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Alberto Luberta: “Llevo años intentando hacer una serie sobre béisbol, pero no sé si podré algún día”

6 min


Alberto Luberta durante el proceso de filmación de la teleserie Lucha contra bandidos. Foto tomada del perfil en Facebook del entrevistado.

La familia Luberta Martínez es una que carga consigo un poderoso legado asociado a los medios de comunicación en Cuba. Alberto, el padre, fue, durante décadas, guionista del espacio Alegrías de sobremesa, pieza esencial a la hora de contar la historia de nuestra radio. Caridad, la madre, dejó su huella en la dirección de incontables espacios en la cadena Radio Progreso.

Años más tarde, su hijo, Alberto Luberta Martínez, ha seguido esa estela, e incluso trascendió el “sonido para ver” y logró convertir la pequeña pantalla en su tercera “casa”. Indistintamente, como guionista y realizador ha estado detrás de producciones como Tras La Huella, UNO y, recientemente, de la aclamada Lucha contra bandidos.

Sin embargo, este talentoso hombre tiene un especial vínculo con el escenario deportivo. Alberto conversó con Cubalite sobre esa relación y acerca de un proyecto especial que conecta al dramatizado con el diamante beisbolero.




¿Cómo empezó el deporte a ser parte de tu vida?

Yo nunca practiqué pelota, sino polo acuático, algo que me recomendaron para mejorar mi problema con la bronquitis asmática. Sin embargo, el béisbol siempre fue mi pasión y sí jugué bastante al “cuatro esquinas” y en algunos partidos que se hacían en Ciudad Libertad.

En el patio de la casa también pasé muchas horas jugando al “taco” con mi hermano, hasta que un día le “ponché” un ojo y mi mamá nos hizo prometer que no lo haríamos más, aunque eventualmente volvimos a hacerlo.

Aquellos fueron los años de Verde, Padilla, Vargas, Germán y el jonrón de Marquetti. De aquella época recuerdo un momento específico, cuando vi por televisión la última vez al bate de Pedro Medina.

Fue la final de una Selectiva y él llegó al cajón de bateo, hizo un par de cuclillas y se paró a batear. Le salió un roletazo por el campo corto y después de que lo sacaron se paró en la línea de tercera a despedirse del público, que estaba de pie, aplaudiendo.

Otro momento increíble de esa época fue cuando Raúl Reyes se equivocó y salió dos veces en una entrada, lo cual hizo que tuviera que sacar del box a René Arocha, quien salió entre lágrimas.

De mi primera vez en el estadio no tengo una memoria demasiado clara, pero sí me quedan detalles importantes. Yo tenía menos de 10 años y no sabría decir contra qué equipo jugó Industriales en ese momento, pero sí me parece que debe haber sido un domingo porque el partido era de día. Lo más claro que tengo es que entonces lanzó Euclides Rojas como relevista y que entrar en el Latino fue algo que me impresionó enormemente.




¿Qué atletas seguía más?

De Industriales, yo me identificaba con Rolando Verde porque siempre me gustó la posición que jugaba. Años más tarde, cuando aquella rivalidad tan grande contra Santiago de Cuba, ver pitchear a Norge Luis Vera, uno de los mejores de todos los tiempos, era algo extraordinario.

Recuerdo un día que fuimos y parecía que Vera estaba mal porque le hicieron varias carreras en el primer inning, pero luego se recuperó y terminaron ganando aquel juego.




¿Cómo llegas al proyecto de la serie dramatizada sobre béisbol?     

Con eso ha pasado algo muy interesante, porque desde que comencé a trabajar en la radio y luego en la televisión, tuve la idea de hacer una serie sobre ese tema. Lo que pasa es que cuando lo propuse, alguien me comentó que Gerardo Fernández estaba en lo mismo y yo, entonces, dejé todo eso en stand by.

Eventualmente, un día estaba hablando con Eduardo Vázquez, el asesor, y me comentó que era una pena no poder hacer un programa así, en donde los conflictos partían del deporte principalmente, a diferencia de otras creaciones en las que el “trabajo” de los protagonistas es solo algo subordinado a la trama.

Todo siguió así, hasta que, quizás por cosa de la casualidad, el proyecto terminó en mis manos. Resulta que yo compartía la dirección de email con mi mamá y un día vi un correo de Gerardo, a quien me atreví a escribirle para contarle de mi intención de colaborar con él en aquello de la pelota. Su respuesta fue una que jamás imaginé: me dijo que no había problema, que él retiraría el suyo y me dejaría el camino libre para poder desarrollar mi idea.

