (Bam Bam, Mejor interpretación de pop de dúo/grupo) y Cimafunk (El alimento, Mejor álbum de rock o alternativo latino), aunque ninguno se llevó trofeo alguno a casa.

Sin embargo, la mayor de las Antillas sí logró indirectamente una victoria en la edición 65 de los premios musicales más prestigiosos del planeta. La alegría vino mediante el cubanoamericano Arturo O’Farrill Jr., quien, con su disco Fandango At The Wall In New York, se impuso en el apartado de Mejor Álbum de Jazz Latino, donde compitió un natural de la Isla, el trompetista Arturo Sandoval (Rhythm and Soul).

Poco antes de recibir esta distinción, en una entrevista fechada el 18 de enero de 2023, el renombrado pianista había dicho:

“No se trata del premio, no se trata del reconocimiento. Se trata de llevar esta idea a los seres humanos. Cada vez que te dan un Grammy llamas la atención sobre algo que estás haciendo. Y he podido usarlo para llamar la atención sobre Cuba, para llamar la atención sobre diferentes causas y políticas. Pero esta vez, si somos capaces de llamar la atención sobre la idea de que el muro es una aberración, que no impide la inmigración ilegal, que no impide el contrabando de drogas, que no va a resolver la crisis de los refugiados, nada de esto es realmente relevante para los problemas que tienen que ver con la pobreza en otras partes del mundo y, francamente, con el imperialismo estadounidense”.

De acuerdo a la página de los Grammys, el primer trofeo de Arturo llegó en 2009 por Song for Chico (Mejor Álbum de Jazz Latino). Más adelante, ganaría dos en la categoría de Mejor Álbum de Jazz Latino: The Offense Of The Drum (2015) y Four Questions (2021), además de otro par por Mejor Composición Instrumental, gracias a las piezas The Afro Latin Jazz Suite (2016) y Three Revolutions (2018), esta última incluida en el disco Familia: Tribute to Bebo + Chico, grabado en 2017 junto a Chucho Valdés como un homenaje a los padres de ambos.

Por si fuera poco, este talentoso pianista nacido en México el 22 de junio de 1960, acumula en su palmarés otras seis candidaturas a este célebre galardón.

La inicial llegó en 2006 por Una noche inolvidable (Mejor Álbum Latino Tropical Tradicional). En lo adelante, sumó sendas en Mejor álbum de gran conjunto de jazz por 40 Acres And A Burro (2012) y Cuba: The Conversation Continues (2016), dos más a Mejor Composición Instrumental, por Baby Back (2021) y Dreaming In Lions (2022), además de la de Virtual Birdland (2022) en Mejor Álbum de Jazz Latino.

Para O’Farrill, hijo del trompetista Arturo “Chico” O’Farrill, oriundo de La Habana, Cuba, y de la cantante mexicana Lupe Valero, el premio obtenido el pasado domingo significó un nuevo reconocimiento al extenso recorrido artístico que comenzó a los 19 años, cuando se unió a la banda de Carla Bley.

Aunque creció en Nueva York, la herencia cubana ha estado siempre con él. Su apego al legado paterno fue el que lo hizo visitar la tierra de su progenitor en 2002 para participar en el festival Jazz Plaza.

“… mi deseo era llevar la música de mi padre. Él no regresó, pero en sus últimos años de vida lo había considerado. No pudo ser, estaba desolado; es en parte por esto que siempre he creído que debemos tener una relación cultural con Cuba”, contó en una entrevista.

Hace poco más de cuatro años, comentó al diario Granma que su sueño sería vivir en Cuba. «Yo sé que mi papá extrañó mucho a su tierra natal y mi mamá la quería mucho.  Yo me siento más cómodo en Cuba», agregó.

Más adelante, en 2010 visitó también la Isla junto a su Afro Cuban Jazz Orchestra y a partir de entonces ha regresado a la tierra de papá O’Farrill varias veces más junto a otros colegas, para tocar y compartir su experiencia con estudiantes, músicos y bailarines.

***

Si bien traía el arte dentro, por asunto genético y tradicional, su epifanía llegó mientras escuchaba a Herbie Hancock, según reveló en cierta ocasión.

