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Fidel Pérez Michel: 10 días en coma que estremecieron a Cuba, mucho antes de convertirse en “El Puri”

5 min


Fidel Pérez Michel. Foto tomada de CubaCute.

Fidel Pérez Michel, el destacado actor cubano, es un artista en toda su expresión. Aunque usted quizás no pueda creerlo, comenzó por la música y jamás se desligó de ella.

A aquellos nostálgicos que realicen una búsqueda en Internet con su nombre, les aparecerá un video donde Fidel canta Al final; también verán fragmentos de Día y Noche, así como muchas entrevistas que ha concedido, en las que ha ofrecido hasta los más mínimos detalles.

En Sibanicú, Camagüey, vio la luz en 1952, pero dio sus primeros pasos en Santa Cruz del Norte. En su familia no hubo antecedentes artísticos, pero él aprendió a tocar guitarra; además, practicaba deportes. Su primer acercamiento al cine llegó con las películas del oeste que ponían sobre las siete de la tarde. “Yo me identificaba con el Capitán Maravilla, me ponía la toalla tipo capa, hasta me tiré del escaparate”, dijo en El Arañazo.

Año 1961

Lugar: Camagüey

En el periódico local publicaron una convocatoria para formar una orquesta en la escuela de arte. Pérez y su compañero de aula, Joaquín Betancourt, estudiantes de primaria, llenaron la solicitud. Su amigo sí fue, él no, por el apego a la madre. Era hijo único y vivía con esta. La relación con su padre no fue la mejor.

Pasó el tiempo y, luego del servicio militar, no tenía muchas opciones de empleo, solo en la agricultura. Una prima que trabajaba en Radio Cadena Agramonte y conocía de su interés por el arte, le avisó de una convocatoria que estaba abierta. “Yo seguía con mi musiquita y había visto algunos festivales de aficionados en las FAR. Me presenté ante un reconocido actor, Alejandro Lugo, y dije que traía un monólogo sobre algo que había visto en una película en Cine del Hogar”, rememoró en la entrevista antes citada.

Ahí empezarían sus primeros pasos. Formó parte de un grupo dramático para radio, medio que le fascina. “Con el radio dramatizado, no me gustaría hacer televisión. Yo no puedo vivir sin este”. Habla de tonos, efectos, creatividad, interpretación, evoca a maestros como Oscar Luis López y su narra-acción simultánea.

De actor de radio de Camagüey, llega a una emisora en La Habana. En una conversación, ante la pregunta “¿hiciste extra en la televisión?”, el que fuera galán en muchos audiovisuales, respondió: “todos los indios que se perdieron los hice yo”. Para entrar en la pantalla en aquella época se debía hacer extra, aclara. Su primer bocadillo lo tuvo en las aventuras de El Indio Arimao, con Carlos Gilí. “Era una escena en vivo, me herían de muerte y, antes de fallecer, solo decía el nombre del asesino”.

Para 1970 ya estaba en la Escuela de formación de actores del ICRT. Al graduarse comenzaron los éxitos televisivos. Fidel fue, durante una buena etapa, el novio con el que soñaban las muchachas. Aventuras, telenovelas… en todas levantaba pasiones: El Conde de Montecristo (1972), La flecha de oro (1977), Ramona (1978), Rosas a crédito (1980), Horizontes (finales del 70-inicios del 80). Abrió el año 1980 rodando una película en Nicaragua, sobre la revolución de ese país. Todo eran conquistas…

Año 1983

Lugar: Carretera de Playa Baracoa a La Habana

A partir de aquí, su vida cambió. Sufrió un accidente. A causa de este perdió la memoria, pero logró recuperarse y volvió más fuerte que antes.

El actor, desde entonces, cree en premoniciones. Dijo que ese fatídico día, 23 de enero, lo invitaron a una fiesta, en un pueblo cercano a Baracoa, a la cual no quería ir, pues en la tarde debía estar en el teatro Karl Marx para la presentación de un espectáculo. Ante tanta insistencia, fue, pero cuando venía de regreso, camino a La Habana, el jeep en el que iba, bajo un aguacero torrencial, chocó contra un camión que venía de frente. El golpe le provocó amnesia, la parte derecha de su cuerpo sufrió muchas afectaciones. Tuvo conmoción cerebral. Diez días en coma. Se partió la clavícula y se le encajó en un pulmón. Lo atendieron en el Hospital Militar Carlos J. Finlay.

