«Halo», una adaptación que peca de demasiado respetuosa

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Cada vez que conocemos la noticia de que un videojuego será adaptado para cine o TV, un sudor frío nos corre por la espalda a quienes somos seguidores de todos esos formatos. Son tan pocos los buenos ejemplos, que casi siempre termina por ganarnos el temor a ver destrozado algún clásico durante la difícil transición de una plataforma audiovisual a otra diferente.

Con Halo, popularísima saga surgida en 2001, que ha pasado por las manos de desarrolladores como Bungie, Ensemble Studios, 343 Industries y Creative Assembly, muchos se volvieron escépticos una vez que supieron que Paramount+ se encontraba produciendo un live action inspirado en las historias protagonizadas por John 117, soldado genéticamente modificado y conocido como el Jefe Maestro.

Esta no era la primera aparición de dicha narración en el streaming, pues antes habían salido las webseries Forward Unto Dawn (2012) y Nightfall (2014), así como el filme animado The Fall of Reach (2015), intentos bastante decentes que daban algo de esperanza de cara al nuevo lanzamiento. A estas alturas, luego de haber visto cuatro de los nueve episodios de la temporada debut, hay que decir que las buenas vibras no fueron en vano.

En primer lugar, toca explicar que, a pesar de contar con todos los elementos característicos que uno esperaría, no estamos en presencia de un relato basado directamente en la serie de títulos que conocíamos. Según contó en una entrevista la productora ejecutiva Kiki Wolfkill, se trata de “una historia independiente que tiene lugar dentro de la ‘Línea de tiempo Silver’ y por tanto está solamente inspirada en la franquicia del juego, en vez de ser una continuación o precuela”, de forma que el canon preexistente y el nuevo puedan evolucionar y coexistir en sus respectivos formatos.

Ahora hablemos de la trama. Esta se centra, entre otros, en tres puntos de vista fundamentales: el de John 117 (Pablo Schreiber), el de la joven separatista, Kwan (Yerin Ha) y el de Makee (Charlie Murphy), una humana criada y adoctrinada por la alianza religioso-militar de razas alienígenas nombrada como El Pacto (The Covenant).

Más allá de reflejar las miradas de los tres grandes protagonistas, los guiones de Kyle Killen y Steven Kane resaltan las tensiones entre el Comando Espacial de las Naciones Unidas (UNSC, por sus siglas en inglés) y sus enemigos -los extraterrestres del Pacto o los independentistas del planeta Madrigal-, pero también muestran las pugnas internas dentro de estas organizaciones que aspiran a dominar los destinos de la galaxia o, al menos, el de una fracción que les permita ostentar más poder del que tienen.

Siguiendo esa idea, ganan protagonismo otros personajes como las científicas Halsey (Natascha McElhone) y su hija, Miranda Keyes (Olive Gray), además del capitán Jacob Keyes, la almirante Margaret Parangosky (Shabana Azmi), la inteligencia artificial Cortana (Jen Taylor), los otros tres Spartans del Equipo Silver: Kai-125 (Kate Kennedy), Vannak-134 (Bentley Kalu) y Riz-028 (Natasha Culzac), además del desertor Soren-066 (Bokeem Woodbine).

Es muy interesante cómo nos presentan a los Spartans, capaces de eliminar prácticamente cualquier amenaza en el campo de batalla, pero totalmente incapacitados (por Halsey) para sentir como las personas “normales”, de ahí que el viaje de descubrimiento personal de John-117 y compañía sirva también como una metáfora para criticar la guerra, la manipulación mediática o la ausencia de ética/moral científica.

Más allá del subtexto, que es, como mínimo, decoroso, a nivel narrativo y de producción la serie no innova demasiado, ni es capaz de competir con pesos pesados del space opera televisivo como Star Trek o The Expanse. Hay demasiados elementos que remiten a referentes trillados y eso hace que nos impida pensar en Halo como un hito, argumentalmente hablando.

La enorme reverencia que muestran los creadores hacia el material de origen es algo que permite ver por encima de esas libertades discursivas que suelen molestar tanto en ocasiones. Por otro lado, se vuelve atractiva la visión alternativa de este universo que busca movernos más con las emociones que con los disparos y muertes violentas. No obstante, ya que tenemos delante una adaptación libre de la fuente primigenia, no hubiera estado mal que se atrevieran a jugar más con aproximaciones novedosas a lo que ya todos conocíamos.

En relación con los apartados técnicos, el material es un espectáculo visual en toda regla. Su dirección de arte y el trabajo de sonido han sido cuidados al extremo, sin dejar de contar con los efectos especiales y el CGI, que en ambos casos tienen niveles altísimos para una propuesta de este tipo. Sí se nota en ocasiones que la recreación de ciertos ambientes es un poco pobre, como si pertenecieran a una serie producida una década atrás o más, aunque esto podría estar asociado quizás a la estética minimalista y simple que ha caracterizado a varios momentos de la saga.

De Halo es justo decir que no tiene un elenco particularmente atractivo y que a ratos nos recuerda a algunos filmes de bajo presupuesto. Sin embargo, la conjunción entre un argumento trenzado con respeto (tal vez demasiado) y coherencia, el convincente trabajo de Pablo Schreiber como John 117 y los guiños a elementos clásicos de la franquicia, nos mantienen atentos el tiempo suficiente como para querer un poco más al final de cada episodio y, de paso, desarmar un poco el mito de que entre videojuegos y el cine o la televisión solo existen “matrimonios disfuncionales”.

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