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Anael Granado, “el Titi”, nos cuenta qué ha hecho tras alejarse de los escenarios cubanos

7 min


Anael Granado. Foto tomada de Televisa.

En Cuba, muchos podrían decir que ser ingeniero resulta una especie de catalizador asociado al humor. Lo de antes lo afirmamos porque si uno hace una breve revisión de la lista de cómicos que empezaron a despuntar entre los años 80 e inicios de los 90, encontrará que hay demasiados diplomas de la CUJAE.

Ulises Toirac, Alexis Valdés, Omar Franco y otros, destacan entre quienes dejaron la ciencia y se dedicaron eventualmente al arte de sacarle una sonrisa a la gente con sus ocurrencias.

Uno de los integrantes de aquel movimiento fue Anael Granado, quien posteriormente sería rebautizado como “el Titi”. Junto a Otto Ortiz (otro ingeniero, para variar), “el Nene”, conformó una de las duplas más recordadas en el pasado reciente de la comedia dentro de la mayor de las Antillas.




Otto Ortiz: “El humor cubano nunca ha estado en crisis”

En 1993, apenas unos meses después de haberse graduado de Ingeniero Eléctrico en la mencionada universidad, se unió a su primer proyecto humorístico y construyó una importante carrera sobre los escenarios.

“Yo había recibido mi título en julio y en septiembre ya estaba de gira con el grupo Postdata, al cual llegué gracias a Otto. Eso duró unos años, pero la realidad nos venció, pues era muy difícil que sobreviviera un conjunto de seis personas. Las presentaciones eran muy pocas y el dinero que pagaban también, así que en 1998 terminó”, contó en exclusiva a Cubalite el humorista, radicado en México desde hace más de una década.

Después de la disolución de aquel clan, Granado consiguió trabajo como guía de turismo y en esa función se mantuvo hasta 2001, cuando sintió que eso no daba para más y volvió a recurrir a su amigo Ortiz, quien le volvió a “tirar el cabo”. Entonces, ambos comenzaron a desarrollar la pareja cómica que los marcaría para siempre.




El debut —más o menos oficial — de El Titi y El Nene sucedió en el programa Para no salir de casa, show estelar de las noches sabatinas, dirigido por Julio Pulido. Allí dieron sus primeros pasos y se consolidaron. Luego vendrían los espectáculos en el Karl Marx y el cariño de la gente.

“Estar en diferentes teatros de toda Cuba, que tanto público nos haya visto y tener todo ese reconocimiento fue muy bonito. A mí me daba la sensación de estar viviendo en un pueblo chiquito, porque en cualquier lugar las personas me saludaban y sonreían, como si me conocieran de toda la vida”.

En el dúo, se recuerdan interpretaciones memorables de Granado, como aquel sketch en donde interpretó al administrador de una funeraria o las parodias de canciones populares como Pobre Diabla, de Don Omar.




Esos momentos que muchos rememoramos sin poder evitar la sonrisa inmediata, hay que agradecérselos, entre otras cosas, a la brillante capacidad para el humor gestual que tiene Anael, pese a que algunos le hayan atribuido su éxito, única y exclusivamente, al hecho de ser un “gordo gracioso”. Con respecto a este tema, comentó hace más de una década:

“El físico ha sido muy importante, cosa que lamento (…) Cuando yo empecé en el humor pesaba aproximadamente 150 libras menos de las que peso ahora y era cómico. La gente no decía: ‘si él fuera gordo sería más cómico’.




No obstante, en esa misma conversación reconoció que su “excesiva corpulencia” sí le ayudó en cierto sentido a construir un personaje que pegara más dentro de la audiencia: “el Titi, como es un gordo, es más propenso a ser un antihéroe y las personas se identifican con los antihéroes. Los gordos somos como los marginados de la sociedad y si te encuentras con un gordo que es triunfador y bromista, la gente se identifica. Con Otto (…) pasa una cosa curiosa: la gente le dice que para él todo es fácil porque no es gordo y que el mérito es mío porque siendo gordo he salido adelante. Mi esperanza es que independientemente de mi peso siga siendo cómico”.

Sobre la separación del dúo, Anael confesó a Cubalite: “eran demasiados años juntos y uno no tenía la madurez para entender lo que estaba ocurriendo. Creo que la gira de 2008 fue la que nos ‘quemó’. Visto desde ahora, pienso que debí haber trabajado y escrito más en función de generar cosas nuevas.

“Me acomodé a lo que teníamos y eso provocó el desgaste también. Sin embargo, a pesar de esas cosas que pasaron, jamás tuvimos problemas de dinero ni de ego. Por eso, cada vez que nos hemos visto todo ha funcionado perfectamente”, agregó.




Luego de aquella separación, que sucedió a principios del 2008, Granado se marchó a hacia territorio azteca en mayo de ese propio año.

“Mandé para México unos currículos y parte de mi música vinculada a la comedia gracias a Osvaldo Doimeadiós, quien se fue hasta allá para trabajar en un proyecto. Mediante esa ayuda, logré contactar con el productor Alexis Núñez y Xavier Rodríguez y ellos me abrieron las puertas para comenzar en Televisa”.

En esa gran empresa audiovisual, él ha trabajado durante todo este tiempo como diseñador de sonido, poniendo música y efectos a novelas y otros programas de sus cadenas. En dicho lapso, ha estado vinculado a shows como Sabadazo, del Canal de las Estrellas y hace ocho años es fijo en Me caigo de risa, que se emite por Las Estrellas y Canal 5.




Además de ello, ha creado música para varias obras de teatro y en 2017 fue parte de los graduados del primer Diplomado de Producción de Televisión auspiciado por la propia empresa, en donde, junto a otros 19 profesionales, realizó como ejercicio final un corto de siete minutos titulado Lucía.

