Darién Pérez: “No deseo que le pase a nadie lo que me sucedió a mí”

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Darién Pérez. Foto: cortesía del entrevistado.

En octavo grado, Darién Pérez dejó de jugar pelota durante tres o cuatro años. Después de esa decisión, comenzó a trabajar haciendo bloques y luego refrescos, labor que alternaba con los entrenamientos, pues el profesor Silvio Orta lo convenció de regresar. Participó en un Campeonato Nacional juvenil y luego en la Serie Nacional Sub 23 con Artemisa, pero no lo incluyeron en el equipo de esa provincia para el principal torneo beisbolero en Cuba.

En un tope de confrontación entre Huracanes y Cazadores, Javier Gálvez, entrenador de pitcheo del elenco mayabequense, le dijo que se presentara a los entrenamientos del conjunto. En definitiva, Darién tuvo una buena pretemporada y conformó el plantel de los Huracanes bajo la égida del desaparecido Romelio Martínez. Sus números en su única campaña fueron buenos, toda vez que ganó tres juegos, perdió dos y trabajó para 2.85

Le debe mucho a Javier Gálvez. Se nota en cada frase de agradecimiento al otrora lanzador habanero. Recuerda que no estaba como abridor y al dormir en la habitación que estaba al lado de la de Javier, este le preguntó que si al día siguiente le abría a Sancti Spíritus, ¿cuántos innings duraría? Pérez respondió que cinco entradas y eso le agradó al entrenador. En un juego televisado, caminó 5.2 capítulos y consiguió su primer triunfo al máximo nivel.

Por ironías de la vida, en este caso del béisbol, otra de sus victorias la obtuvo sobre Artemisa, el equipo con el que debía estar jugando. Trabajó durante siete entradas y no aceptó carreras limpias. Sin pensarlo mucho, afirma que le debe todo a Mayabeque, por permitirle estar al más alto nivel de la pelota en la Isla.

El día en que anunciaron los refuerzos para la siguiente fase de la Serie Nacional 55, el artemiseño estaba viendo la televisión. Sus amigos del barrio le decían que Industriales lo pediría. Darién le daba poco crédito a eso. De pronto, saltó de alegría cuando escuchó que Javier Méndez, manager de los Azules, lo solicitó.

Sin embargo, el 11 de diciembre de 2015, el mismo día que debía incorporarse a los entrenamientos con Industriales, Darién salió del país. Una persona se le acercó y le comentó sobre la posibilidad de viajar hacia República Dominicana y desde allí iniciar el camino hacia las Grandes Ligas. Accedió por dos razones principales: superación profesional y ayudar económicamente a su familia.

El 11 de diciembre viajó hasta Guyana, donde permaneció cerca de una semana. Luego voló rumbo a Haití y el propio día de su llegada cruzó la frontera de noche hacia territorio quisqueyano. El proceso de atravesar la frontera, explica a Cubalite, es muy peligroso y eso lo comprobó en el momento que enfrentó varias dificultades que nunca le dijeron que existían.

Una vez que entró al país, se quedó en una casa hasta el día siguiente que transitó hacia la capital, Santo Domingo, donde le esperaba la persona que contactó con él en Cuba. En pocos días le consiguieron hospedaje y entrenador. No obstante, pasado el tiempo, se percató de que algunas cuestiones que le prometieron no se estaban cumpliendo. De ahí que el pitcher de 22 años, junto a su entrenador, se fueron a escondidas en busca de otro inversionista. Lo encontraron.

Rememora que en aquella época tuvo que hacer labores hogareñas él solo. No fueron pocas las veces que entrenó sin desayunar o cenar. Pero la voluntad de cumplir los objetivos por los que salió de Cuba lo impulsaba a luchar contra esos hándicaps. Explica que el inversionista tiene varios entrenadores en un programa donde hay talentos dominicanos y cubanos, fundamentalmente, pero a los cubanos, según Darién, en ocasiones les tienen envidia, lo que complejiza el trabajo y la estancia.

Dice que vivió en muchos lugares de República Dominicana, como también pasó por la mano de varios entrenadores. Diez o doce en casi tres años. Casi siempre se levantaba a las cinco de la mañana e iba a hacer ejercicios para la playa. Después se dirigía, alrededor de las siete, al terreno a entrenar. En la tarde frecuentaba el gimnasio o volvía a hacer preparación física a la playa. Considera que allí, a pesar de entrenar mucho, todo se realiza “a lo loco, sin un plan”. Llegó un momento que de tanto gimnasio se puso muy fuerte y eso le provocó algunos malestares.

