Falso 9: Caudillo

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El “falso nueve” es, generalmente, un tipo que fue desnaturalizado porque otro de mayor jerarquía lo necesitó de esa forma. Es esta una columna en la que leerás sobre las desfiguraciones que supone el fútbol. Quizás leas en ella todo lo contrario: nunca se sabe dónde acabará un “falso nueve”.

Gavi fue fundamental en el decisivo partido contra Suecia. Foto tomada de Sport.

Existe una suerte de tufo esnobista al hablar de Gavi, que parte desde la dimensión reconfortante que generan los futbolistas futuribles (matemática comparativa y naturaleza mesiánica mediante) y va hacia los hartazgos que reproducen las etapas de transición: el Barça y la selección española necesitan cierta ilusión artística que los tase y, mientras esta llega, cualquier acto de esperanza pública puede llegar a extenderse de manera excesiva. Desde las salidas de Iniesta y Xavi hasta hoy, solo han aparecido opciones tentativas, vestigios redundantes, interiores sobrevalorados luego de tres videos en YouTube de cuando jugaban en las categorías infantiles. Gavi, en cambio, da muestras de apartarse de esos subconjuntos. Hace unos meses, Pedri dio muestras similares, pero ahora está lesionado y nadie habla de Pedri (la cuota de lesionados mediáticos ya la ocupan Bale, Hazard, Ramos y Dembelé) y lo más probable es que tampoco haga falta mencionarlo demasiado, como tampoco quizás haga falta mencionar demasiado a Gavi, pero así funcionan las tramas de la consolación: siempre aparece un alivio accesible. O nos lo inventamos en el peor de los casos.

Contra Suecia volvió a ser el caudillo. Contrario a la creencia popular, el caudillo será siempre el que aglomera a los rivales alrededor suyo antes que a su séquito. En el fútbol sucede de forma similar: en el esquema táctico de un equipo hay diez relacionistas públicos y un caudillo; lo demás es administración de espacios. El caudillismo, en este caso, es una rutina colectiva para descomprimir las rutinas colectivas adversarias sobre las sospechas de individualismo aislado. Que Gavi funcione como caudillo supone que Suecia deba buscar mecanismos para atenuarlo, pero Gavi dosifica su jerarquía, hace que esta prescriba desde el sitio hacia el que se mueve, luego la retoma y se envicia a ratos con esa superposición preciosista de roles. El tema crucial ahí es que eso lo origina el propio Gavi y no la estratagema de posesión del equipo. El tema crucial ahí es el chico de diecisiete años como moderador de las superioridades. Es eso último lo que garantiza argumentos imitables y adjetivos delirantes: el optimismo multitudinario provoca, a veces, sentidos de pertenencia paroxísticos o, lo que es lo mismo, esnobismos increíblemente terapéuticos.

P.D: Si quieres leer otras columnas publicadas en Falso 9, puedes hacerlo aquí.

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