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“Lupin”, el caballero-ladrón con el que Omar Sy nos “roba” a todos

3 min


De ladrones famosos está empedrada la historia de la literatura, el cine y la televisión. En la lista de genios criminales destacan, curiosamente, varios oriundos de Francia. Allí “nacieron” Rocambole, Fantomas, y también el más célebre entre todos los “pillos” de la ficción: Arsène Lupin, personaje que en su momento compitió en popularidad con el mismísimo Sherlock Holmes.

Creado por Maurice Leblanc, el bueno de Arsenio ha sido revivido por Netflix mediante una serie que se ha convertido en una de las mejores sorpresas de inicios de año.




Esta nueva adaptación se distancia en muchos sentidos de los relatos de Leblanc, publicados entre 1907 y 1941. A diferencia de su alter ego original, esta vez el intrépido protagonista se llama Assane Diop (Omar Sy) y es un emigrante senegalés, quien durante su adolescencia sufrió una injusta condena y luego el suicidio de su padre, después de que este fuera acusado de un crimen que jamás cometió.

Tomando el legado del Lupin original como inspiración, Assane irá tejiendo un complejo plan con el objetivo de limpiar el nombre de su antecesor, mientras va castigando a los verdaderos culpables de la tragedia acontecida a mediados de los años 90.




Paralelamente a su carrera como maestro del engaño, Assane es un divorciado que intenta mantenerse al día con la vida de su hijo Raoul (Etan Simon) y su (no tan) ex, Claire (Ludivine Sagnier), lo cual da al personaje una dimensión mucho más profunda que antes. Además de mangarse con una tranquilidad pasmosa cualquier bien que crea necesario para lograr su objetivo, este es un tipo familiar y noble, guiado por una motivación fuerte, que no obsesiva, mediante la cual encuentra el sentido de su vida.

Más allá de lo que separa al actual Lupin de su predecesor, esta re-imaginación que hacen los guionistas George Kay y François Uzan mantiene intacta la esencia del elegante bribón que rompe las leyes con la mejor de las intenciones.




Assane/Arsenio, encarnado deliciosamente por un “monstruo” de la escena como el señor Sy, es un sujeto capaz de ganarse nuestra atención y empatía desde el minuto inicial. En lo adelante, su historia se irá revelando entre flashbacks noventeros y escenas del presente, mediante las cuales sabremos cómo el muchacho inocente se convierte en artista del delito.

Cada uno de estos cinco episodios iniciales está construido con la misma sutileza con la que Lupin ejecuta sus estratagemas y hurtos, lo cual aporta una fenomenal coherencia entre forma y contenido a la propuesta.




A nivel narrativo es notable, y también previsible en una producción de este tipo, la presencia de constantes “trampas” y artimañas argumentales que nos mantienen a la expectativa de cómo el caballero del hurto saldrá del enredo de turno.

En líneas generales, el guion destaca por su sagacidad, ritmo preciso y, sobre todo, por respetar la inteligencia del público, cosa que se agradece bastante en una época en donde el deus ex machina se ha convertido en una manía cada vez más apreciable en los creadores de historias (vean cualquier temporada de The Walking Dead o la más reciente de Chilling Adventures of Sabrina y entenderán a qué nos referimos).




El resultado es un show que rescata elementos de otras exitosas series como pueden ser White Collar, Revenge y hasta un poco de Dexter, siempre dejando de lado la parte más turbia de todas ellas y quedándose con la frescura, el buen humor, la agudeza y el glamour que cabría esperar.

Lupin, que ya es una de las series francesas más vistas en Estados Unidos (¡trés bien, Arsène!) le dejará totalmente enganchado frente al televisor/computadora y, tras el cliffhanger con el que cierra la temporada debut, rezará porque llegue pronto su continuación, la cual muy posiblemente “aterrice” en Netflix a lo largo de este 2021.


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Sandy Mederos

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