Cuenta que el inversionista se encargaba de todos los gastos necesarios. Sin embargo, al no trabajar y dedicarse exclusivamente a entrenar, dependía casi todo el tiempo de esta persona, quien a veces le daba dinero y en otras el jugador se lo pedía. Existieron ocasiones en que el hombre no soltaba nada de dinero. “Yo ayudaba a mi mamá en lo que podía, porque no podía quedarme sin nada allá”, afirma, y luego reconoce que más de una vez no tuvo ni un medio en el bolsillo.

Se vive con mucha presión en Dominicana, asegura, porque las exigencias en los entrenamientos son constantes. Le reclamaron aumentar la velocidad y ganar en control, siempre escudados en que pronto sería presentado en un showcase. Se fue de Cuba lanzando 91 mph y allá llegó hasta las 96 mph, pero dice que jamás le dijeron que su velocidad andaba por ese número.

Le pregunto cómo es posible eso y responde que le escondían la información. “Me decían que estaba tirando menos para que me esforzara más. 93 mph era supuestamente hasta donde estaba llegando”. Tampoco le informaron las organizaciones interesadas en él. La bola se la mantuvieron escondida casi todo el tiempo porque “uno es un negocio para ellos. Eres como un cochino al que le van poniendo dinero, lo van engordando, y luego tratan de venderlo al mayor precio posible”.

Al cabo del tiempo se enteró de informaciones muy importantes —mediante compañeros suyos—, como que su velocidad tocaba las 96 mph o que los Marlins de Miami o los Dodgers de Los Ángeles en determinado momento se interesaron en sus prestaciones. Los Marlins estuvieron dispuestos a dar 200 000 dólares por él porque tenía problemas con la curva, pero no pudo firmar al no tener la agencia libre, que le llegó en diciembre de 2016.

Los últimos meses de Darién Pérez en República Dominicana pasaron por el desencanto y la desesperanza, tras enterarse de una serie de realidades que hasta esos momentos le eran desconocidas. Iba a entrenar, pero ya sin los mismos deseos. Dice que perdió la mecánica de sus lanzamientos, consecuencia de tener tantos entrenadores. Su velocidad no aumentaba, y aunque su brazo no le dolía, fueron varias las personas que le dijeron que presentaba alguna dificultad en su diestra.

Un día le dijo a su familia que para pasar trabajo, mejor en Cuba, con su gente. Le tocó el temor de que su inversionista le dejara en calle, sin nada y sin nadie que lo ayudara. Asegura que hay muchos peloteros cubanos que viven en condiciones tristes, incluso sin una cama para dormir. Gracias a Dios, expresa, él nunca estuvo en ese límite.

El 5 de diciembre de 2018, 14 días antes del anuncio del acuerdo entre la MLB y la Federación Cubana de béisbol, retornó a Cuba. Llegó con la expectativa de reincorporarse a la Serie Nacional con Mayabeque, el equipo que lo adoptó cuando en Artemisa no lo quisieron. Hasta esa provincia viajó para expresar su intención, pero la lejanía que tendría que soportar de su madre, después de tres años de separación total, le hizo entrar en razón y optar por buscarse un puesto con los Cazadores.

Al poco tiempo de estar en la Isla, se trasladó hasta el Cerro Pelado y le detectaron una bursitis y un desgarre en el hombro, lesiones que provocaron su pérdida de velocidad. Comenzó un tratamiento de células madres, reposo y carreras. El médico le aseguró que esas afecciones las causaron sobrecargas de entrenamientos. El artemiseño cumplió programas de un mes lanzando con pelotas de ocho onzas, sin tocar la bola habitual.

“No tomaría esa decisión de nuevo. No confío, ya sé lo que hay allá, no deseo que le pase a nadie lo que me sucedió a mí, y no pasé mucho trabajo. Hay quienes vivieron peores cosas que yo. No pienso en volver a salir del país hacia República Dominicana”, son las palabras concluyentes del derecho de Artemisa cuando le pregunto por una supuesta segunda oportunidad de ser profesional en un país donde hoy, sin exagerar, hay más de 400 peloteros cubanos buscando el mismo sueño que Darién comenzó a perseguir el 11 de diciembre de 2015 y del que terminó desistiendo.

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