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Leonardo Benítez: “Conocí a siete mujeres que les pusieron ‘Maykel Junior’ a sus hijos”

8 min


Existe un video donde, en un minuto y 39 segundos, se intenta resumir escenas de las mejores actuaciones de Leonardo Benítez:

En el audiovisual puede vérsele como esclavo en la película Roble de Olor; caracterizando al soldado Tomás en Salvando al general; convertido en policía en la serie Patrulla 444; en su rol de galán en la novela Latidos compartidos. Existen otros fragmentos de teleplays en los cuales muestra su fuerza física en situaciones complejas. Aparecen, además, escenas de sexo (esas que, según dice, son difíciles y lo hacen sudar de miedo).

Sin embargo, para acercarnos a Leonardo Benítez, actor versátil, debemos atender a lo que sucedió antes. Su historia va precisamente de eso: se desplaza desde el atletismo hacia la actuación, pasando por la música -rap y canto lírico- y el teatro.

“Yo, simplemente, amaba el deporte por mi hermano, el del medio, que es ocho años mayor. Fue deportista y muy bueno, velocista, corredor de 200 y 400 metros. Él siempre ha sido un ídolo para mí. Quise seguir sus pasos y empecé en atletismo, pero pronto me di cuenta que mis pies planos impedían que pudiera entrenar rigurosamente”.

La cuestión física sobrepasó a las ganas de este habanero que hoy tiene 41 años. “Era muy bueno, pero tenía que dejarlo”.

Entonces llegó la música. Integró un grupo de rap -fusión, aclara- donde hacía las voces melódicas.

Si algo ha habido constante en cada una de las facetas de Leonardo, podríamos afirmar que es su afán por la superación, la intención de ser cada día mejor en lo que se atreva a hacer.

En aquella etapa, en aras de mejorar su desempeño vocal, asistió a clases de canto con el fallecido profesor Ricardo Linares, “quien vio en mí condiciones y me llevó al coro lírico donde estaba montando una ópera. Quería que yo hiciera un personaje”. Robin, recuerda que se llamaba. “Participar en la obra demandaba proyección escénica, y entonces entré al teatro para perder el miedo”.

La preparación como actor la tomó muy en serio. “Mis primeros pasos fueron en la Casa de la Cultura de Plaza (ubicada en Calzada y 8, Plaza de la Revolución) como parte del grupo Olga Alonso, bajo la tutela del eterno profesor Humberto Rodríguez García. Esa ha sido una cantera inmensa y desde allí se han nutrido bastante las escuelas de arte”.

150–11–6. Lo anterior no son números al azar, ni tienen una significación oculta más allá de cifras relacionadas con los actores que se presentaron a un casting que lanzó Raquel Revuelta, para trabajar con ellos y encaminarlos hacia lo profesional. Esa oportunidad la recuerda como única, pero muy fuerte y rigurosa. De 150 que llegaron a pasar las pruebas, escogieron 11 y al final solo quedaron seis. Leonardo entre ellos.

Luego se graduó del Instituto Superior de Arte, donde tuvo profesores que luego serían sus compañeros de rodaje en determinadas obras.

Su camino como actor comenzaba.

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Casa de la Cultura de Plaza. Estamos en los primeros meses del siglo XXI y comienza un casting dirigido hacia jóvenes que buscarían formar parte de la serie Enigma de un verano, dirigida por Roly Peña.

“Las clases en ese entonces eran de 8:30 pm a 11:00 pm. Una noche fue Roly, hizo un casting y escogió a tres actores. A mí me dijo que le había gustado lo que había hecho, pero buscaba un actor bien flaco, para que pegara con el personaje que se llamaba “el flecha”. Yo era delgado, pero fibroso. Me quedé con la esperanza de que se decidiera por mí”.

“Un día me entero que había un casting en el ICRT y fui sin saber para qué era y resultó ser para la serie Enigma de un verano. Cuando Roly me vio, me dijo que ya él me tenía en mente, que esperara”.

Varias semanas después…

“Lanzan otro casting, me presento nuevamente sin saber y, otra vez, Roly Peña en busca de su actor para la serie”. A fuerza de perseverancia, lo escogieron.

Ese primer día de rodaje, que marcaría luego su debut como actor en televisión, lo define como intenso. “Recuerdo que dije que no podía. Yo tenía el entrenamiento del teatro, pero no era lo mismo. Roly me pidió que me relajara, caminamos alrededor de la locación, me recomendó algunos ejercicios. Me ayudó muchísimo. Pasé trabajo para esa primera escena, pero salió y las demás las afronté con decisión. Él quedó satisfecho con mi actuación y luego me llamó para otros trabajos como Patrulla 444”.

