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“La sanción es como si hubiera matado a alguien”, asegura pelotero cubano, golpeado y víctima de gran injusticia

5 min


Joel Chongo. Foto cortesía del jugador.

Joel Chongo Rivera puede pensar que no existe nadie en este mundo con más impotencia que él ahora mismo. Tantas ganas de denunciar, tantas ganas de ser escuchado, tantas ganas de que su problema halle solución, pero no ocurre nada a su favor. Así ha sido desde hace siete meses. Camina con inercia en un país como Alemania, donde la injusticia le ha tocado de un modo cruel, alejándolo de lo que más le gusta y sabe hacer.

Chongo es un pelotero cubano, nacido en Matanzas el 9 de enero de 1991. Llegó al país europeao hace un tiempo y reside en la ciudad de Hamburgo, donde representa al conjunto Marineros de Hamburgo desde el pasado año. A finales de julio de 2019, el yumurino fue parte de un incidente lamentable. Después trascendió una sanción en su contra: 1000 euros de multa y excluido para siempre del circuito beisbolero alemán.

Su caso ha navegado desde finales de la semana pasada por Facebook, respaldado por integrantes del equipo Mambo Duro, para ver si mediante esa vía aparece alguien con poder dentro de los círculos deportivos de Alemania, que le extienda la mano a Joel y derrumbe la injusticia vil que hoy sufre.

Cubalite conversó con el receptor de 29 años durante casi dos horas y aquí le traemos la versión de los hechos, contada por el principal afectado y con el objetivo de que el castigo perpetuo desaparezca. Ya Joel Chongo ha pagado de sobra su parte de culpa en el incidente, pero no se puede rendir, cuando su béisbol es lo que está en juego.

***

Es 27 de julio de 2019, cerca de las 5 de la tarde, en el quinto inning de un doble juego entre Marineros de Hamburgo y Kiel Seahawks. El equipo de Joel, los Marineros, pierde 7-0 y el partido está “caliente”, como se llama en Cuba a un juego con tensión entre ambas partes. Chongo le conecta un triple al lanzador Sven-Ole Busch y limpia las almohadillas. Busch se incomoda un poco, pues se le rompió la lechada, pero al final suelta una sonrisa pícara, en señal de “en el próximo turno te poncho”.

En la siguiente entrada el pitcher abre molesto. Propina tres pelotazos y las bases se vuelven a llenar. Expulsan al bateador anterior a Joel, el cual cruzó algunas palabras con el lanzador y le gesticuló. Después de tres bolazos consecutivos, Sven-Ole se mantiene sobre el box. Él es alemán y el expulsado dominicano. El matancero empuña. Primer lanzamiento: recta por la cabeza. Intercambian frases fuertes. El árbitro dice que, de ocurrir otra discusión, expulsaría a ambos.

Oliver Püst, manager del cubano, le da algunos consejos para que no se deje provocar. Después de conteo de 3 y 2, se poncha. El serpentinero se ríe y escupe. El matancero sabe que eso es una ofensa, agarra el bate y se lo lanza a Busch, pero nunca lo golpea. Automáticamente es expulsado y se retira al banco. Su compañero, el dominicano Rafael Bejaran, se dirige al montículo a recoger el madero y le pregunta al pitcher por qué realizó ese gesto que provocó la salida del juego de Chongo.

Eso fue con el bate en la mano, pero Bejaran nunca agredió. De pronto, casi todo el elenco de Kiel Seahawks se dirigió hacia el dominicano, le retiraron el bate y comenzó la pelea. Joel, en el banco, corre en defensa de su compañero, lo golpean por la espalda, y con su casco, casi a ciegas, trata de evadir algunos golpes.

Muchos jugadores están sobre el cubano. Hay una persona con la frente partida, pero Chongo jura que él no hirió a nadie. En un periódico local publican que él fue el causante de la rotura en la frente del jugador y que, por suerte, el receptor tenía puesto el casco, porque igualmente iba a terminar lesionado por Joel. Sin embargo, la publicación no menciona los golpes recibidos por el yumurino. Más bien lo describen como un agresor con un bate y un casco.

