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El suplicio y la desgracia de una Morena del Caribe defendiendo a Italia en Beijing 2008

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Años después de abandonar una delegación cubana, Taimarys Agüero defendió a la selección nacional italiana. Foto: Wikimedia Commons.

La historia de Taimarys Agüero comenzó hace más de 25 años. En esa historia, como en todas, hay momentos muy conocidos, otros no tanto, y algunos que solo quedan dentro de un círculo familiar o amistoso. El deporte colocó a Taimarys en el pináculo, literalmente. Su vida siempre estuvo, está y estará enlazada al voleibol, por más que ella lo niegue algún día, aunque no creo que lo haga.

Fue uno de los rostros de las Espectaculares Morenas del Caribe que, en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y Sydney 2000, regresaron a Cuba con la medalla de oro. En otros certámenes internacionales de primer nivel, su enorme talento y el de sus compañeras machacaron a cuanta rival se les cruzó net por medio. De las gestas de las Morenas del Caribe se ha escrito mucho, pero los artículos no abundan cuando se buscan las historias de varias de ellas, una vez decidieron emigrar.




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A finales de junio de 2001, la espirituana era una de las mejores voleibolistas del mundo. Incluso, desde mucho antes. En esa fecha, el elenco femenino cubano participaba en el Montreux Volley Masters, en Suiza. En su cabeza existía un plan de fuga y, como buena estratega, lo ejecutó. Dejó el hotel donde se hospedaba. Afuera la esperaban sus amigas Chiara Tutalini y Anna Maria Castellani en un auto.

La antillana contó en una entrevista, en junio pasado, que marcharon por carretera hacia Francia, evitando las rutas más controladas y el fabuloso túnel de Mont Blanc en los Alpes, que empata Francia con Italia, casi siempre con presencia policial. Llovía a cántaros y eso provocó que no hubiese tantas personas en la calle. En todo el viaje nunca las detuvieron.




Cuba ganó el torneo, pero en la Isla se hablaba más de la fuga de una de sus mejores jugadoras que de la victoria en sí. La última parada de su estampida fue Italia, donde solicitó asilo político. Allí tenía muy buenas amistades de su época como integrante del club Pallavolo Sirio Perugia, con el que militó del 1998 al 2000, autorizada por la federación antillana de su deporte.

Esa entidad le dio trabajo en el propio 2001, cuando autoridades deportivas cubanas se opusieron a que continuara su carrera en el país europeo, mientras el ente rector del voleibol mundial se ponía de su lado.




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En los últimos meses del 2006, Agüero había conseguido nacionalizarse italiana, gracias a su matrimonio con Alessio Bottegui, fisioterapeuta de su equipo y de la selección nacional femenina de Turquía. Meses después, en 2007, la FIVB le ofreció el aval para representar a Italia en competiciones internacionales.

Uno de los primeros torneos con la azzurra de la natural de Mayajigua, en el municipio de Yaguajay, fue la Copa Mundial efectuada en Japón, en noviembre del 2007. No paró hasta terminar campeona, con un desempeño extremadamente productivo. Todo hubiera sido perfecto para ella en territorio nipón de no haber tenido que pasar por la amarga experiencia de enfrentarse a Cuba. Esa fue la primera ocasión contra su antiguo equipo.




A falta de una jornada para finalizar la justa, el jueves 15 de noviembre las europeas derrotaron a las insulares en sets corridos: 27-25, 25-19 y 25-16. Taimarys, en el primer parcial, tuvo un rendimiento inferior al mostrado durante toda la competición, sin embargo, al término del choque, algo quedó muy claro: ella provocó mucho daño a sus oponentes y con 12 puntos lideró la ofensiva en el partido.

”He tenido una extraña sensación pero, como he dicho otras veces, ahora mi vida está en Italia, en el país de mi marido y de su familia”, se limitó a contestarle a la agencia AFP.




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Si bien en 2006 celebró algo tan importante para cualquier emigrante, como es la obtención de la nacionalidad, antes de la llegada de ese documento, en el propio año, le tocó sufrir la muerte de su padre desde la distancia. Según le explicó a Cubalite una atleta que coincidió con ella en competiciones en el extranjero, la espirituana trató de viajar a Cuba, no obstante, le fue negada la entrada al país. Habían transcurrido cinco años desde su abandono y todavía era vista como traidora.

Con los pesos del dolor y de la resignación a cuestas, fue contando los meses hasta llegar a agosto del 2008, cuando todo estaba listo para su debut con Italia en los Juegos Olímpicos de Beijing, donde debía ser una de las puntales del plantel.




Allí, en la capital china, mientras se preparaba para el primer compromiso ante Rusia, recibió una noticia desconcertante: en la Isla, su madre, Dulce, se encontraba gravemente enferma. Taimarys no la veía desde 2001.

De acuerdo a lo publicado por varias agencias de prensa hace 13 años, la voleibolista, que decidió dejar los Juegos e intentar reunirse con su madre en Sancti Spíritus, abordó un avión en la noche del miércoles 6 de agosto rumbo a Fráncfort, Alemania. En el consulado cubano en Bonn solicitó el visado para ingresar a la Isla pero, en otra jugada macabra, recibió nuevamente un “no” como respuesta.

“Fuentes de la delegación italiana explicaron ayer que, tras dos días de negociaciones, las autoridades cubanas negaron el visado de entrada a la jugadora”, informó EFE el 9 de agosto, jornada en que las de La Nazionale consiguieron su primera victoria, ante las rusas, campeonas mundiales.




Repleta de frustración y tristeza, regresó de Alemania a Beijing para unirse a sus compañeras. A pocas horas de su retorno, y cuando parecía que nada más podía hacer para estar a la vera de su progenitora, sorpresivamente le dieron el permiso que en Bonn le fue negado.

Relató AFP que cuando se disponía a tomar un avión para otro viaje transcontinental, esta vez con destino a Cuba, conoció que Dulce había muerto. Tenía 61 años.

“No la vi en ocho años, pero ella sabí­a que estaba con ella, que hice lo posible por estar allí. Este será siempre mi espacio vací­o. Nadie tiene culpa de esto, las cosas pasan y hay que tomarlas como vienen. Por dentro, estoy muy triste. Por fuera, quiero competir y ganar”, fueron sus palabras a la agencia AP.




Y eso hizo: competir. Decidió no subirse a ese avión para despedir a su madre, pensando, quizás, que el dolor sería muy grande al verla en su lecho eterno. Taimarys, quizás, prefirió quedarse con los últimos recuerdos de ella en vida, allá por 2001.

Se incorporó a la selección italiana en el segundo partido frente a Kazajistán y se mantuvo hasta el último, cuando las bambinas perdieron en cinco sets ante Estados Unidos, en cuartos de final. Italia finalizó en la quinta posición y la yayabera totalizó 61 puntos en cinco juegos.

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Después de la cita estival en Beijing, Agüero permaneció en la selección italiana por poco tiempo. Desde 1998 hasta hace pocos meses se mantuvo como jugadora en clubes de su país de residencia, aunque militó par de temporadas en el conjunto turco Türk Telekom Ankara (2007-2009).

A finales de junio pasado fue promovida al Salón de la Fama del Voleibol Internacional. Este año debutará como manager, en el club profesional Exacer Montale, perteneciente al circuito A2.


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