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Todavía formaba parte del grupo de teatro y no había pasado el ISA. Andaba en búsqueda de castings, “tocando puertas”. Le avisaron de uno, fue y lo seleccionaron para el filme Roble de olor (2004). Su personaje: un esclavo que tocaba el violonchelo y tenía un romance con una señorita alemana de la alta sociedad. En esa película, que narra la historia del cafetal Angerona, tuvo una escena de sexo de la cual se hicieron 34 tomas.

Hasta hoy ha trabajado en cerca de quince películas. Algunas de ellas:

Ciudad en rojo (2009), de Rebeca Chávez.

7 días en La Habana (2012), dirigida por varios realizadores.

Fátima o el Parque de la Fraternidad (2015), de Jorge Perugorría.

La emboscada (2015), de Alejandro Gil.

4 estaciones en la Habana (2016), de Félix Vizcarret.

En el 2013 se estrenó un telefilme de 30 minutos de duración, Salvando al general, bajo la dirección de Pedro Luis Rodríguez González. El papel de Leonardo en este material era protagónico. Encarnaba al soldado que tenía que entregar un mensaje a Vicente García con la información de dónde estaba Antonio Maceo. La realización le demandó preparación de esgrima. Además de premios y nominaciones, fue el trabajo que más le gustó a su madre y a él mismo, según ha manifestado.

Recuerda con especial detalle un teleplay, Cuéntame, poeta (2007), dirigido por Elena Palacios. “Los actores principales éramos Tomás Cao y yo. Rechacé la película Kangamba por hacer este. La gente me decía que estaba loco, que cómo iba a cambiar el cine por la televisión. Simplemente el rol de la película ya lo había hecho antes y el del teleplay suponía algo nuevo para mí, era un personaje más pintoresco”.

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Leonardo Benítez. Foto tomada de su perfil en Instagram (@leonardo.benitez.actor)

“En la historia de la televisión cubana, yo fui el primer actor negro en protagonizar, como galán, una novela. Eso no había pasado, según me hicieron saber Irela Bravo y otras personas que atienden estadísticas de la televisión cubana. Me lanzó a la popularidad rotunda. No es que fuera desconocido, pero eso tuvo un alcance tremendo. Donde hubiera un cubano viendo la novela, se identificó con Maykel Junior”.

Se volvió famoso este culto abogado que se hallaba en medio de una relación con dos mujeres un tanto conflictivas (Omaida y Luz Marina, encarnadas por Tamara Morales y Ariana Álvarez, respectivamente).

“Encontré a siete mujeres en La Habana que les pusieron a sus hijos el nombre Maykel Junior, fíjate la fuerza que tuvo ese personaje. Marcó un antes y un después en mi carrera”.

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“Mi primer Tras la Huella fue en el año 2007. Tuve un personaje muy pequeño. Me lo resolvió Albertico Pujols. Era una sola escena en la que aparecía como informante suyo. Recuerdo que me dijo que empezara con ese papel, aunque ya tenía toda una carrera detrás, para que los directores del policiaco me conocieran y luego me dieran otros personajes. Y tuvo razón”.

En el segundo, la suerte mejoró. “Fue un antagónico. Luego hice varios negativos antes de empezar como oficial”.

“Cuando Omar Alí me llamó para participar en un caso donde había un mayor de un grupo operativo de lacras, que venía a instruir y apoyar en un caso de juegos ilícitos, surgió el personaje de Julio. A Alí le gustó y a mí también. Ahí comenzó todo”.

Con la salida de Vladimir Villar del elenco, Julio se hizo fijo. “Empecé a hacer el mismo oficial operativo que había hecho. La química con los actores funcionó muy bien. Una parte del público decía que no pegaba como bueno, pero muchos desde el primer capítulo me elogiaron. Tras la Huella es un pedazo de mí”.

Esta faceta de Leonardo Benítez como oficial no nos sorprende. Hace doce años encarnó a un agente de la Policía Nacional Revolucionaria en Patrulla 444. “Lo primero fue aprender a manejar. Tuve que sacar la licencia en Barbosa, la escuela de la policía, vestido con el uniforme de oficial, con los caballitos, como uno más de ellos. La preparación de cuatro meses fue intensa, tenía que manejar, hacer maniobras, aprender a disparar, a poner multas en la calle”.