Su entrenador lo sacó del tumulto, y en alemán, le pidió que dejara las cosas como estaban, mientras su esposa Madaisy y su niño observaban desde las gradas. Él obedeció. Alguien llamó a la policía y tomaron datos de los implicados. Dos o tres días después se enteró de que el propio director de su conjunto expresó, sin querer, cosas lamentables sobre él, aunque luego se retractó y le pidió disculpas. El manager dijo que nunca había pasado por ese nivel de tensión tan grande y que el nerviosismo le dio por eso. Cuando se hizo la carta para dirigirse a los jueces de la liga, él aseguró que Chongo había agredido luego de perder el control.

Al decretarse la sanción (separación de por vida del circuito y 1000 euros de multa), Oliver comprendió la magnitud de su equivocación. Entonces mandó otra carta diciendo que el conjunto rival había atacado a su pelotero, el cual lo único incorrecto que hizo fue lanzar el bate hacia el box, tras la burla del lanzador después de poncharlo. En esa versión, el estratega ponía como culpable al pitcher Sven-Ole Busch, autor de varios pelotazos consecutivos. Igualmente, el árbitro pudo evitar todo ese incidente con solo retirar a Busch, añadía la carta.

El equipo contrario declaró al periódico lo que quiso, mientras el cubano permanecía atado, sin que nadie indagara en su causa. Solamente el conjunto Mambo Duro —compuesto por jugadores cubanos— se ha pronunciado en su defensa, principalmente, en las redes sociales, y cuatro compañeros de su novena se mostraron dispuestos a servir de testigos.

Chongo dice sentir mucho dolor, porque la liga empezará pronto y hay equipos interesados en contratarlo, pero la sanción vitalicia le impide acordar con algún plantel. Ha tenido muy buenos resultados: terminó como mejor receptor en la segunda liga, bateó .371 el pasado año —su primera temporada— y estaba de líder en cogidos robando hasta el instante de la suspensión. Tristemente, de momento, esos rendimientos no podrán repetirse, por el peso de una absurda y cruel medida.

Asegura algo que no es nada nuevo en el contexto actual, pues, afirma que algunos latinos gozan de mala reputación: “los ven como problemáticos, drogadictos, en fin, los ven como una amenaza”. Sin embargo, dice Joel que él no es así. Creció como deportista con los valores enseñados por su madre, Juana Isabel Rivera, y si salió de Cuba fue por el propósito de jugar un béisbol diferente. No pierde la esperanza de algún día integrar el equipo nacional de Alemania.

También le duele que su compañero Bejaran no se haya preocupado por su situación actual, ni le haya ofrecido ayuda de su abogado deportivo, cuando realmente por él fue que se involucró en el altercado. El matancero reconoce que tuvo parte de culpa en lo sucedido, al dejarse provocar por el lanzador Busch. Sin embargo, nunca pensó que le fueran a asestar esa sanción; pensó, cuando más, en 500 euros de multa por lanzar el bate y cuatro o cinco partidos por defenderse con el casco.

El jugador herido le plantó una denuncia. La policía investigó y, al ver que era una riña propia del deporte, no puso más el dedo en la llaga y todo quedó como estaba. Cuando el lesionado se enteró de que la sanción era de 1000 euros y separación de por vida de la liga, no presentó más ninguna reclamación a Chongo, pues, en resumidas cuentas, ya se había salido con la suya.

Lleva siete meses esperando respuestas y no ha recibido ninguna. Tiene una abogada que le cobró 1700 euros y no ha resuelto nada. Ella ha mandado cartas y no quieren hacer juicio. Con total sinceridad asegura que él no llegará a Grandes Ligas, pero el béisbol alemán le es fácil de jugar y puede dejar estadísticas muy buenas. Por eso es que lucha tanto y desiste rendirse, sobre todo cuando en la prensa su nombre quedó como un peligro para la pelota teutona.

También le escribió a Philipp Wuerfel, quien redactó la carta de la sanción, y Philipp le respondió que no le escribiera más, que no lo acosara más, que se dirigiera a él mediante su abogada solamente.

En Alemania, para subsistir, se dedica a limpiar habitaciones en los hoteles y siente que si le quitan la pelota le están retirando la mayor pasión de su vida y su principal fuente para eliminar el estrés.

Joel transitó por todas las categorías del béisbol cubano, fue compañero de jugadores que ya no están en Cuba como Onel Vega y Guillermo Heredia. Lleva años jugando pelota y conoce por dónde van las sanciones del béisbol, por lo que considera que “esta sanción es muy injusta. Nunca pensé pasar por esto”.

Dijo Abraham Lincoln: “la probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos que es justa”.


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