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La historia de “Grandes Ligas”, pioneros del rap cubano que hacen música entre EEUU y Suecia

6 min


Con camiseta desmangada, Yaimir, y con gorra, Yordis, fundadores de Grandes Ligas. Foto cortesía de Yordis Villalón.

En Cuba, la última década del siglo XX fue un momento de enormes cambios. Cayó el bloque socialista de Europa del Este y las consecuencias de ese hecho en nuestra sociedad se percibieron en todos los sentidos. Sin embargo, a pesar de las dificultades, durante aquellos años comenzó en la Isla la explosión definitiva del rap, un género que hasta entonces había existido solamente en las sombras.

Fue al este de la capital, en Guanabacoa, Alamar, Regla, y también en la zona de Plaza de la Revolución, donde se fueron erigiendo poco a poco los principales centros para la difusión de ese estilo musical, surgido en Estados Unidos como una mezcla de rimas, ritmos y una suerte de catarsis discursiva puesta en función de los menos favorecidos.




Apareció, entonces, un grupo de pioneros integrado, entre otros, por Primera Base, Doble Filo, Anónimo Consejo, Triple A, Obsesión, Amenaza y Grandes Ligas. Este último lograría elevar su flow hasta niveles nunca antes reconocidos.

En 1996, Barbarito Álvarez, Yaimir “Piti/Limpiatímpanos” Jiménez y Yordis “El Villano” Villalón eran tres muchachos que habían crecido juntos y adoraban el rock. Pasaban largos ratos escuchando aquellos míticos featurings de Anthrax/Public Enemies o Biohazard/Onyx y eso los llevó a descubrir al hip hop como una vía para canalizar sus intereses musicales.




Se volvieron habituales del Café Cantante, donde existía una peña de raperos, y cuando ya tenían las “pilas” lo suficientemente cargadas, se reunieron en casa de un amigo para decidir el nombre y armar las primeras canciones. Lo de la referencia beisbolera, según nos cuenta Yordis, llegó gracias a Javier Pérez Duquesne, quien era gran fanático de la pelota y quiso que sus amigos llevaran un nombre que estuviera a la altura de sus expectativas.

Al principio, el género no contaba con apoyo desde ningún frente. Había que hacerlo todo “a pulmón”, desde conseguir los equipos para los conciertos hasta la gestión para poder tocar. Pero el movimiento ganaba cierta fuerza y con la ayuda de la Asociación Hermanos Saíz la cosa fue mejorando. Surgieron diferentes festivales en Plaza y Alamar, espacios en los que fueron curtiéndose tanto los artistas como el público y generaron una comunidad sólida que sobrevive incluso en estos días, a pesar de todos los obstáculos.

Para Yordis, los 90, más allá de los problemas, fueron una época bonita. “Teníamos que hacer ‘magia’ para construir las canciones y poder acceder a todo tipo de materiales. Hubo muchas fallas y sucedieron cosas que ahora nos resultan graciosas, pero también sentimos los primeros aplausos de agradecimiento y logramos hacer que ese movimiento, nacido de forma underground hacía más de una década, renaciera y se proyectara mucho más lejos de lo que alguna vez imaginamos”.

Sin embargo, en la misma medida en que fueron escalando posiciones simbólicas en el ranking de los raperos cubanos, la semilla rockera nunca se les despegó.




“Nosotros oíamos mucho rock y teníamos bastante influencia de aquellas colaboraciones, las cuales influyeron muchísimo en mí, sobre todo, pues mis compañeros sí escuchaban más rap. Entre diferentes conciertos a los que asistíamos, terminamos por construir una amistad con Abelito, vocalista de la banda Garage H, a quien también le gustaba rapear. Al final, esa unión nos resultó algo bastante natural, pues la única diferencia era el background, que era rocanrolero en vez de ser un instrumental de hip hop, relata Piti.

Años después, cuando murió Barbarito, ambos -metaleros y MC’s- volvieron a juntarse en un enorme concierto con el que llenaron el teatro Karl Marx. Aquel suceso, del que se habla muy poco en la actualidad, significó un hito en la escena artística del país y, de alguna manera, fue el testamento de una generación de raperos que había alcanzado la mayoría de edad.

La muerte de Barbarito, en el ’99, es quizás el golpe más fuerte que alguna vez enfrentó Grandes Ligas. Según recuerdan los dos miembros actuales del grupo, era él quien escribía la mayor parte de las letras mientras juntos hacían los arreglos. Pero todo iba más allá: no eran solo colegas musicales, sino amigos de toda la vida, que se influenciaban y ayudaban en cualquier circunstancia.

