Mendigos

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Foto: David Gómez.

Voy por Belascoaín con una cajita de comida y me para el tipo más churroso del mundo.

—Niño, con el mayor respeto, ¿tú crees que puedas darme tu comida?

—No.

—Es que yo no he almorzado.

—Ni yo.

—¿Y yo dónde almuerzo?

Cuando era adolescente los mendigos me daban lástima. Ahora me dan asco. No sé si eso me hace miserable, pero el hecho de cruzarme un mendigo me da náuseas. Los veo ahí en el suelo, con sus estatuas de un santo y sus perros, y me arqueo, les vomito en los pies. Algunos (muchos) siguen incólumes, hasta sonríen, supongo que no les da mucho asco mirarse en los zapatos el vómito de alguien, y hasta he pensado que podrían lamerlo, alimentarse, pero agarro un periódico y tapo el vómito, como cuando mi hijo orina en el suelo, y sigo caminando, porque si de algo quieren alimentarse no será de mi vómito, que es tan mío como una moneda. Mi vómito es algo que salió de mi estómago, y algo que me sale del estómago vale bastante, más que el hambre estúpida de algún mendigo, es más, aquel que tenga la oportunidad de que yo le vomite encima debería sentirse como cuando lo halagan a uno, satisfecho, así que una vez me limpié la comisura de la boca también sobre un mendigo, le escupí la cabeza, le puse periódico en la cabeza y seguí caminando.

Fumando por La Habana Vieja.

—Niño, regálame un cigarro.

—Este es el último.

—Bah, después compras otro.

En todo este asunto lo único que puede preocuparme es comprar el periódico, gastar una moneda en un periódico para limpiar los zapatos a un mendigo, que viene a ser lo mismo que echarle la moneda en el cajón, porque un periódico viene a valer lo mismo que un mendigo. Gastar una moneda en el periódico y hacer de él un cacho de papel útil le da valía, o sea que mi gesto puede considerarse un bien doble, un sacrificio en pos de un bien social, un bien que incluso, en términos de valor agregado, me da placer.

En la panadería.

—Niño, felicidades ante todo. ¿Tienes un peso ahí que me regales?

—Orula me prohibió dar dinero.

—Pero a mí Orula me mandó a pedírtelo.

Cabrones. Siempre ganan.

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Jesús Jank Curbelo
Jesús Jank Curbelo (La Habana, 1991). Padre de Ignacio en 2014. Graduado de Periodismo en 2016. Ha publicado Los Perros (novela, Guantanamera, 2017) y textos en revistas y antologías en dos o tres países. Guionista de espacios dramatizados para RadioArte (2013–2015). Reportero y columnista del diario Granma (2015–2018). Reportero en Periodismo de Barrio y columnista en El Toque.
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