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Jorge Bauer, la estrella del rock cubano que desapareció sin dejar rastro

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Jorge Bauer. Foto tomada de Latinpop FIU.

A mediados de los años 50, el rock and roll comenzó a esparcirse entre el público de la Mayor de las Antillas como una especie de virus. Su estética, rompedora en todos los sentidos, dividió a la gente entre aquellos que disfrutaban tanto sus melodías como el estilo de vestir, y otros, quienes calificaban a aquel género como demasiado osado e indecente.

Los salones y cabarets, sobre todo en La Habana, comenzaron a llenarse con espectáculos roqueros y la juventud parecía enloquecida con toda la euforia de pantalones apretados, gomina y bailes sensuales que llegaban desde Estados Unidos en las voces de Elvis Presley y Bill Haley como principales exponentes.




Mientras los muchachos perseguían las canciones que llegaban desde el otro lado del estrecho de la Florida, fue surgiendo un movimiento de músicos locales que se dedicaron a cultivarlo, en contraposición a otros como Bola de Nieve, Celia Cruz o Chico O’Farrill, quienes lo criticaron y le vaticinaron un final temprano o, cuando menos, un descalabro eventual.

Uno de los que comenzó a destacar sobre el escenario fue Jorge Bauer y, desde la televisión, se convirtió en una de las primeras grandes estrellas rocanroleras en la Isla. Aunque no tocaba temas propios, sino que se dedicaba a imitar los movimientos y manera de proyectarse que tenía Elvis, este chico rubio encarnó el arquetipo del momento, entendido como una mezcla de genio, gracia, imagen comercial, atrevimiento y rebeldía juvenil.




Si hubo un momento que marcó la relación de esta tendencia musical con las personas de la época, fue la boda del propio Bauer con la bailarina Mercy Casas. Sucedió el 15 de febrero de 1957 en el club nocturno Johnny’s Dream, que había sido inaugurado poco tiempo atrás en la zona cercana al túnel de 5ta. Avenida, sitio en donde la celebración fue convertida en algo mucho más grande de lo imaginado.

Los medios de comunicación coparon sus portadas con aquel evento, al cual dieron cobertura completa: ver por primera vez a una novia usando los pantalones “pescadores”, propios de la moda roquera, y presenciar un show estridente protagonizado por el popular grupo Hot Rockers, todo ello alrededor del “sí quiero”, momento principal de la gala.




Sin embargo, tras aquel espectáculo, y debido a que el ritmo comenzaba a ganar cada vez más fuerza en los medios de comunicación audiovisual, los ultraconservadores se enardecieron contra el movimiento que encabezaba Luis Hernández de Hita y su denominado Club Rock and Roll. Según publican Rosa Marquetti y Tommy Meini en la web de Radio Gladys Palmera, la consecuencia fue que el entonces Ministro de Comunicaciones, Ramón Vasconcelos, se vio forzado a emitir nuevas regulaciones publicadas en el Diario de la Marina el 17 de febrero del ‘57 con el título Normas a que debe ajustarse el baile del rock and roll.

El conjunto de reglas prohibía, entre otras cosas, pasos de baile como “la campana” o “el reloj”, así como movimientos demasiado enérgicos o frenéticos. Igualmente, censuraba cualquier postura, vestimenta y coreografías que fueran consideradas (vaya usted a saber por quién) como groseras y atentados contra la moral.




En medio de todo aquello, la carrera de Bauer continuaba en ascenso, fundamentalmente gracias a la explosión de su figura en la pequeña pantalla y las actuaciones en vivo en cualquier plaza disponible a lo largo del archipiélago. Por otra parte, su incorporación retrasada al mercado discográfico hizo que no lograra competir con bandas bandas como Los Llopis, aunque sus singles y su “sonido” sí fueron superiores a los de la competencia, lo cual sirvió como inspiración para que muchos otros se sumaran a la nueva ola del rock.

Fueron muy conocidos los covers y versiones en español que hizo de temas como Jailhouse Rock (El rock de la cárcel) y Hound Dog (Perro sabueso), temas que le ganaron el interés de buena parte de sus contemporáneos. Luego, tras una gira que le llevó a México y El Salvador, regresaría con un repertorio novedoso, que incluyó sencillos como Caramelito, Caramelón y Tengo una risa nerviosa. Estos últimos resultaron ser armas de doble filo para su carrera, pues, si bien el vinilo de 45 rpm grabado junto a la orquesta Sabor de Cuba tuvo gran “pegada” en las listas de éxitos, también decepcionó a sus fans por apartarse del género que siempre le había caracterizado.




Tras vivir en la cresta de la ola hasta 1958, la figura de Bauer comenzó un estrepitoso declive que le llevó a perder el estatus de gran ídolo que tuvo en cierto momento. Según cuentan los más entendidos, a inicios de los 60 ya era prácticamente un desconocido, elemento que pudo haber influido en su partida de Cuba cuando contaba 45 años de edad.

Desde entonces no ha vuelto a saberse de Jorge Bauer ¿Habrá continuado su carrera como entusiasta del rocanrol o se habrá dedicado a una vida totalmente alejada de la música? Por mucho que uno busque en sitios web, blogs, páginas de redes sociales y otros repositorios de información online, muy poco aparece sobre él. Quedará en la memoria como una enorme estrella de la música rock cubana que parece haber desaparecido totalmente después de tener un brillo intenso pero fugaz.





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Sandy Mederos

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