Manuel Hurtado, el pelotero al que una decisión de su padre privó de jugar en Grandes Ligas

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Manuel Hurtado durante su etapa como pitcher de Regla. Foto tomada de Granma.

En 1959, los Washington Senators necesitaban un lanzador de garantías. Para no variar, los sempiternos “sotaneros” de la Liga Americana habían cerrado ese año con récord de 63 victorias y 91 derrotas, y por enésima vez habían acumulado números válidos para ser etiquetados como el equipo menos ganador del nuevo circuito, dominado esa vez por los Cleveland Indians.

Desesperados por sumar algo más de talento a su plantilla, los de D.C. pensaron en Cuba como una plaza de lujo para encontrar su próxima estrella. Antes habían hallado aquí valiosos “recursos” como Conrado Marrero, Sandalio “Potrerillo” Consuegra, Julio “Jiquí” Moreno, Roberto Ortiz y Rogelio “Limonar” Martínez. Precisamente en aquel momento, los Senators contaban en sus filas con un cuarteto de cubanos, entre quienes estaba el estelar Camilo Pascual, más sus compañeros Pedro Ramos, Oswaldo “Ossie” Álvarez y Julio Bécquer.

Tomada la decisión, los de la capital estadounidense se encomendaron a Joe Cambria, posiblemente el cazatalentos más renombrado de todos los que entonces se paseaban por los estadios de nuestro país. Curiosamente, el  hombre conocido como Papa Joe ya tenía a alguien en mente. Se trataba de un muchacho nacido el 19 de agosto de 1942 en la localidad habanera de Regla, dueño de un maravilloso brazo derecho.

Manuel Hurtado tenía 17 años cuando Cambria decidió que tenía lo necesario para brillar en las Mayores. Entre otras cosas, cada vez que lo veía lanzar era inevitable compararlo con el gran Camilo Pascual. Ambos tenían clase de sobra sobre la lomita, así como una infernal curva descendente. Viendo las condiciones naturales del reglano, y pensando sobre todo en su enorme margen de mejora, Papa Joe pensó en llevárselo de inmediato.

Después de hablarle y convencer al hijo, tocaba apalabrar al padre. El señor Hurtado aceptó la propuesta, pero como el chico era tan joven, decidió pedirle algo de tiempo a Joe antes de firmar el contrato que permitiría a su sucesor viajar a los Estados Unidos. La propuesta tenía idea lógica, y por eso el scout estuvo de acuerdo en esperar. Sin embargo, antes de lo imaginado, el panorama cambiaría y la vida de Manuel tomaría un rumbo muy apartado de los Washington Senators.

Para decirlo sin demasiados detalles: poco después de aquella conversación, Cuba borró de su mapa el béisbol profesional y Manuel Hurtado vio deshecho de pronto su fichaje por un club de Grandes Ligas. Pese a ello, tampoco se sintió demasiado afectado, pues se encontraba vinculado a un nuevo equipo junto al que años después se convertiría en leyenda.

Con el número 20 en la espalda, el muchacho de Regla debutó en 1963 con los Industriales en la 1ra. Serie Nacional de Béisbol (SNB). El primer año el campeón fue Occidentales, mientras que los capitalinos quedaron últimos, superados además por Orientales y Azucareros. Pero lo mejor estaba por venir.

Al año siguiente, Ramón Carneado asume las riendas de la novena habanera y bajo su mando comienza a forjarse un período histórico para el béisbol de esa ciudad. En lo adelante, los Leones ganarán cuatro títulos consecutivos.

De aquel mítico plantel destacan nombres como el de Urbano González, Pedro Chávez, Alfredo Street, Ihosvany Gallegos, Walfrido Ruiz, Germán Águila, Tony González y por supuesto, el de Manuel Hurtado, quien no solo fue estrella durante esas cuatro coronas, sino a lo largo de 12 torneos nacionales, en los cuales demostró su inmensa calidad.

Vistiendo el uniforme azul, Hurtado lanzó en un total de 219 encuentros y lo hizo con una efectividad de 1.80, tercera mejor marca en la historia de la SNB, por detrás de José Antonio Huelga (1.50) y Roberto Valdés (1.75). Igualmente,  obtuvo hasta 90 triunfos y 47 descalabros, para promediar el octavo mejor registro de todos los tiempos (.657). Sus rivales le batearon de por vida para un famélico .198, y sólo pudieron conectarle hasta 851 hits en 1183.1 entradas.

Su particular wind up de dos tiempos fue un elemento fundamental para desconcertar a los bateadores rivales, a quienes “el flaco” solía desestabilizar con esta rutina cuando les tenía en conteo de 0-2. Así se hizo famosa su capacidad para los ponches, y por esa vía logró un impresionante récord por el que trascendió en las estadísticas históricas de la pelota cubana.

El hito sucedió en la 11na. SNB, cuando Manuel lanzaba para el Habana. Ese día, dejó “con la carabina al hombro” a 10 bateadores de Matanzas de manera consecutiva, y hasta la fecha esa racha sigue siendo la mejor de todas en el béisbol cubano post ’59. Por si lo anterior le parece poca cosa, hay que mencionar, además, que, luego de repartir esos diez “cafés” al hilo, Hurtado puso out al siguiente rival con un fly a segunda base, y luego ponchó a dos hombres más, para completar un registro de doce en trece comparecencias oficiales.

Más allá de su trabajo individual, la historia de Manuel Hurtado sobre los diamantes no podría contarse sin mencionar la de su tocayo, el oriental Alarcón, con quien mantuvo una enconada rivalidad por varios años. Ambos, el capitalino y el granmense, fueron una de las atracciones principales de la SNB en sus inicios, convirtiéndose en dos ídolos cuyos duelos desde el box acaparaban titulares en los periódicos un día sí… y otro también.

Tal vez la única insatisfacción que le quedó a este hijo de Regla a lo largo de su carrera activa, fue la de no haber podido vestir más veces la camiseta de la selección antillana. A pesar de ser uno de los mejores serpentineros de la Isla durante años, una y otra vez su nombre fue excluido de las convocatorias para los torneos importantes. Sólo en 1970, y gracias a la enorme presión ejercida por el público, pudo ser parte del equipo Cuba. Entonces asistió y fue campeón con la escuadra nacional en el campeonato del Mundo de Cartagena, Colombia, y en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá. En esa oportunidad única ganó tres partidos y no permitió ninguna carrera limpia a lo largo de 25 innings.

Después de su retiro, sucedido en 1974, Manuel Hurtado se mantuvo como parte del colectivo de entrenadores de Industriales durante seis temporadas. Más tarde, en 1989, se marchó de Cuba para establecerse en Miami, Florida, ciudad en la que reside actualmente.

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Un comentario

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  1. tremendo lanzador una curva como no e visto nunca y me alegra saber de el fui un gran admirador de este gran pelotero les falto algo en su despedida lanzó un juego de las estrellas y desde el segundo ining hasta el 8 no permitió hits en esa entrada lo sustituyeron tremenda actuación ese día

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