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¿Qué fue de…? Evel Bastida y la riña tumultuaria que definió su carrera en el béisbol profesional

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Evel Bastida. Foto tomada de Beckett.

El capitalino Evel Bastida Martínez era uno de los infielders más prometedores del béisbol cubano a finales de los noventa. Dan fe de ello los números que dejó en sus únicas cuatro temporadas en la Serie Nacional: average ofensivo de .306 (326 hits en 1067 veces al bate), 163 anotadas, 106 empujadas. En la 97-98 llegó incluso a subirse al box en rol de relevista: no sacó outs, le conectaron tres indiscutibles y permitió una carrera. Es válido aclarar que en su última campaña (1999-2000) no le fue muy bien, pero ya para ese entonces era seguido por varios scouts de organizaciones de MLB.

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En el draft de 2002 fue elegido por los Mariners de Seattle en la séptima ronda (el número 220 en ser seleccionado) y, luego, sería enviado a las Menores. Llevaba casi dos años sin jugar béisbol al máximo nivel, aunque antes, en 2001, había participado en el torneo independiente Western League con los Sonoma County Crushers, de California. Allí su rendimiento no fue el que podría esperarse: 37 hits (7 dobles, un triple y un cuadrangular) en 150 turnos. Pese a ello, los Mariners confiaron en la calidad que había mostrado el antillano en su país natal y decidieron apostar por él.

En su primera temporada con la organización de MLB estuvo con los Timber Rattlers de Wisconsin (A) y en 11 partidos compiló el mejor average del equipo (.350), además de un buen OBP de .435, dos tubeyes, un triple y tres remolcadas. Debido a su llegada por todo lo alto, al año siguiente (2002) fue promovido a los Inland Empire 66ers (A avanzada), donde dejó una línea ofensiva aceptable: .274/ .330/ 389, pero sería conocido por medios de prensa a nivel nacional por un lamentable suceso:

El 18 de agosto de 2003, en un partido que se fue a extrainnings contra los Jethawks, protagonizó una riña que le costó, probablemente, el resto de su carrera en el béisbol profesional estadounidense. En la entrada 15, el lanzador rival, Josh Kranawetter le propinó un pelotazo a Bastida, y este, con el bate en la mano, se dirigió enfadado hacia el montículo y cuando tuvo delante al pitcher hizo dos swings completos y lo golpeó en la parte baja de la espalda. Se armó una riña tumultuaria y fueron expulsados dieciséis jugadores y dos coaches. El incidente llegó a los titulares de varios medios de comunicación en Estados Unidos. La medida contra Evel: suspensión indefinida y 200 horas de trabajo comunitario. Llegó, incluso, a ser detenido y acusado de agresión con arma mortal.

Kranawetter se recuperó y el cubano fue enviado a Miami para que un sicólogo lo atendiera, pero a los siete meses regresó y ascendió a AA con San Antonio Missions y después fue enviado a la organización de los Orioles, donde no pasó de A+. En su último año, 2004, con cuatro equipos (dos pertenecientes a la entidad de Seattle y otros dos bajo el amparo de los Orioles), finalizó con línea de .217/ .305/ .278 y fue liberado por la gerencia de Baltimore el 8 de abril de 2005.

No regresó a los diamantes del béisbol profesional estadounidense, ni participó en otras ligas caribeñas. Aquella trifulca definió, quizás, su destino.


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