Me iré con ellas: (Frame 2) Días de entrenamiento

2 min


Print Friendly, PDF & Email
Foto: @Incolors/ Telegram.

Yo aprendí a tener sexo por las mañanas sin cepillarme los dientes, porque a Carmen le gustaba eso: que bajara a la cocina del preuniversitario en el campo a las 6 a.m. para besarle los senos todavía con la noche en la boca, mientras ella preparaba la leche de los becados. Lo hacíamos siempre así, en todos sus turnos. Y ella, al tiempo que untaba los panes con queso crema, me hacía aquellas pajas maravillosas a ciegas: me masturbaba sin mirarme a los ojos porque la culpa le llenaba sus 37 años y la pena le florecía en unas arrugas acabaditas de salir: en la cara, los muslos, en los pliegues de la barriga. Y por ser mi cuerpo adolescente una flor y sus manos callosas una herramienta de corte, a Carmen le daba una tristeza tremenda y terminaba llorando justo cuando me venía. Entonces se tapaba los cachetes con las manos rotas para esconder la culpa o se daba golpecitos en la frente. A veces solo se secaba las lágrimas con la blusa. Después me preparaba tostadas y huevos y leche con un chocolate que traía de su casa y había comprado solo para mí. Y yo entraba en los días espléndidos, con la barriga llena y el sexo vacío. Como un dios.

Y estuvimos así, dándonos a la mañana casi todo un curso. Yo era feliz y Carmen moderadamente triste. Yo eyaculaba y Carmen lloraba la culpa. Yo me iba lleno y Carmen no sé… Porque aquella única vez que quiso “hacerme el amor”, así, con tres palabras como ella dijo, se quitó el delantal, el pullover del sudor y otros despojos y se acostó sobre los sacos de coles en el cuarto de las verduras; Carmen con el pelo suelto, negro como el bochorno, me abrió las piernas y dijo que se había afeitado para mí. Pero yo esa mañana no tenía hambre. Y la dejé allí.

Carmen faltó unos días; nos vimos de nuevo una semana después, quizás. Yo me disculpé, ella siguió preparándome los desayunos, pero ya no quiso entregarse más al suplicio de su amor trágico y suave. Solo una vez más aquel día, el último antes de irse sin decírmelo, cuando me besó el sexo como se besa una reliquia y se quedó de rodillas en el piso, con la cara hundida entre sus manos hundidas, en la tristeza… Pobre, nunca supo que yo no valía el castigo.

No te pierdas la columna anterior:

Me iré con ellas: (Frame 1) Superfinas con alas


¿Te gustó? ¡Compártelo con tus amigos!

15 compartidas

¿Cuál es Tu Reacción?

Me entristece Me entristece
0
Me entristece
Me divierte Me divierte
0
Me divierte
Me encanta Me encanta
5
Me encanta
Me asombra Me asombra
1
Me asombra
Ñoo Ñoo
1
Ñoo

0 Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× ¡¡¡Contáctanos!!!
Choose A Format
Personality quiz
Series of questions that intends to reveal something about the personality
Trivia quiz
Series of questions with right and wrong answers that intends to check knowledge
Poll
Voting to make decisions or determine opinions
Story
Formatted Text with Embeds and Visuals
List
The Classic Internet Listicles
Countdown
The Classic Internet Countdowns
Open List
Submit your own item and vote up for the best submission
Ranked List
Upvote or downvote to decide the best list item
Meme
Upload your own images to make custom memes
Video
Youtube, Vimeo or Vine Embeds
Audio
Soundcloud or Mixcloud Embeds
Image
Photo or GIF
Gif
GIF format

Send this to a friend