Deporte cubano: ¿Demasiada disciplina?

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Melisa Vargas. Foto: @voleyvideo/ Instagram.

Hace algún tiempo, sin que algún titular de la prensa nacional cuestionara las causas, o al menos se hiciera eco de la noticia, corrió de boca en boca el rumor de que Melisa Vargas, la imberbe pero talentosa voleibolista cienfueguera, había abandonado el país para probar su calidad fuera de Cuba, algo que ya había hecho en un club de la República Checa, pero bajo las celosas restricciones de la federación nacional.

La joven declinó luego guiar a la nueva hornada llamada a retomar la senda del éxito perdida por la escuadra femenina desde hace una década. Sin embargo, la marcha de Melisa es algo que se veía venir. A nadie sorprendió la decisión de la adolescente, una fuera de serie que seguramente “sufrió” el acoso de cuanto club de nivel existe en este planeta.

Tras su periplo checo, elenco al cual defendió junto a su coterránea Sulian Matienzo, una serie de lesiones se empeñaron en torcer su camino. Ya lo había adelantado la estelar Yumilka Ruiz al referirse a la bisoña: “Melisa es un desafío para técnicos y médicos deportivos en la perspectiva de preservar su talento ante la sobrecargada exigencia actual”. Luego, un cúmulo importante de desavenencias entre la familia de la joven y la Federación con respecto a su recuperación tras la cirugía a la cual fue sometida, provocó que todo el embrollo derivara en una excesiva sanción de cuatro años sin participar en torneos internacionales.

Así, consumida por el secretismo típico de estos casos, una de las mayores promesas del deporte cubano, y quien está llamada por muchos entendidos de la materia a ser de las mejores jugadoras del mundo a mediano plazo, vio tronchada su progresión por, aparentemente, un error de comunicación.

Una sarta de preguntas asalta a la desinformada afición cubana. ¿Acaso es razonable que una atleta de solo 18 abriles se mantenga alejada de la competencia por cuatro años? ¿Es sancionar la solución más fácil en el deporte cubano? ¿Alguien ha buscado alternativas para intentar atar a las selecciones nacionales a las grandes promesas de la Isla?

Evidentemente, estamos en presencia de un sistema demasiado purificador, lo cual, en apariencia, no debe ser un problema, sino más bien un acierto. Para conseguir resultados positivos en la arena internacional, la primera cuestión a potenciar es la disciplina. Sin embargo, como reza el dicharacho popular, todos los excesos son malos.

Además de Melisa, existen otros casos similares que dan fe de la poca comprensión que reciben los jóvenes deportistas en la amplia mayoría de los casos. Quizá el más sonado ejemplo sea el del futbolista Yordan Santa Cruz, autor de uno de los goles más celebrados en la historia del balompié cubano, aquel disparo espectacular desde fuera del área en los Centroamericanos de Veracruz, precisamente ante los locales mexicanos.

Después de aquella gesta, el prometedor mediocampista de la Perla del Sur fue igualmente separado del deporte, en este caso por un período de dos años y, para variar, sin dar explicaciones concretas sobre el porqué de su sanción. Fue entonces que entró la intranquilidad en el cuerpo de los amantes al fútbol en Cuba, a sabiendas de que semejante período de inactividad podría provocar que el joven buscara fortuna en otros lares. Sin embargo, cual rara avis, el cienfueguero aguardó con paciencia y regresó a los terrenos cubanos recientemente, destilando magia en cada toque al balón con una calidad atípica de jugadores cubanos.

Y así podríamos citar una pléyade de noveles figuras que, tras recibir la capacitación en escuelas de iniciación cubanas, han derrochado su talento en defensa de otras banderas. Muchos de ellos son la muestra de que, en varios casos, el país realiza esfuerzos económicos fútiles en pos de forjar talentos que luego no tiene capacidad para “amarrar”.

No estaría de más estimular a figuras que, en pocos años, pueden ser la vanguardia del deporte cubano y, en este caso, sería necesario que los trillados problemas económicos no se convirtiesen en un escudo. A veces un joven deportista siente que la soga se ata a su cuello con demasiada fuerza y eso, a edades tempranas, resulta un error del tamaño de un pino. Ese, quizá, sea el clásico quid a solucionar.


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