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Lanthimos, los conejos

2 min


El filme cuenta con nueve nominaciones a los Oscars y de las cuatro categorías que competía en los Globos de Oro, se alzó con el premio a mejor actriz. Foto tomada de The New Republic.

(Antes de escribir esto, intenté hacer un texto en primera persona. Era sobre dread locks, trova, poetastros impostores. Pero me aburrí.)

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La cabeza de Emma Stone le cabe en una mano a Olivia Colman. No me sorprende, igual el poder siempre se ha tratado de la influencia de un elemento sobre cualquier cabeza: una corona, una mano alrededor de un glande…

Sin embargo, lo que más seduce en The Favourite, el último filme de Lanthimos —además de tribadismo glandular, cunnilingus forzados y otros diálogos vaginales— es la actuación bastante acertada de 17 conejos.

En el final de la película, un conejillo condena la cabeza de Emma Stone al suplicio provocado por cinco dedos adiposos arrancándole los cabellos: el castigo por apretar con un tacón —corte francés— a uno de los hijos malogrados de la reina.

Claro, la película es sobre una reina, y sobre dos mujeres que, alternadamente, lamen su vagina —debe tratar de otras cosas, pero no me fijé.

Rachel Weisz bebió un té de menta, no le gustó y quiso montar a caballo. Entonces se desmayó en el bosque, a dos metros de un coito de floresta. La recogió una prostituta…

Antes del té opiáceo, al personaje del Rachel Weisz le gustaba disparar a palomas blancas en un jardín adornado con estatuas griegas. A veces masajeaba los tobillos gotosos de la reina, la vagina debajo del abdomen pendular y la punta descascarada de los senos (no todo en la misma secuencia).

El resto del tiempo, Rachel Weisz peleaba con Emma Stone, con el personaje de Stone, por definir a quién le olían mejor las axilas cuando la reina las llamaba para chuparle los senos.

Sexo, tijeretas, lameteos; 17 conejos cumpleañeros… Dos sicópatas, un solo reino. Todo esto es The Favourite.

Y Horacio, un pato velocista, bicampeón en distancias cortas.

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No es el Lanthimos de Dogtoht, que nos dio tres bofetones en la cara con un casete VHS, que nos hizo ladrar; tampoco el de la ruleta rusa en The Killing of a Sacred Deer: un sicópata adolescente, un padre con un rifle de asalto, disparando a ciegas a sus hijos.

Aún así hay patos de carreras, 17 conejos, palomas muertas. Y sexo lésbico.

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