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“Citadel”, una costosa serie de espías que no saca partido a su presupuesto

4 min


Desde hace algunos años, Amazon Prime Video pisa fuerte en la batalla del contenido por streaming, y hoy, películas y series exclusivas la han llevado a competir como igual ante otras gigantes de la industria (Netflix, Disney+ o Apple TV+).

Shows como The Boys, Reacher, The Terminal List, The Expanse o The Marvelous Mrs. Maisel prestigian el catálogo de esta plataforma, que ya el año pasado estrenó The Lord of the Rings: The Rings of Power (TROP), la serie más cara de la historia, y tiene pensado continuar en esa línea con otros títulos que incluyen la próxima adaptación del videojuego God of War.




Mientras esperamos la llegada de la famosa aventura original de PlayStation, Prime Video aspira a continuar dando la nota con superproducciones que les ganen más usuarios y, de paso, sirvan para crear audiovisuales que generen contenido digno de convertirse en grandes franquicias.

El pasado 28 de abril llegaron a la plataforma los dos primeros episodios de Citadel, thriller de acción y espionaje que costó cerca de 300 millones de dólares y se convirtió en la segunda serie más cara de la era del streaming, justo por detrás de los 465 que costó TROP.




La historia de esta propuesta, a todas luces palomitera y efectista, gira en torno a Mason Kane (Richard Madden) y Nadia Sinh (Priyanka Chopra Jonas), una ex pareja de espías que trabajan para Citadel, agencia de inteligencia creada en los años 30 del pasado siglo por gente que deseaba garantizar la seguridad mundial, sin depender de intereses nacionales o individuales.

Tras más de 80 años de actividad, la organización es víctima de un ataque coordinado por parte de Manticore, grupo rival que, ayudado por un agente traidor de Citadel, asesina a casi todos sus operativos y desmantela su red global de contactos. El plan de los “malos” es muy “original”: eliminar a sus oponentes y establecer un nuevo orden mundial que les permita controlar desde las sombras los destinos del planeta.




Tras el desastre de la agencia, Kane y Sinh casi mueren durante el descarrilamiento de un tren en Italia. Por si fuera poco, como ambos están tan cerca de perder la vida, se les activa un mecanismo que borra sus recuerdos y los convierte en gente “normal”. Ocho años después regresamos con Kane, casado y con una hija, mientras que Sihn está en Valencia y no se entera de nada.

La situación se pondrá tensa cuando Bernard Orlick (Stanley Tucci), genio de la tecnología y antiguo colega de la pareja, contacte, o más bien secuestre a punta de pistola, a Mason para que lo ayude en una nueva misión. El asunto es que existe una misteriosa caja que guarda muchísimos secretos de Citadel y sus enemigos ansían encontrarla para borrar lo que quedado de esa entidad.




Ante tal amenaza, ambos protagonistas deberán reconectar con sus alter egos con tal de salvar al mundo del plan que tiene armada la villana Dahlia Archer (Lesley Manville), representante de Manticore que actúa como embajadora del Reino Unido en territorio norteamericano.

A pesar del enorme presupuesto destinado a su producción, es casi inevitable ver a Citadel como el resultado de algo que se quedó a medio cocinar. Todo luce bien, pero no lo suficiente como para que creamos estar viendo uno de esos blockbuster champagne que te hacen arañar los brazos del sillón con su vértigo y excelente cinematografía.




En primer lugar, el gran fuerte de la oferta que nos intenta vender Prime Video, o sea, los momentos de acción, carecen de la contundencia que uno esperaría. La planificación y puesta en escena de los segmentos de trifulcas y explosiones no está nada mal, sinceramente, pero su cinematografía no tiene el refinamiento suficiente para reflejar los objetivos de este relato, que busca convertirse en una suerte de “nave nodriza” del cual se desprendan luego spin-offs, precuelas y otros materiales semejantes.

En otra época hubiera sido lógico que Citadel pareciera poco producida, pues hasta hace unos años la televisión era algo así como la hermana “pobre” del cine. Pero en la actualidad, cuando ambos formatos compiten en términos de realización y financiación, ya no hay espacio para las excusas, y por ello es justo decir que los primeros tres episodios emitidos se quedan, por diferentes razones, bastante lejos de producciones antológicas como Mission: Impossible, (Jason) Bourne, Alias, 24 o la comedia animada Archer, sin dudas una joya que más personas deberían ver.




Si la factura visual deja huecos, el argumento parece un queso emmental. Simple hasta casi rozar la burla a nuestra inteligencia, esta creación de David Weil, que contó con la producción ejecutiva de los hermanos Anthony y Joe Russo (Captain America: Civil War y Avengers: Endgame), es difícil de defender por cualquiera con un mínimo de buen gusto y experiencia viendo buenos contenidos.

El guion es pobre, para ser benévolos, y para colmo, los diálogos parecen espagueti sin salsa. Aquí falta chispa, carisma y misterio, no tanto desde los intérpretes, pero sí desde el storytelling.




Chopra Jonas y Madden tienen una buena química en pantalla y dan lo mejor que tienen a la hora de liarse a pescozones con los villanos, mientras dan vuelo a líneas de humor inocentón que se agradecen. Sin embargo, ni siquiera eso salva a esta narración repleta de lugares comunes, montados uno encima del otro con poco arte.

Se nota el interés de los creativos por mostrar una historia y un mundo que se expanda más allá de estos seis capítulos. La intención es ofrecernos personajes y conflictos que puedan ser explotados en nuevos títulos, pero cuesta creer que eso les vaya a dar resultado.




Claro que toda la culpa de este pequeño desastre que es Citadel no recae en Weil o los Russos. La verdad es que antes de salir al aire, el show, originalmente pensado como un bloque de ocho episodios de una hora y convertido en otro de seis que rayan los 40 minutos, se vio lastrado por un cambio de showrunner y las costosas re-filmaciones.

Al final, lo que nos ha llegado es un producto con muchísimo potencial, pero con menos elaboraciones que un desayuno del Servicio Militar. Ya veremos si de aquí al cierre de la presente tanda de episodios las cifras de audiencia sustentan no solo la continuidad de este proyecto, sino también de sus potenciales secuelas. Sea como sea, lo cierto es que (muy) en el fondo, me encantaría que Citadel remonte este inicio errático y logre seguir adelante como ese show divertido y mucho mejor armado que merecemos.


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Sandy Mederos

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