Aquello, de pronto, sonó rarísimo en la redacción y mi directora me dijo que se pondría brava si lo que le había contado era mentira. Poco después lo constató y empezamos a darle forma a todo.




¿Cuál era el argumento?

El centro de la historia iba sobre dos hermanos que estaban optando por llegar al equipo Industriales como lanzadores. Uno de ellos tenía un talento extraordinario y el otro era un tipo con menos capacidad, pero muy sacrificado. Luego de entrenar y prepararse, escogían solamente al mejor de los dos y el otro se quedaba fuera.

El giro interesante es que, a mitad de la serie, el hermano “bueno”, por decirlo de alguna forma, tenía un accidente y no podía seguir jugando. En ese momento llamaban al otro para que lo sustituyera y, más adelante, sucedía que en un juego decisivo él pedía la pelota y tiraba el partido de su vida, dándole la victoria a los de la capital.

Siempre tuve en cuenta la necesidad de poder participar en la vida interna de un equipo, pues era la forma ideal para conocer al detalle todas las interioridades necesarias y así poder construir un guion más rico y realista.

Para ello me daba igual que me pusieran transporte o no. Yo estaba dispuesto a irme hasta provincia y quedarme en casas de amigos. Lo único que pedí fue eso: estar cerca de donde se toman las decisiones y ocurren historias de las que casi nadie habla.




¿En dónde se trabó el proyecto?

Alberto Luberta y su hermano Aldo durante la infancia. Foto tomada del perfil en Facebook del entrevistado.

En esa época, el presidente del ICRT era Danilo Sirio, alguien muy cercano al deporte. Él lo impulsó y hasta consiguió una reunión con el INDER, pero no pasamos de ahí.

Años después se retomó, en parte gracias a José Manuel Cortina, quien además de asistirme en la parte técnica, me ayudó a contactar con Víctor Mesa, por entonces entrenador de los Industriales.

Ahí tuve el chance de investigar más de cerca, entrevistar a varias personas y presenciar unos cuantos entrenamientos del equipo. Sin embargo, eventualmente me di cuenta de que estaba intentando derribar los molinos prácticamente solo, junto al escritor Amílcar Salatti, y decidí parar con aquello.

Actualmente, eso está detenido completamente y no puedo decir si algún día podremos hacer la serie.




¿Tuviste alguna idea previa para el casting y otros aspectos de la serie?  

Bueno, aunque suelo hacer guion y dirección en muchas ocasiones, rara vez me planteo las cosas simultáneamente. Siempre me dedico a escribir primero y a continuación comienzo a pensar en lo demás.

En el caso de esta serie, había una particularidad. Resulta que, como prácticamente heredé el tema, ya Alejandro Gil había sido elegido para dirigirla, cosa que entendí y respeté, a pesar de que yo tenía experiencia detrás de las cámaras en no pocos audiovisuales televisivos.




¿Por qué cree que no se hacen más dramatizados asociados al deporte?

Bueno, de las cosas que se han hecho, ninguna ha tenido una complejidad así. Por ejemplo, En Tres y Dos (1985) es una película en donde, en primer lugar, el metraje es menor y, además, hubo muy pocos actores en el papel de los peloteros, pues la mayoría de los que aparecieron ahí eran atletas reales.

En el caso de la serie, el concepto era que todos los miembros del equipo de pelota serían interpretados por actores, algo que implicaba un reto grande a nivel de producción y de preparación para ese elenco.

Otro tema complicado es la alianza entre la televisión y el INDER, cosa imprescindible para que la producción tenga la solidez necesaria para avanzar en la dirección correcta.




¿Qué otras historias crees que faltan por explotar en el audiovisual cubano?

Más allá de un proyecto asociado al deporte, me encantaría hacer la vida de Félix “el andarín” Carvajal, un hombre pobre con grandes condiciones para el atletismo, quien llegó casi de milagro a los Juegos Olímpicos y estuvo cerca de dar una sorpresa histórica para el deporte cubano.

Otro personaje que muchos realizadores tienen ganas de retratar en la pantalla es Rey Vicente Anglada, por razones que la mayoría de nosotros conocemos.

Actualmente estoy trabajando junto a Yasel Porto, Jape y otros creadores, en documentar la vida de Carlos Kindelán, el único pelotero que ha jugado después de un trasplante de riñón y una persona que todos describían como un gran amante del béisbol.


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Un comentario

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  1. Sería increíble e interesante ver algo de esto proyectado en la TV nacional. Creo que también puede rescatar alguna serie para niños parecida a la de los pequeños campeones, seguro estoy que se lo proponen a Cremata con el amor que le tiene al Béisbol cubano y el pone también su granito de arena con sus pupilos de la Colmenita..

Sandy Mederos

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