¿Dinosaurios en Cuba?

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Así sería un pterosaurio. Foto tomada de El Periódico.

Los animales prehistóricos son, tal vez, el objeto de fantasía más grande para el 99 por ciento de los niños en todo el planeta y, además, el dolor de cabeza de igual cantidad de padres, quienes tenemos que pasar horas frente al televisor, viendo junto a los nenes todo tipo de aventuras y canciones protagonizadas por “tiernos” reptiles o dinosaurios gigantes.

Después de una extensa tanda de películas como La tierra antes del tiempo (o sea, Pie Pequeño y su pandilla), Godzilla (sí, no se pongan técnicos) y La Era de Hielo, a uno le quedan pocas ganas de volver a escuchar de esos gigantes escamados que poblaron la tierra hace miles de millones de años. Eso, hasta que te enteras de que por tu país también pudieron haber caminado y nadado algunos de los habitantes de Parque Jurásico.

¿Dinosaurios y algo más en Cuba? Ya veremos a continuación, aunque Hollywood nos ha hecho creer que estos “bichos” solo existían en lugares exóticos de África, Europa, Sudamérica y hasta en los mismísimos Estados Unidos, resulta que en el archipiélago cubano tuvimos animales prehistóricos, hecho contrastado por la evidencia científica.

En marzo de este mismo año se supo que, allá por el Cretácico Superior, en la provincia de Cienfuegos vivieron pterosaurios, nombre proveniente del griego que significa “lagarto alado”. Mal llamados como pterodáctilos, estos fueron animales no considerados como dinosaurios, pues pertenecían al orden de los saurópsidos arcosaurios, título cuya traducción al “español de a pie”, significa que fueron los primeros “saurios” voladores conocidos.

El hallazgo tuvo lugar en el municipio sureño de Rodas, sitio en donde se ubica la Región Paleontológica Damují, en la cual antes ya habían tenido lugar hallazgos vinculados a otras especies.

Pero esta no es la primera vez que tenemos material para fabricar nuestro propio parque de atracciones basado en criaturas que caminaron por el planeta hace varias eras.

En 1949, el renombrado paleontólogo Alfredo de la Torre y Callejas dio a conocer en su tesis de doctorado la existencia de un húmero, que entonces consideró parte de la osamenta de un integrante de la familia de los diplodócidos, específicamente de un brontosaurio. El descubrimiento, que sucedió en Jagua Vieja, mogote del occidente cubano, fue luego rebatido por su colega, el doctor argentino Leonardo Salgado, de la Universidad del Comahue.

Según el profesor rioplatense, quien solo se basó en una foto y una descripción, el enorme hueso era un metacarpo perteneciente a un camarasaurio, cuya estructura ósea era incluso más grande. De cualquier forma, nunca sabremos quién tenía razón, pues la pieza terminó extraviándose, y aún se desconoce su paradero.

Como parte de la fauna marítima de aquel lejano pasado, existen referencias demostradas de que en el extremo occidental de la Mayor de las Antillas habitaron algunos tatarabuelos de las tortugas, los cocodrilos y los delfines.

Hoy conocemos que, miembros destacados de la comunidad en la Ciénaga de Zapata, los cocodrilos, ya estaban por aquí hace mucho tiempo. Sus primos, que respondían a nombre de la “casa” de los metriorrínquidos, eran mucho más temibles que los de ahora, pues además de sus impresionantes dentaduras, llegaban a medir hasta cinco metros y tenían unas colas parecidas a la de los tiburones, que les servían como un excelente mecanismo de impulsión.

Algunos antepasados de Flipper, nombrados ophthalmosaurios, nadaban también por nuestras aguas. Estos parientes del género ictiosaurio se asemejaban bastante a los “nariz de botella” que hemos visto en millón y medio de filmes y series, aunque sus principales diferencias radicaban en que no eran mamíferos, y en la forma de su cola, más parecida a la de un atún que a la de un cetáceo.

Por último, la caribemys oxfordiensis, o tortuga del Caribe, fue otro de nuestros vecinos más notables. Del pequeño reptil (medía aproximadamente 35 centímetros) se tuvo noticia en 1950, cuando Juan Gallardo, empírico buscador de dinosaurios de Viñales, Pinar del Río, se topó con un esqueleto casi entero, al cual le faltaba solo la cabeza.

También podemos mencionar entre la pléyade de antiguas bestias que poblaban las cercanías de la plataforma insular cubana, a los plesiosaurios (inspiración para mitos como el Monstruo del Lago Ness) y los pliosaurios. Si bien es cierto que ninguno de los dos son considerados como dinosaurios, clasifican al menos en la categoría de seres que respiraron antes de que el hombre empezar a dominar la Tierra.

Aunque queda mucho todavía por descubrir en Cuba en materia paleontológica, de momento esperamos haber satisfecho a ese “chama” que todos llevan dentro, de seguro el mismo que en este instante no puede evitar pensar si en el patio de su casa habrá enterrado algún “dino”.


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Sandy Mederos

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