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Retrospectiva: Los “fajaos”… y otros “aportes” cubanos a la moda

3 min


Imagen: Cubalite.

Hoy mi onda retro se mueve de la música a una esfera menos conocida para mí, pero igualmente vivida. Corría diciembre de 1974 o 1975 y en mi escuela en el campo, en Troncoso, también corría un frío del que era difícil escapar, pues aunque evitáramos el pasillo aéreo, el vientecito en el central de benévolo tenía muy poco.

No éramos los estudiantes los únicos uniformados. Los profesores y el personal no docente llevaban unos abrigos de nylon, made in URSS, del mismo modelo y en varios colores. Este, por supuesto, no era un “uniforme” otorgado o requerido por el Ministerio de Educación, sino lo que había en las tiendas en aquella temporada invernal. Y como aquel “uniforme” se veía además en oficinas, medios de transporte… dichos abrigos fueron cariñosamente conocidos como el popular programa de TV: 24 por Segundo.

Aunque se puede afirmar que los venticuatros fueron una moda “forzosa” en la isla hace años, es un “concepto” que no ha desaparecido -nada más hay que ir a una tienda de la cadena Walmart y ver otras categorías de venticuatros –abrigos, camisas, chancletas de mete-deo, etc– exhibiéndose para ser usadas… voluntariamente. Los veinticuatros, sin duda alguna, representan una de las interesantes tendencias en la moda por la que los cubanos hemos transitado. Aquí van algunas otras:

Quillas: Durante los años 70 se hicieron populares los pantalones campanas en un momento en que la industria nacional no parecía estar lista para una rápida transición de pantalones de tubo a los de nuevo corte. Cada cual tomó la justicia por su mano y comenzó a zafar los pantalones por el interior de la pata e introducir un “apéndice” triangular –o quilla- que los convertiría en campana.

Si bien las mayores modificaciones fueron hechas a prendas de mezclilla, no faltaron otros de lastex y otros tejidos que se ensancharon de tubo a campana. Y quizás, pensando en aquello de que “no hay peor quilla que la del mismo palo”, muchos le sonaron a los suyos una de color o tejido diferente, de forma tal que se podía ver un pantalón de mezclilla azul con una quilla de algodón negro… ¡aquello tenía tremenda onda!

Etiquetas trasplantadas: Aunque ya teníamos nuestros pitusas “cañeros”, a mediados y finales de los 70 comenzaron a llegarnos los Levis, los Lois y los Lee. Sobre estos últimos había quien se preguntaba si tenían alguna relación con el karateca Bruce, pues también había jeans nombrados como la cantante Donna Summer. La diferencia es que estos “de afuera” tenían una etiquetica de cuero o de tela, en el bolsillo o en la faja, que los identificaba –y les daba diferentes valores-, cosa que no pasaba con los “cañeros”. Entonces hubo quien se lanzó a trasplantar etiquetas de colchas para taparse del frío a la faja o bolsillo de su pitusa. La de uno de mis cañeros decía Red Sable y tenía un castorcito.

Prensa caminante: Una nueva y contundente respuesta nacional a las tendencias de la moda extranjera subió de las extremidades inferiores al torso. De manera esporádica, se vieron blusas, camisas y hasta sombrillas con páginas de periódicos impresos, y aunque era posible leerse una noticia o examinar una foto, no era muy recomendable hacerlo en la prenda de vestir ajena. Había noticias que parecían muy interesantes, pero era mejor no detenerse a curiosear.

Ni cortos ni perezosos, los cubanos encontramos la forma de mojar una hoja de Bohemia, Granma o Juventud Rebelde y plancharlas sobre camisas o blusas de colores claros. El único problema era que la impresión en el textil quedaba de un color anaranjado. Pero, ¿qué importaba que no fueran los colores originales negro, azul o rojo?

Ah, si un amigo nuestro tenía un pullover original con Bruce Lee en pose defensiva, pues había que esperar que la prensa nacional publicara una foto de… los Bee Gees.. y agua y plancha con la página.

Combinaciones beligerantes: Por alguna razón estética se generalizó el concepto de estar fajao para identificar a aquellas personas que combinaban camisas/blusas de cuadros con pantalones/sayas de rayas y viceversa. Y esto no era algo manejado con discreción. Si un día no ponías atención a tu vestimenta, tarde o temprano escucharías una voz o en coro los gritos de “fajao” o “policía”.

Sin embargo, me consta que unos cuantos sujetos, o bien no se fijaban en lo que se ponían o no les importaba oír los apelativos mencionados. A modo de ejemplo, en mi facultad teníamos un profesor que, además de las combinaciones ya mencionadas, agregaba medias de rombos visibles a través de sus sandalias; pero con él nadie se atrevía, al menos en la escuela.

Lo interesante es que en la actualidad podemos ver un presentador de CNN o de la Deutsche Welle, cuya camisa, corbata o saco muestra alguna combinación “beligerante” y nos parece que tiene un buen porte y aspecto ¿Serían, entonces, las fajazones, un aporte cubano a la moda internacional?

Ya que refresqué la memoria de mis lectores, me gustaría leer en los comentarios sobre otros “aportes” no mencionados, porque estoy seguro de que han sido muchos más.


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