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“Invasion”, o cómo hacer una serie de alienígenas sin alienígenas

3 min


De invasiones alienígenas está repleto el “cajón de fracasos” en cualquier estudio de Hollywood que se respete. Hay otra gaveta, mucho menos llena, para los “exitazos y aciertos” a la hora de llevar al cine o la televisión historias de este tipo.

Películas y series como V, Independence Day, Contact, Falling Skies, The Arrival, District 9, Mars Attacks! Battleship, The Tomorrow War o Starship Troopers, cada una con sus altas y bajas, han hecho que, cada vez más, comencemos a ver con menos expectativas tramas similares, saturados como estamos del temita.




Posiblemente esa misma fue la razón por la cual Invasion, reciente lanzamiento de Apple TV+, no causó demasiadas expectativas en quien escribe, partiendo del hecho de que su título es más genérico y poco original que el de una telenovela. Pero, bueno, como tampoco es justo enjuiciar sin argumentos, decidí ver qué tal.

En primer lugar, la sinopsis: personas en diferentes circunstancias y lugares del mundo comienzan a notar los cambios que provoca “la llegada” —bastante poco explícita, por cierto— en su día a día. Todo ello sucede mientras parecen estereotípicos nuestros ¿héroes?, más preocupados por sentir lástima de su situación que por investigar el origen de tanta algarabía a escala global.




Una madre, árabe y víctima (sobre todo esto último) de la infidelidad de su esposo (Golshifteh Farahani); un niño inglés, abusado e introvertido que prefiere oír música en una Walkman antes que en un teléfono (Billy Barrat); una científica japonesa, lesbiana y rechazada por su familia (Shioli Kitsuna); un sheriff estadounidense a punto de retirarse (Sam Neill) y un soldado —también norteamericano— desplegado en Afganistán (Shamier Anderson), forman el conjunto de individuos alrededor de los cuales se va moviendo una narración de lento desarrollo, construida de esa manera con toda intención.

El ritmo y el tono van dejando claro, con el paso de los episodios (han sido emitidos cinco de los diez que componen esta primera temporada), que esta no es una serie sobre terribles criaturas extraterrestres que llegan a sembrar el terror a lo grande y son enfrentadas por un grupo de personas anónimas destinadas a salvar la humanidad. Aquí vemos algo más similar a The Leftovers que a The Tomorrow War, en el sentido de que lo importante no es el desastre en sí, sino cómo reacciona la gente a él.




Ahora, más allá de la coherencia que se entiende en los guiones de Simon Kinberg y David Weil, sí se nota cierta manía por hacer que los individuos se regodeen en su miseria. No obstante, es esto mismo lo que da un giro de tuerca interesante a lo que se cuenta, pues el terror que deberían estar sintiendo por la subrepticia amenaza del espacio exterior, es sustituido por miedos y dolores más terrenales como la ruptura de un matrimonio, el abuso escolar o la pérdida de un gran amor.

Si algo particularmente molesta cuando uno ve Invasion es que, a pesar de haber generado una buena base argumental a partir del capítulo inicial, sus creadores optan por la técnica del “goteo lento” en lo adelante, convirtiendo cada entrega en puro drama familiar, pobremente vinculado con el susodicho “primer contacto”.




Debido a todo lo anterior, un relato visualmente exquisito queda lastrado por su espesura y la incapacidad de conectar lo humano y lo “divino”, por llamarlo de alguna manera, de forma que uno siente que realmente está viendo algo más que soap opera de primerísimo nivel.

Visto lo visto, Invasion no es una serie para los fans de los apocalipsis alienígenas que tantas veces se han reciclado en el mundo del celuloide. En cambio, se acerca más a la idea de un viaje emocional enfocado en mostrar y explorar la condición humana en momentos de crisis.

Sí, también es dispersa y lenta, pero, a la vez, logra mantenernos en alerta gracias a excelentes actuaciones, sorpresas en contadas dosis y cierres que nos compelen a seguir “enganchados” una semana más. Si algo pudiéramos pedirles a Kinberg y Weil es que acaben de romper el celofán y aprovechen ese elefante que metieron en la habitación desde los créditos iniciales.


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Sandy Mederos

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