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“Cloud Atlas”: estar en las nubes

4 min


Mierda. ¿Qué cosa es Cloud Atlas (2012)?

La sinopsis más o menos oficial la describe así:

Una exploración de cómo las acciones individuales impactan en las vidas pasadas, presentes y futuras; cómo una sola alma se convierte de asesino en héroe

Esto, quede claro, es una infamia.

Lo que yo sé, lo que entendí, es que Cloud Atlas apenas se explica a partir de su excentricismo: es una película de las hermanas Wachowski, que en este film comparten créditos con otro alemán loco, Tom Tykwer (lo recordarán por El perfume [2006], adaptación cinematográfica del libro de Patrick Süskind).

Cloud Atlas, creo yo, es una peliculilla que va de mirar estrellas.




Aclaro: no me gustó ni me interesó jamás este film como ejercicio creativo. No me interesó la primera vez que la vi, tampoco hace unos días, cuando decidí que escribiría sobre esta película. Quienes me hayan leído antes, saben que no le paso ni una a la ciencia ficción. Sucede que en ocasiones me lanzo a escribir sobre filmes que no me importan, pero tienen algo interesante para destacar. En este caso, sentí una pulsión, digamos un corrientazo filosófico en el segundo visionado de esta obra a seis manos. Pensé en las posibilidades adaptativas de lo humano, en la metempsicosis y la palingenesia. Esas cosas…

En Cloud Atlas hay un total irrespeto por los tiempos narrativos, más allá de los cronológicos. Si vemos la película como unidad, la historia se desarticula en niveles de interpretación, estratos espacio-temporales. Esto, por una parte; lo otro es la división por historias (seis en total), todas con tramas diferentes y épocas distintas, aunque enlazadas entre sí por las vidas de los personajes, que fluyen y varían de tiempo en tiempo.

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No es desacertado decir que Cloud Atlas es una película arquitectónica, una estructura erigida sobre años y siglos; antes y mientras y luego de lo humano conocido, una narración que llega al fin de la humanidad y se rehace con ella, sobre sus restos. La estructura capitular de la cinta permite, apenas, estar consciente de esas delimitaciones temporales, y de algunas transiciones que funcionan como eslabones entre las historias, como notificaciones de las trascendencias mutuas.

Cada personaje se desliza por una línea de tiempo. Esto exigió a los actores interpretar al mismo sujeto histórico narrado a través de la vida de diferentes caracteres. Una transubstanciación, si se quiere, pero en cada personaje el contexto exige ciertas actitudes, lo que produce una regeneración, especie de palingenesia de la misma materia. Lo común en ellos son sus vidas pasadas y compartidas, las relaciones en que orbitan en cada historia es una respuesta al pasado o una indicación al futuro. Los actores con papeles protagónicos (Tom Hanks, Halle Berry, Jim Sturges, Ben Wishaw…) interpretan hasta seis personajes.

La película se divide en seis capítulos: El diario del Pacífico de Adam Ewing, Cartas desde Zedelghem, Semivida: el primer misterio de Luisa Rey, El horrible calvario de Timothy Cavendish, Una oración de Sonmi-451 y El cruce de Slusha, y todo lo que vino después. Estas historias cubren un periodo de seis siglos (desde 1849 hasta el 2321).




El montaje de la cinta, unido a la desarticulación espacio-temporal propia de la narración, complica la comprensión de Cloud Atlas. Su estética dispar tampoco ayuda. No hablamos de escenografía —ni siquiera de estilos radicalmente distintos—, sino de la propia naturaleza de esta película que se filmó en tres partes, bajo la óptica individual de sus creadores. Cada uno formó un equipo de trabajo y fueron a las locaciones correspondientes para filmar con independencia y libertad creativa. Luego ensartaron lo filmado en un tiempo lineal, cronológico pero ahistórico, y encontraron en los personajes la fórmula para unir un relato que nació desarticulado. Son 170 minutos agónicos de una cinta que despista al espectador ya no por compleja, sino por cansona. De la ficción histórica a la modernidad, de la modernidad al futurismo, y de vuelta; del mundo creado al mundo postapocalíptico. Una y otra vez…

En la película hay indígenas, esclavos, caníbales, clones humanos; un abogado, un doctor, empresarios, un músico ególatra y un músico gay, un físico nuclear, una periodista, un escritor asesino y el editor del escritor asesino, una repartidora de comida rápida, una prostituta; Islas Chatham, Cambridge, San Francisco, Reino Unido, la ciudad ficticia Neo Seúl, Hawái… Cloud Atlas.

Echen todo esto junto. Enciendan la licuadora…

Un post-it:

1- Tom Hanks está supremo en casi todos los roles. Es una delicia su interpretación del Dr. Goose.

2- La ciudad de Neo Seúl es puro futurismo, una ventana, quizá, abierta hacia lo que vendrá. Una ciudad holográfica, multiforme, que se construye y deshace, suspendida entre las nubes porque el mar se cobró todo lo que fue tierra en la antigua Seúl; avenidas y edificios flotan en un nuevo espacio de circulación. La utopía desgastante de toda película sci-fi interesante. Mierda ¿Cuándo se van a conformar con este mundo?

3- Hologramas, hologramas, hologramas que giran.

4- Clonación de mujeres jóvenes para que sirvan de esclavas artificiales en las grandes corporaciones de comida rápida. Trabajan-duermen-trabajan. Tienen una cinta metálica en el cuello con una daga automática que las degüella en cualquier instante. Y al final de su vida útil los matan y los convierten en alimento de otros clones. Esto: metáfora sutil del infierno de la pobre clase trabajadora.

Llegamos hasta este punto, así que avanzaré el final: luego de luchar contra todo, todo, todo, los últimos humanos civilizados abandonan la Tierra para comenzar una vida nueva en otros planetas, para comenzar una nueva civilización…

Y al acabar el film uno se queda pensando: mierda. A estas alturas, ¿qué cosa es Cloud Atlas…?


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