Copa América, día 13: Posible masacre Brasil-Argentina; ¡ah! Colombia cayó en penales

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El Kun dispura un balón con Faríñez en el Argentina-Venezuela. Foto: Eugenio Savio/ AP.

Y de pronto, Argentina juega de maravilla. Presión alta, buenos pases, los delanteros se desmarcan, olor a gol en el ambiente. Son los mejores minutos de la albiceleste en esta Copa América. Cortes precisos de los defensas, un medio campo inmenso, están para un gran partido. Llega el gol. Un error en la zaga venezolana le permite al Kun Agüero controlar. El disparo es malo. Quizás es un centro shoot. Lautaro, al parecer el hombre gol de esta generación, cambia la trayectoria del esférico con un taconazo. Bello, preciso, quirúrgico. El balón se escurre entre las piernas de Faríñez y pasa la línea de gol. Este parece ser el inicio de un gran partido para Argentina.

Avanza el reloj y la albiceleste se diluye. Cede el control, renuncia a la tenencia. Venezuela adquiere protagonismo, pero no genera peligro. Argentina ha mutado. Si primero se mostró agresiva como una bestia herida, justo como ante Francia cuando caían 4-2 en la Copa del Mundo, ahora se asemejan más a la de Alejandro Sabella. Agazapada atrás, hermética en defensa, en espera de un error rival, una fisura por donde colarse con el talento de sus delanteros. El problema es que el 10, la estrella, no está muy acertado. Messi lo intenta una y otra vez, pero pierde balones. Casi siempre tiene tres hombres a su alrededor. Puede con uno, no con dos. Y si de puro milagro logra escurrirse, todos le van arriba. Y por primera vez en el torneo, sus compañeros parecen entenderlo: “olvídense de Messi, juguemos nosotros, si él nos ayuda, genial; si no, hagamos nosotros lo que tanto le pedimos”.

Scaloni presenta un equipo partido, donde el medio campo solo cumple una función recuperadora (impecable) y el resto es tarea de los delanteros. Atrás, cuando la zaga no logra evitar un centro, Armani las caza todas. Si con este sistema Sabella llegó a una final de la Copa del Mundo, ¿por qué no darle un chance? La tranquilidad llega con otro error defensivo. De Paul, quizás el mejor jugador del partido, roba una vez más en cancha rival y logra entregársela a Agüero. El Kun tiene espacio. Pero tampoco es el día del Kun, lo ha intentado varias veces, pero sus disparos siempre van a manos del guardameta. La diferencia esta vez es que Faríñez no ataja el disparo. Da un rebote de colegiales y Lo Celso aprovecha para subir el segundo al luminoso. No queda mucho por decir, aunque queden quince minutos. Argentina se cierra aún más. No hay espacio para errores, solo para el silbatazo final. Habrá Clásico sudamericano en semifinales.

Unas horas después, inicia el partido con más expectativas de cuartos de final. Colombia, el favorito; Chile, la campeona defensora. Pero desde un inicio, Queiroz se hizo el harakiri: Duván Zapata al banco. No hay forma de entender cómo el delantero estrella de una selección no juega. Pero cosas peores se han visto, como Fernando Redondo fuera de la convocatoria de Passarella por no cortarse el pelo.

No han pasado veinte minutos, y el VAR le anula un gol a Chile. Offside milimétrico de Alexis Sánchez. Parece un chiste. Incluso con la repetición y la línea trazada, uno duda.

La bicampeona apuesta por lo mismo: balonazos largos, o salidas a través de Arturo Vidal y que resuelvan los delanteros. Colombia intenta controlar el juego y sacar provecho de las jugadas a balón parado. Después del gol anulado, el juego entra en un sopor. Hay ocasiones aisladas, peces que saltan en la noche sobre un mar inmutable. Así llega un nuevo gol de Chile. Celebraciones, gritos, y desde el VAR llaman a Pitana. Hay mano, involuntaria, pero mano. Otro gol que no sube.

El final se acerca y los penales parecen un pacto. Queiroz, que a falta de quince minutos dio entrada a Duván Zapata, planea un nuevo suicidio, pero nadie lo imagina. La tanda transcurre impecable. Los chilenos cobran duro y arriba. Los colombianos, con un poco más de nervios, también hacen su trabajo. Queiroz hace su jugada maestra. El último penal lo cobrará Tesillo, con gran desgaste durante todo el juego. A Zapata le toca mirar cómo su técnico no confía en él. Tesillo falla, ni siquiera la envía entre los tres palos. Zapata hace una mueca. Es el turno de Alexis Sánchez. Ospina es la última esperanza de Colombia.

Chile espera rival en semifinales. De seguro será Uruguay.


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