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Historias de miedo (cubanas) para una noche sin mucho que hacer

4 min


Para las noches de aburrimiento grupal, existen varios mecanismos efectivos que pueden valer para matar el tedio y, además, agitar un poco la mente adormecida. Más allá del sexo, que funciona perfectamente como vía de escape a los ratos vacíos, de los juegos de mesa o de otra índole, también es válido tirar de la imaginación si se quiere dar un sentido diferente a la velada.

Las historias de miedo encajan perfectamente si la intención es sacar a la gente de su sopor, aunque unos cuantos pensarían en las pocas ganas de dormir que sobrevienen después de pasarse un buen rato oyendo sobre sucesos escalofriantes. Sea como sea, reunirse alrededor de una luz tenue a contar relatos que nos pongan la piel de gallina y nos dejen con insomnio, es algo que de vez en cuando vale la pena.

Por si su arsenal de creepypastas y otras leyendas urbanas está pobre, o está empezando a volverse predecible, aquí te traemos una serie de “cuentos” misteriosos de nuestro propio país, que darían, al menos, para una dosis apropiada de sustos.

Fantasmas por doquier

Foto tomada de TodoCuba.

Para empezar, hay que hacerlo como Dios manda, y referirnos a los fantasmas. A lo largo de la Isla tenemos ejemplos de sobra, como es el caso de las almas en pena que rondan un sitio de tanta historia como el Teatro Sauto.

Se dice que en la tradicional institución matancera “habitan” todavía varias figuras famosas, a las cuales les da por subirse al escenario de vez en cuando para recordar sus años de gloria. Se comenta también que en las madrugadas puede escucharse ocasionalmente la campana del primer dueño del recinto, quien solía agitar el instrumento para calmar a la audiencia. Por último, es recurrente escuchar que alrededor de la sexta fila de asientos (la de mejor acústica) se pasea el espectro de un chino que contribuyó a levantar el teatro.

Un caso particularmente curioso es el que se refiere al hotel Meliá Cohiba, establecimiento a donde —supuestamente— trabajadores de la empresa panameña Copa Airlines se han negado a volver, alegando que allí existen presencias extrañas que perturban su sueño.

En las montañas orientales de la Sierra Maestra, los oriundos suelen creer en la existencia de soldados fantasmagóricos, que aparecen desde la niebla disparando sus armas y soltando imprecaciones, como si se encontraran en medio de una batalla sin fin.

Dentro de la parte más antigua de La Habana es posible hallar relatos similares, como ese que habla de una monja “aparecida” en la Plaza de la Catedral, o de los ruidos y farfullos de las tropas españolas que antaño estaban destinadas a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña.

Del otro lado de la Isla, en Santiago de Cuba, el Morro es un lugar regularmente asociado a voces sin rostro, alientos gélidos en la nuca y lamentos nocturnos, motivos que con el tiempo le han ganado el estatus de sitio de película de terror.

En la misma Ciudad Héroe, un testimonio dado por la investigadora Deisy Cué,  alega que el espíritu del gran poeta José María Heredia aun camina por su casa natal. Cuentan algunas voces que la doctora ha confirmado la certeza de tal fenómeno, agregando que no solo se trata de Heredia, sino que lleva capa y botas.

Residencias malditas

Existe en Palmarito, localidad cercana a Las Martinas, en la provincia de Pinar del Río, una casa sobre la que se han tejido mil y una historias que erizan la piel. Hace unos años, el portal OnCuba publicó el testimonio de Feliberto Cala, quien residió en esa morada y no guarda muy buenos recuerdos.

El ex inquilino del caserón asegura que sólo pudo vivir ahí por una temporada corta, pues se sentía incómodo, como si no lo quisieran. Entre los relatos que hizo al colega Ronald Suárez Rivas, están el del farol que vio suspendido en el aire, y el de un vestido blanco que observó con un comportamiento semejante. Si, por un lado, muchos aseguran que todo es fruto de casualidades y mala suerte, lo cierto es que hoy esa casa se mantiene cerrada y deteriorándose ante la falta de personas que se atrevan a quedarse en ella.

Similar es otro trabajo del mismo redactor, en donde se habla de un inmueble poseído. Sobre la casa, que está ubicada en la zona de San Cristóbal, Artemisa, se cuentan cosas raras: se oyen ruidos, aparecen luces y los objetos se caen de la pared sin motivo aparente. Hasta ahora, ni su calidad constructiva —es de placa y muy espaciosa—, ni la difícil situación de la vivienda existente en la zona, han logrado convencer a alguien de quedársela.

Pero si un lugar despierta las partes más cobardes de nuestras mentes es Juragúa, ciudad cienfueguera que tiempo atrás se fundó con la idea de albergar nada menos que una central electronuclear. Es cierto que la gente del área ha “canibaleado” ese coloso que nunca fue, pero también hay que decir que su inmensidad y su estado al estilo “Mad Max” hacen a muchos pensar en apariciones y sucesos extraños asociados a la que hubiera sido la mayor obra ingeniera en la historia de nuestro país.

Cosas del “campo”

Mitos y supersticiones que solo escucharás en Cuba

Sin dudas, en los campos de Cuba encontramos una de las bases de datos más nutridas de historias “miedosas”.

Cualquiera que haya estado becado, ha escuchado alguna vez sobre “La taconúa”, una mujer que perdió la razón y vaga por el más allá y el más acá atormentando a todos con el sonido de sus zapatos.

También de esos tiempos de “escuela al campo” y el Servicio Militar suelen contarse, con diferentes variantes, relatos sobre estudiantes/reclutas que perdieron los nervios y terminaron ahorcándose en el albergue o pegándose un tiro en plena guardia, y cuyas ánimas se quedaron dando vueltas por el lugar.

Por la zona de Caibarién, al norte de Villa Clara, se habla de brujas que tienen o tuvieron su misterioso aquelarre en uno de los cayos localizados en la periferia costera del área.

Hay varios sitios en los que los más viejos atemorizan a sus descendientes con clásicos de toda la vida como el niño del diente largo, el jinete sin cabeza, el güije de no-sé-dónde, majás de proporciones bíblicas o perros jíbaros del demonio.

Igualmente, podemos mencionar los casos de “gritonas”, “chillonas” o “lloronas”, mujeres traicionadas o asesinadas violentamente que se “aparecen” en ríos, trillos oscuros y ceibas, justo cuando la luna está en lo más alto y no se escucha ningún sonido en el monte.

La lista podría ser más larga, pero tampoco pretendemos llenarle el “disco duro” de información que le impida conciliar el sueño hoy, o durante las jornadas que están por venir. Sólo esperamos haberle dado material suficiente para la próxima vez que decida pasarse la noche haciendo historias de ultratumba ¡Felices sustos!


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Un comentario

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  1. Fantasmas por doquier, ponche en café guano , aquí solo hay tumba para los mareaoooos

Sandy Mederos

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