El entrenamiento para el personaje fue tan real que incluso “salíamos vestidos de policía a la calle, con un asesor, para poner multas”.

La reciente retransmisión de esta serie provoca nostalgia en él. “Hay cosas que veo ahora mismo y quisiera quitar; de muchas me río. Uno lo mira con cariño, aunque hay varios elementos que cambiaría”.

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La de Bailando en Cuba fue una etapa muy difícil, dice.

“Antes de eso, mi único rol como presentador había sido en un programa que se llamó Maravilloso mundo. Fui su primer anfitrión y lo hice porque el director Roberto Portuondo quería que fuera yo. Él no buscaba a alguien dedicado a esa profesión, quería a un actor con popularidad y empecé, pero fue bien difícil. Hacer un programa en falso vivo es complejo porque se graba sin cortes y tienes que ser muy preciso, acatar las orientaciones que van dando por el apuntador en el momento… de pronto hay que improvisar y mandan a detener al entrevistado que está hablando mucho”.

Además del hecho de que no era presentador, otra de las cuestiones que lo mantuvieron indeciso a la hora de aceptar ese trabajo fue el reciente fallecimiento de su madre. “Me llamó Manolito Ortega cuando se acabó la novela Latidos Compartidos y había mucha pegada todavía con el personaje; yo estaba en Villa Clara, esparciendo las cenizas de mi madre, y en un primer momento dije que no estaba en condiciones de responder. Mi familia materna que vivía allá me dio ánimos, me alentó a que aceptara. Me dijeron que a mi madre le hubiera hecho mucha ilusión. Eso me ayudó. Para entrar a Bailando en Cuba tuve que ensayar mucho, meterme adentro del programa fue difícil. La conducción no es mi fuerte, pero no quería hacerlo más. Sobre todo, tenía al lado a Camila Arteche, quien sí posee una amplia experiencia animando en bares y en Tropicana, y Carlos Solar venía haciendo la conducción de un programa de cine. Estar tan concentrado me ayudó a pasar esa etapa tan compleja sentimentalmente. Pensé en dejar la carrera, pero luego centré mi tiempo en el programa, en tratar de hacerlo mejor”.

“Solo estuve durante una temporada. Me divertí mucho con Camila y Carlos, pero a su vez me sentía fatal: a veces me daban el guion un miércoles y se grababa el jueves. A raíz de Bailando en Cuba me descompensé y empecé a padecer de problemas de presión. Fueron unos tres meses muy fuertes”.

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Leonardo Benítez interpretará a Tomás en la novela . Foto tomada de su perfil en Instagram (@leonardo.benitez.actor)

“Participar en Habana Selfie, la película de Arturo Santana, fue un vacilón. Yo estaba loco por hacer un personaje así, aunque con más historia, como Fátima. Este no era un rol complicado, porque no se trataba de la historia de ese travesti. Yo estoy en el sueño de una francesa que me ve en diferentes facetas. No se sabía nada más de mí, salvo que por el día era carnicero y por las noches travesti. Todo aparecía a través de flashazos. Era como un superhéroe, que cuando caía la tarde, salía a pasear a su perrito y a combatir lo mal hecho. Me preparé más para la escena de combate y para hablar francés que para el personaje en sí”.

Trabajé con Kiriam Gutiérrez, quien me ayudó muchísimo en la cuestión de vestuario y caracterización del personaje. Ella era quien me maquillaba, me daba los accesorios, las pelucas. Durante un mes también entrené con un grupo de acción para montar la pelea en la línea del tren. Esa película me ha traído muchas cosas bonitas. Me han perseguido siempre los personajes negativos, y hacer otros totalmente diferentes era un desafío”.

Esta conversación, vía Whatsapp, llegó en medio del aislamiento a causa del coronavirus. En estos momentos, Leonardo aprovecha para prepararse en otros proyectos como la novela cubana , dirigida por Léster Hamlet, que se encontraba en producción hasta mediados de marzo y se vio interrumpida. Allí interpreta a Tomás, uno de los protagonistas. Además de ello, dedica más tiempo a sus seguidores en redes sociales. Informa de cada emisión de Tras la Huella o Patrulla 444 que se emitirá. Comparte imágenes de los rodajes junto al equipo. Publica también fragmentos de otros audiovisuales en los que ha trabajado, como el humorístico Vivir del Cuento y algunos videoclips.

Aquí te dejamos sus redes por si quieres seguirlo de cerca:

Leonardo Benítez en Instagram.

Leonardo Benítez en Facebook.


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