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Mientras dure la guerra, un pretexto

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Existen, en varios textos españoles sobre Mientras dure la guerra, demasiados vicios. Quizás estos tengan que ver con fraccionamientos históricos que, por diversas causas, se han convertido en esfuerzos pospuestos mientras muchos los asumen como omnipresentes: las fases culminantes de cada pugna íntima durante los últimos siglos en esa nación han sido detenidas por tramas drásticas que, en lugar de liquidar los debates, acaban postergándolos. Siempre permanecen latentes, legítimos, pero se vuelven concurridos y estrepitosos en etapas en las que los argumentos se transforman en entusiasmos, y ya sabemos que el entusiasmo es un rito de paso hacia el paroxismo.

Bajo esta lógica, hay autores que han decidido agarrarse a una premisa basada en la continuidad para referirse a la última película de su compatriota Amenábar (si desde fuera asumimos al cineasta a partir de su nacionalidad, entenderemos mejor a esos críticos). Algunos conflictos que sucedieron en el país en los meses anteriores al gobierno de Franco serán, al parecer, eternamente antojables para que varios vean en aquellos antiguos trances una manera ramplona de identificación o de extrapolación asequible para mantener al lector en su realidad habitual.

Un diario catalán editado en castellano, por ejemplo, ha reconocido que, en Mientras dure la guerra, los paralelismos con la actualidad son inevitables. Luego habla del PSOE y un eslogan de campaña que parece una arenga similar a la que gritaba el general Millán-Astray (interpretado por Eduard Fernández) –“¡España!” – a sus soldados y a la que respondía el protagonista, Miguel de Unamuno (Karra Elejalde), con un mordaz “y pensarán que dicen algo”.

Todo lo anterior lo compendia en una entrevista, casi sin querer, el propio actor vasco: “la ideología viene dada de lo que tu madre cuenta que le pasó a tu abuela”. Elejalde apunta a esa prolongación que, digamos, definiría relatos comunes para miles de personas. A partir de dichas prolongaciones, entonces, pudieran comenzar vicios/trastornos/predisposiciones de cualquier tipo. Por ello, tal vez la película de Amenábar genere en la crítica española la apelación a conflictos que mantienen una determinada vigencia: porque nadie puede fugarse, aunque lo pretenda, de ciertos episodios que le contó un familiar.

Desde ese último punto de vista, no sobreviven únicamente los sucesos; perduran, probablemente con mayor fuerza, los criterios relacionados con esos sucesos: Franco no solo fue el dictador que condujo a un país durante poco más de treinta y cinco años; también era el hombre que inspiraba miedo. Y los juicios acerca de un fenómeno o persona pueden desviarse sobre la marcha –de hecho, entre constantes cambios de posturas transcurre gran parte de la vida intelectual de Miguel de Unamuno–, pero, por ejemplo, el miedo nunca se olvida.

Reitero: esas cuestiones emocionales a veces terminan trascendiendo más que el propio hecho o sujeto que las origina: cuando digan que la independencia de Cataluña ha sido una cuestión recurrente en la historia reciente española, quizás lo que leamos de esa afirmación sea que la incertidumbre y la decepción son temas no superados en ese territorio. Lo que se mantiene latente no es el debate sobre la independencia, sino las emociones implicadas a su alrededor. Esos sentimientos son tan comunes que parecen dispuestos para el reciclaje y, debido a ello, a veces pudiera parecer que las porfías no terminarán nunca.

Algo de razón tienen los críticos en sus consideraciones sobre Mientras dure la guerra. Varios conflictos sobreviven y Amenábar les sigue el juego en medio de una entrevista en la que intentan que hable sobre lo mismo: “hay una escena en la película muy emocionante, en la que Unamuno discute con su amigo y ex alumno Salvador Vila. Les cae la tarde y siguen quitándose la razón, robándose la palabra”. En esa escena –dice Amenábar– “vemos a las dos Españas desgastándose sin ponerse de acuerdo, y la cámara se aleja como diciendo: Esto no tiene arreglo”. Son las discrepancias efusivos pretextos para cualquier emoción reciclable.

P.D: Si quieres conocer más sobre el filme, a continuación puedes leer lo que publicábamos sobre sus nominaciones a los Goya. Ahí tendrás detalles de la sinopsis, algunas críticas y más. Recuerda que este texto que acabas de terminar era solo un pretexto.

Un filme que podrás ver en el Festival de Cine de La Habana lidera las nominaciones en los Goya


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