Yordis, quien se convirtió desde ese momento en padrino de Amílcar, único hijo de Barbarito, recuerda haberle despedido con todos los honores en el cementerio de Colón. “Cuando se fue, pensamos que se había terminado, pero no podíamos fallarle, y así fue que pudimos reinventarnos y continuar su legado”.




Barbarito Álvarez. Foto cortesía de Yordis Villalón.

“Esos tres años en los que compartimos como agrupación nos parecieron iguales que toda una vida, porque fue excelente la acogida del público y trabajamos muchísimo. Durante ese tiempo, Barbarito fue nuestra inspiración y maestro, tanto que hasta hoy seguimos aplicando sus enseñanzas todos los días”, dice Yaimir.

Tras las fricciones sucedidas a inicios de este siglo, cuando, entre otras razones de peso, las instituciones oficiales quisieron manejar unilateralmente los destinos del hip-hop, Grandes Ligas debió seguir un camino distinto al que esperaban.

Atrás quedarían, como huella de su hacer en la Mayor de las Antillas, sus colaboraciones con Habana Ensemble, su presencia en los discos Cuban Hip Hop All Stars y Cuban Rap Ligas; su participación en la colección Cuba-California, junto al reconocido letrista y compositor Aceyalone, así como su presencia protagónica en el documental Inventos: Hip Hop Cubano (Eli Jacobs-Fantauzzi; 2005), filmado en Cuba a finales del siglo XX por Clenched Fist Productions.

Por un lado, Piti, quien tenía una relación con una chica sueca, tras tiempos de batallar contra molinos de viento demasiado grandes, en 2003 decidió marcharse junto a ella en busca de un futuro más esperanzador.




En principio tenía la intención de llevarse a Yordis y continuar del lado de allá con el proyecto, pero no pudo ser. Desde Europa, y a través de las redes sociales, nos contó que sus primeros tres años en territorio nórdico fueron complejos, sobre todo porque el idioma y las distancias —geográficas y culturales— le golpearon bastante.

En Cuba, Villalón terminó en la cárcel y allí estuvo casi seis años. Al salir, la mayoría de sus amigos raperos se habían marchado, y esa sensación de soledad le desconcertó durante un tiempo. Eventualmente, se juntó con una muchacha estadounidense y luego logró salir rumbo a ese país. En Oakland, California, se reunió con varios colegas que también cultivaban el género underground.

En ese lapso, Limpiatímpanos y El Villano casi no tuvieron contacto. Lo poco que sabía uno del otro llegaba a través de familiares. Luego de que Yordis se estableció en Norteamérica lograron conectar otra vez e hicieron resurgir a Grandes Ligas.

Según nos contó Yaimir, antes, para hacer los temas, el mecanismo era bastante sencillo, pese a que su conocimiento completo dependía del más puro empirismo. Sentía como si las ideas vinieran de todas partes y se les daba forma según iban apareciendo.




Él mismo, hoy, confiesa que algún “material” bueno puede salir, incluso de madrugada, cuando uno se levanta para ir al baño. También puede salir a partir de un instrumental que genera algo más.

Ahora usan una app que les permite grabar los “bocetos” de cualquier cosa que se les ocurra para pulirlos después. Luego, vía internet, hacen una tormenta de ideas para mejorar el producto, hasta que tienen algo que vale la pena llevar al estudio.

Por su parte, Yordis también siente que todo se trata de cómo te llegue la inspiración. El resultado final siempre tendrá que ver con las vivencias propias o ajenas, el entorno y otros factores que uno percibe y puede plasmar en una obra para llegarle a la gente.




Ya lo del beat es cosa de conectar con alguno específico e irlo moldeando en dependencia de la letra que se tenga. Para ellos, es algo así como surfear, pues se trata de colaborar con el creador de la melodía y el productor para generar una pieza que suene bien y se complemente a la perfección con las palabras que se dicen.

“Nosotros, durante todo este tiempo, hemos sabido encontrar en la música una forma de ser felices y usar ese don que nos dio la vida. Ya pasamos una larga etapa privados de esto y decidimos que sería un error dejar que nos pase de nuevo. Desde que retomamos todo el año pasado, nos hemos entendido perfectamente y ya sacamos el tema 19 y 10”, comenta Yaimir.

“Este tren ya arrancó y no existe forma de detenerlo. Gracias a Dios tenemos la posibilidad de hacer lo nuestro desde lejos, así que por eso vamos a seguir haciendo música hasta que Dios nos dé ‘bomba’”, cierra Yordis.


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Un comentario

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  1. Excelente artículo… Me hizo recordar esos años en especial el concierto en el karl marx… Me alegra mucho que grandes ligas esté haciendo nuevos proyectos… Exitos!!!

Sandy Mederos

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