Sobre este tiempo, ha comentado que escuchó voces, vio luces… otorga mucho valor a lo espiritual. Cuba se paralizó, muchos rezaron por su pronta recuperación, aunque el pronóstico no era favorable.

Después del accidente, solo pasó diez días en coma, cinco de recuperación, y luego salió caminando. A los seis meses se fue de gira nacional, y al año había tenido varias operaciones y se enroló en el elenco de la aventura El Jaguar (1984). Ese fue su regreso a las pantallas, en una puesta en escena donde tenía que practicar karate, recibir y dar golpes.

Luego estuvo en otras producciones. Participó en capítulos del serial policiaco Día y Noche, pero sin consecutividad, hasta que le ofrecieron a El Puri, uno de los personajes emblemáticos de Su propia guerra, para muchos la mejor serie en la historia de ese espacio.

Año 1991

Lugar: puente Almendares, La Habana

Periodo especial en Cuba. Se filmaba y llegaba a los hogares cubanos Día y Noche. Hay una escena en la que El Puri mata a Tito, otro maleante. Fidel confesó que en ese entonces ambos estaban medio borrachos. Era la despedida de Jorge Ryan y estaban ensayando y tomando desde las cuatro de la tarde.

Aquel personaje fue un reto. No era como se vio. Él lo modificó y creó su imagen con mucha libertad.  Al inicio no se lo iban a dar, porque su trayectoria estaba llena de roles melosos y lo habían encasillado como galán. “La mayoría de las cosas que decía mi personaje las puse yo. Los asesores fueron receptivos. Dije que quería ser un tipo guapo, delincuente, pero inteligente”, ha comentado.

De todas sus interpretaciones, esta es la que más ha calado en la memoria del público. Sobre ello, ha dicho: “es maravilloso que las personas lo recuerden después de tantos años”. El último capítulo que hizo se llamó El basurero, uno de los mejores, según el propio actor.

En 1993 salió de Cuba. Su madre había fallecido y estaba destruido. Por esa etapa, trabajó como animador y cantante en un restaurante, y una de las bailarinas, con quien tenía montado un show, le propuso irse a México para animar un club nocturno. Estuvo cerca de un año entre Cancún y Mérida.

Más adelante, abrió su propio bar en Cancún, El Melao, donde estuvo cerca de tres años. Cierto día lo visitó el grandísimo actor cubano César Évora, con quien había compartido en Su propia guerra, y le propuso regresar a la televisión. Hizo algunos castings para novelas de Televisa. En Abrázame muy fuerte (2000) encarnó al personaje conocido como “El mano negra”.

Cesar Évora salió hacia México con solo 42 dólares y logró triunfar en el mundo de las telenovelas

Poco tiempo después llegó a Miami. Hace dos años, fue entrevistado por Alberto Pujols, su enemigo en la célebre ficción, pero amigo fuera de las pantallas. A este le comentó sobre su trayectoria artística en esa ciudad norteña en la que ha permanecido durante los últimos veinte años de su vida. Varios castings, algunos papeles pequeños, trabajó en El Happy Hour (programa de América TeVé), tuvo actuaciones recurrentes en la cadena Telemundo: Decisiones y la telenovela El cuerpo del deseo (2005); Venevisión y Univisión fueron otros de los sitios por los que pasó.

En lo adelante no ha tenido participaciones reseñables en producciones. Dice que no se acostumbra al ritmo de las rutinas de la televisión en Miami. En 2019, con 67 años, llevaba un programa, Luces y sombras, junto a su esposa Mimi, el cual había comenzado el año anterior y consistía en una transmisión en vivo desde Facebook, donde recibían llamadas, mensajes e intercambiaban con el público sobre cuestiones espirituales, religiosas, paranormales…

Aunque desde hace más de 20 años no está en su tierra natal, ha expresado: “Cuba está en mi corazón y se va a ir conmigo. Al pueblo cubano le debo todo”.


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