“Mi padre tenía un disco en su colección, que se llamaba Miles Davis Greatest Hits. Hasta ese punto ya era pianista, pero no tenía tanto interés. Pero puse ese disco y el primer tema se llama Seven Steps to Heaven. Cuando Herbie tomó su solo, una luz apareció y los ángeles entraron y dijeron, ‘tú eres músico’. Desde allí, nunca miré hacia atrás.

Con el tiempo, fue sumando a su currículum los diplomas de la Escuela Secundaria de Música, Arte y Artes Escénicas Fiorello H. LaGuardia, la Manhattan School of Music, el Conservatorio de Música de Brooklyn y la Escuela de Música Aaron Copland, del neoyorquino Queens College.

A lo largo de su carrera profesional, como solista ha compartido con leyendas como Dizzy Gillespie, Lester Bowie, Wynton Marsalis y Harry Belafonte. No obstante, su momento de mayor crecimiento comenzó cuando su padre le dio la oportunidad de tocar en su banda

Eventualmente, él creó sus propias agrupaciones: la Afro Latin Jazz Orchestra y el Arturo O’Farrill Sextet, mediante las cuales se aventuró ambiciosamente a probar nuevas sonoridades y trascender la obra de su progenitor.

“Tengo una carrera muy bonita, separada de la de mi papá, no estoy envuelto en su legado. A mí me gusta investigar sobre diferentes sonidos como los de los ritmos de Chile, Perú y Ecuador; todos tienen un sabor muy fuerte y cuando los mezclas con el jazz y el big band son especiales ¡es la música del futuro!”, expresó en una ocasión.

A pesar de haberse distanciado, artísticamente hablando, de la carrera de su padre, al ser interrogado sobre qué le gustaría decirle hoy a Chico, fallecido el 27 de junio de 2001 en la Gran Manzana, Arturo Jr. dijo:

“Le diría que más que copiar tus notas, quiero copiar tu mentalidad, tu integridad, curiosidad. Te doy las gracias por dejarme la curiosidad y el hambre de innovar. Entiendo ahora, que soy padre de dos músicos —Adam y Zachary—, lo que me decía. Era un hombre extraordinario”.

Por otra parte, y aunque jamás ha renunciado a sus raíces, ha dejado claro que no es partidario en absoluto de las etiquetas dentro del arte.

“Yo no soy músico latino, yo no soy músico de jazz. Soy músico del mundo… soy compositor. Hay gente que me quiere colocar en una categoría y para mí eso no tiene valor, ni importancia. Pienso que poseo unos colores que uso cuando puedo. Escribí música latina para coro, música afrolatina para coro; no veo diferencia entre música sacra, común, latina o bailable. Es música. Existen los que se preocupan y pierden tiempo en poner categorías; si quieren hacer eso, lo que hacen es limitar”, declaró hace un par de años.

Eventualmente, su camino lo llevó a fundar, hace década y media, la Afro Latin Jazz Alliance, institución cuyo objetivo principal es, además de hacer música afrolatina, preservar ese legado, todo ello sin interés económico alguno.

Según refleja su web oficial, O’Farrill Jr. ha visitado prácticamente todos los rincones del mundo, ha compartido escenario con el Ballet Hispánico de Nueva York, y ha compuesto ballets para las compañía de danza Malpaso y la de Alvin Ailey. Por otro lado, también ha escrito piezas por encargo para Meet the Composer, Jazz at Lincoln Center, The Philadelphia Music Project, The Apollo Theatre, Symphony Space, Bronx Museum of the Arts, Young Peoples Chorus of New York, Columbia University y New York State Council en las artes.

Más allá de su labor sobre el escenario, la cual, entre otras cosas, le ha ganado el derecho a ser nombrado como Artista Steinway por esa marca de pianos durante muchos años, O’Farrill Jr. también lleva años desempeñándose como educador, y ha alternado sus conciertos con su rol como profesor de Estudios Globales de Jazz y su labor en el Vicedecano de Equidad, Diversidad e Inclusión en la UCLA.

Para él, el arte no debe funcionar solamente como un conducto para la realización personal, sino que también funciona como un elemento vital para dialogar en sociedad.

“El arte debe servir a los demás. Se trata de que lo que nosotros hacemos es para el mundo, para la comunidad, para los que nos rodean. Y no se trata de obtener reconocimiento, premios o de ser el mejor, o el más rápido. Se trata de cómo conectas tu arte con los demás. Así que esto es un momento hermoso de mi vida”, refirió a principios de este mismo año.

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