Ascos

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Una vez, Yoana meó mientras cantaba Pienso en tu mirá, un tema de Rosalía [en la imagen]. A partir de ese día comenzamos a hacer mucho dinero. Foto tomada de Público.
No sabes –tampoco tienes por qué saberlo– cuántas veces Yoana y yo orinamos juntas el panteón en honor a las Víctimas de las Proclamas.

Yoana era una estúpida, pero, con alguna estimulación, era capaz de mear todas las publicidades de conciertos que estaban pegadas en los postes. Lo haría, aunque no fuera en saludo a ningún aniversario. El orine de Yoana en la cara del reguetonero de turno. Lo había dicho, y esto, como muchas otras, sí lo sabías: ella quería que los reguetoneros sudaran orine. Meaba, entonces, en la parte del papel donde estaba la frente. Amaury la cargaba. Yoana estiraba la pierna y evacuaba, casi siempre, a dos metros del suelo.

Lo mío, y esto también lo sabías, era filmarla durante el proceso. En YouTube pagaban bien. Solo había que desenfocar ciertas partes. Si el material lo reproducían usuarios desde Europa, entonces pagaban más. Una vez, Yoana meó mientras cantaba Pienso en tu mirá, un tema de Rosalía. A partir de ese día comenzamos a hacer mucho dinero. El título que se me ocurrió: “¿Cómo la ROSALÍA orina en la cara a un CUBANO (Guía actualizada 2019)?”. Muchas niñas en España quieren ser como Rosalía. Se pasan la vida buscando tutoriales sobre “cómo ser como Rosalía la mejor del mundo + guía” (así, sin comas ni nada). La respuesta que les da YouTube: el espacio intermedio entre el hombro izquierdo de Amaury y el muslo derecho de Yoana.

A mí, lo confieso, aquello comenzó a darme asco, pero no tenía otra manera de salir adelante. Esta ciudad se había convertido en un performance donde solo competían ascos benéficos: lo que hacía Yoana era, para algunos, más productivo que la saliva que saltaba de la boca de un dirigente en medio de un recorrido para comprobar el estado de la cosecha de toronja. Yoana, incluso, no tenía por qué salir todos los días en la pantalla de la gente. Ahí, precisamente, empezaron los problemas:

–Las personas de este país tienen que verme más seguido.

–No lo creo. Si te ven 345 en Rusia, nos pagan más que si te ven 4 mil desde Cuba. Es así como funciona.

–Esto no es cuestión de dinero. Es cuestión de branding. En Rusia no me necesitan.

–Pero tú sí necesitas a Rusia. Es como cuando el campo socialista…

–¿De qué mierda hablas?

–Olvídalo. De todos modos, en Cuba ¿a quién le importa Rosalía?

–No sé, pero muchos sí necesitan que acaben con los flyers de los postes.

–Esa gente no ve tus videos.

–¿Quién coño ve mis videos?

–El 89% son niñas españolas en la pubertad. El porcentaje restante no lo tengo identificado.

–Entonces, ¿para qué te pago?

–Para que filme tus videos y les ponga los títulos.

–Nadie paga a otra persona para que ponga títulos a las cosas… Creo que he perdido…

–“Miserablemente mi tiempo contigo”.

–¿Cómo sabías lo que iba a decir?

–No sé. “Miserablemente” es una palabra muy común.

–No lo es tanto.

–¿A quién carajo le importa si “miserablemente” es una palabra común?

–A la gente que no ve mis videos y que vive en Cuba.

–Ahí creo que coincidimos.

–Por eso tengo que hacer que ese público me vea más.

–¿Para decir “miserablemente” en par de oraciones y lograr que luego sientan que les hablas directamente?

–Puede ser.

–Es lo mismo que han hecho todos durante muchos años. La gente idolatra a los role models. La gente no necesita que le hables como si estuvieras en una tribuna y, a la vez, a su mismo nivel.

–¿Cómo vas a saber tú lo que necesita la gente?

-Al menos sé lo que necesitan miles de adolescentes españolas.

-Adolescentes españolas que no me sirven para nada.

–A ellas deben haberles funcionado tus videos “orinando reguetoneros”.

–Eso no tienes manera de saberlo.

–Hay usuari@s que han visto los videos más de dos veces.

–Eso no necesariamente significa que les sirvieron.

–Ahí está el gran problema de la ingeniería social contemporánea: la diferencia egoísta entre “funcionar” y “servir”.

Dos días después de esa conversación, dejé de trabajar con Yoana. Había firmado un contrato. Faltaban cuatro años para que terminase, pero acordamos rescindirlo por mutuo acuerdo. En cuatro años, Yoana habría meado la ciudad tres veces y Rosalía habría publicado en su canal algún video de Yoana y Yoana se haría famosa y se mudaría a España para hacerse selfis con las ex adolescentes.

Tú irías a conocerla y le dirías cuánto me pagaste después de que te enviara los carteles con su orine. Para ese entonces, ya yo tendría mi canal en YouTube y no necesitaría nada de ninguna de ustedes: los escoceses, por ejemplo, se conforman con tutoriales de how to beat the HEAT in the CARIBBEAN (a perfect guide to your VACATIONS) Updated 2019.


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