“Actualmente, Televisa consume el 90 por ciento de mi tiempo, pues además de Me caigo… estoy diariamente en la revista Hoy, que se emite de 9:00 de la mañana a 12:00 del mediodía, así como en el proyecto para TV por cable, Faisy Nights, un late night con el mismo conductor de Me caigo… y un estilo similar al de La Resistencia o al del programa de Jimmy Fallon. Allí hago no solo los efectos, sino también parte de la música y algunos jingles.

Después de tantos años de trabajo fuera del país, el primer reencuentro de Anael y Otto sobre los escenarios sucedió en febrero de 2018, cuando ambos volvieron a juntarse en Miami, en el Flamingo Theater Bar, para presentar otro espectáculo, en el cual también participaron sus colegas Jorge Díaz, Alexei Rivera (El coloráo) y Carlos Vázquez (Riquimbili). Posteriormente, llevaron a cabo esa misma puesta en Cancún y Mérida.




De forma paralela a su rol en la comedia, mientras estuvo en Cuba, Granado hizo música para diversas producciones, entre las que se cuentan varios teleplays y los animados Sueño (2004), El negrito cimarrón y los molinos del Marqués (2004), Las orejas del conejo (2005), El negrito cimarrón y los matungos (2005), El almiquí valiente (2006), Historia de las abejas: la miel (2007), Historia de las cosas: el automóvil (2007), La fiesta de los bravos (2007), El agradecimiento del jíbaro (2008), así como los Filminutos No. 59 (2004), 60 (2005), 61 (2005) y 62 (2005).

“Lo de ese arte fue una inquietud que tuve siempre, pues desde chiquito cantaba en coros de la escuela y recibí alguna formación no teórica, pero sí práctica en el tema. A los 13 años comencé a estudiar seriamente la guitarra y luego participé en varios festivales de aficionados. En el ’98 me vinculé con Frank Betancourt, ingeniero de la CUJAE y amigo mío, y juntos empezamos a hacer música para teleplays, muñequitos y campañas publicitarias, entre otras cosas. Al irse él para Italia, yo seguí con esos proyectos y así sigo hasta hoy”, nos dijo.

Sobre la composición, algo que hace sin conocimientos de “escuela”, contó que él entiende su método creativo de la siguiente manera: “uno es una especie de servidor de computadoras, que oye mucha música y la compara con la que tiene almacenada en la memoria. Si no tienes referencias, entonces no sabes lo que está bien o mal. Por suerte tengo amigos que sí saben de teoría y me aconsejan”.




Uno de los reconocimientos más importantes obtenidos por él dentro de ese ámbito es el Premio Cubadisco especial que recibió en 2009 la serie Fernanda, cuyo tema principal fue realizado por Granado y el cantautor santiaguero William Vivanco.

Con respecto a las diferencias entre el humor y la música, nos comentó: “tú vas a un concierto donde hay gente gritando y tomando y eso no afecta grandemente a los músicos, porque igualmente te están escuchando. En el humor tienes que tener la misma atención y vibrar en la misma frecuencia que las personas para que logres que estas se rían, y eso es muy frágil. Puedes tener el mejor espectáculo del mundo, pero si hay alguien metiendo ‘ruido’ en el público, te lo puede echar a perder todo”.

Entre sus principales referentes dentro de la comedia hecha en Cuba, no duda un segundo en colocar a su amigo Ortiz en el número uno. “Soy muy seguidor de él. Me dio mucha alegría nuestro reencuentro después de 10 años y vi cuánto había madurado y el valor de lo que estaba haciendo. Es de los pocos que hace stand up en Cuba a la manera internacional y posiblemente sea el mejor allá en ese formato”.




Por otro lado, también habla muy bien de Pablo Garí (El Pible) y su sarcasmo, del grupo Salamanca, así como del trabajo de Virulo, a quien reconoce por abrir las puertas a toda una generación de humoristas en la Isla.

Sin embargo, como un seguidor más de lo que se hace en Cuba, manifestó su opinión con respecto al estado del panorama actual: “no sé qué está pasando con la comedia en el país, especialmente en la televisiva, a la que no me gusta llamar sitcom. El asunto es que noto mucha exageración y poco vínculo con la realidad de las historias y personajes que se presentan y eso es algo que me preocupa.




“El humor no tiene límites ni fronteras y debe ser capaz de decir la barbaridad que sea y tratar de señalar los defectos y las cosas que no funcionan; tiene que ir a las cosas feas, a la crítica o a la distorsión, porque las cosas bonitas alegran, pero no dan risa”.

Sobre un nuevo regreso a los escenarios de El Titi y El Nene, Anael reveló que hace relativamente poco estuvieron a punto de presentarse en el Karl Marx, pero los horarios de trabajo de ambos hicieron imposible que eso sucediera.

“No obstante, lo haremos en algún momento. Queremos preparar algo mejor y tener tiempo para darle forma a un espectáculo que mantenga el espíritu de nuestros contenidos pasados, pero también dé a la gente nuevos materiales para reírse. Constantemente Otto me envía guiones y yo le mando cosas que podrían funcionar. Igualmente, tenemos una idea para hacer algo en YouTube y eso creo que pudiera empezar a echar a andar una posterior vuelta al teatro”.

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Un comentario

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  1. Anael siempre fue grande
    El mejor humor gestual de Cuba para mí es el de Anael Granados. Pienso que es otra gran pérdida para la cultura cubana. Y con Otto hacían una pareja perfecta. (Tal vez debieron casarse y todo). Ojalá podamos verlos juntos de nuevo

Sandy Mederos

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