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Miguel Antonio Vargas: “Cuando uno juega en Cuba, el amor que siente por la pelota es distinto”

6 min


Miguel Antonio Vargas es uno de los principales prospectos en la organización de los Dodgers.

I

En el perfil en Instagram de Miguel Antonio Vargas (@miggy_13) aparece un video en el que resume su 2019: batazos por todos los ángulos del terreno, swings depurados, música de Yomil y El Dany de fondo (“¿qué sabes tú lo que es venir de cero…?”).

Ese video es una rareza entre sus publicaciones. En casi todas se lo ve acompañado. En solo una aparece bateando (en una entrevista, su padre, Lázaro Vargas, dijo que en EEUU a la hora de batear, los brazos iban por dentro). En solo una aparece a la defensa. En el resto sale con alguien más: amigos, compañeros y parientes (Halloween, días de descanso, Nochevieja, playa…). Miguel prefiere ocupar un espacio entre dos o más personas. Lo de Miguel, parece, tiene que ver con las complicidades que existen bajo cualquier concepto prolongado de familia.

II

“No me inicié en el béisbol con mi papá. Comencé con un vecino, en la cuadra”, me dice, vía WhatsApp.

“Nunca me presionó para que practicara deportes, pero cuando vio lo que yo podía hacer, se interesó más”.

III

Empezaron a llevar a Miguel a la Ciudad Deportiva, y luego trabajaría con entrenadores como Osvaldo Montalvo, Raúl Rodríguez y Canto. Tendría cuatro o cinco años.

Su mayor recuerdo de aquella etapa: “una vez estaba jugando en la categoría 7-8 en un estadio en Diez de Octubre. No me acuerdo exactamente dónde, pero sé que estaba en una loma. En el right field había como una pista de pelota. Yo cubría en la posición de pitcher, pero durante esos años no pitcheas todavía: solo te paras en la lomita y lanza el entrenador. Batearon un fly corto, me tiré al suelo y cogí la bola antes de que picara. Mis padres estaban con una alegría tremenda. Ahí fue cuando me empezó a gustar más la pelota. Cuando ves la alegría de tu familia después de que haces algo, es increíble. En ese momento no sabes ni por qué es la alegría”. (Ahora, si lo desean, pueden volver a leer el segundo párrafo del texto).

“Puse verdadero interés en la pelota después de los nueve años, cuando empecé a sobresalir. En el Nacional 9-10, en Matanzas, salimos campeones. Creo que fui el líder de los bateadores y me seleccionaron como el MVP”.

Le pregunto por sus habilidades como jugador en esos años. Miguel Vargas, buen bateador donde los haya, puede sorprender con cosas como esta: “mi principal característica era, y es, el amor que siento por jugar. Disfrutar tanto el deporte, creo, fue lo que me hizo sobresalir un poco. En mis tiempos de niño solo quería que llegara el fin de semana para competir de nuevo. Cuando uno juega en Cuba, el amor que siente por la pelota es distinto, inexplicable. Recuerdo que yo llegaba a la escuela y andaba todo el tiempo con una pelota de tenis; también me quedaba jugando después de los entrenamientos. Pero para mí, los fines de semana eran la gloria”.

Pronto, Miguel comenzó a acaparar la atención por sí solo. “Nunca sentí presión por ser el hijo de Lázaro Vargas. Siempre cargué con eso desde que era un niño y creo que me hizo mejor pelotero. Sin los comentarios negativos y sin el hecho de que mi papá es quien es, quizás yo no me hubiese exigido tanto. Siempre quería hacer más y más que lo que podía.

“Pude despuntar porque siempre se me dio la oportunidad de competir en categorías mayores a la mía. Hice todos los equipos en mi primer año. Mi hermano, Alejandro Pérez, que jugó en Industriales, también me ayudó mucho”.

Formó parte del Cuba en las categorías 9-10, 11-12, sub-15 y en el primer año del juvenil. En los concentrados nacionales y en otros, compartió con jugadores como Luis Robert Moirán, Jorge Luis Oña, Yusniel Díaz, Adrián Morejón, Adrián Gómez, Orlando Martínez, Omar Estévez, Lázaro Armenteros. “Representar al país siempre fue un sueño para mí, sobre todo, por tener la posibilidad de enorgullecer a mi familia”.

Me habla de Armenteros. “Él y yo estábamos en el último año del sub-15 y nos suspendieron de la escuela. No nos dejaban jugar. Habíamos tenido tremendo año en el Nacional y, casi al final, nos permitieron ir al Cuba. Nos reunimos y dijimos que teníamos que hacerlo lo mejor que pudiéramos porque no nos querían. Éramos como las ovejas negras. Me parece que fuimos los últimos en llegar a ese equipo. Finalmente fuimos campeones del mundo y los dos hicimos el Todos Estrellas”. Habla del Mundial efectuado en Sinaloa, México, en 2014.

Le pregunto por qué no los dejaban jugar. “No me metas en esa candela ahora (sonríe). Esa historia la vamos a hacer en otra entrevista por FaceTime. Vamos a hacerla los dos juntos, Armenteros y yo, y ahí la vamos a contar”, me dice.

Vargas debutó con quince años en la Serie Nacional. Foto tomada de baseballheart.

En la temporada 2014-2015, a los quince años, debutó con Industriales en un partido frente a Matanzas. “Fue uno de los momentos más tensos de mi carrera. Mi papá me sacó de emergente, creo que Adrián Sosa era el lanzador. Había miles de personas en el estadio ese día. Quería hacerlo bien, pero no me salieron las cosas. Estaba presionado. Me ponché.

“Llegué a los azules por un motivo: había muchos lesionados en el infield y yo podía desempeñarme en todas las posiciones del cuadro. Era lo que necesitaba el equipo en ese momento. Jugué alrededor de dos semanas e intenté hacer mi trabajo, que era cubrir mientras se recuperaban los que estaban lesionados. Me hubiese gustado llegar con mayor edad y más experiencia, pero fue lo que me tocó”.

En su única Serie Nacional tuvo solo 26 turnos al bate, conectó tres hits (un doble), empujó dos carreras y fue retirado en siete ocasiones por la vía de los tres strikes.

“Fue increíble la experiencia de jugar con tantos peloteros que veía mientras era un niño, aunque yo debuté siendo un niño. Cuando me vi rodeado de mis ídolos de toda la vida no sabía qué hacer. Yulieski pasó a jugar el campo corto el primer día que yo jugué. Me dejó jugar en mi posición y ya eso fue grandioso”.

IV

En noviembre de 2015 sale de Cuba junto a su familia. Se dirige hacia Bahamas. Allí, Miguel asiste a un tryout ante varios equipos. Luego van a verlo los Dodgers en una presentación solamente para ellos. “Mostraron interés desde el inicio, pero siempre hablaron de temas como el tope salarial, y me ofrecieron 300 mil dólares, debido a multas que tenían. No me arrepiento para nada de haber firmado con ellos, sino todo lo contrario. Estoy muy contento por formar parte de esa organización.

“Salí de Cuba en el momento exacto. El nivel al que juego aquí es mucho más alto que el que yo podría estar viendo ahora mismo allá. Nunca me visualicé con un futuro en mi país y siempre quise probarme en el mejor béisbol del mundo. Vine a demostrar, además, que las cosas que podía lograr, podía conseguirlas por mí mismo, con mi trabajo diario. También decidí dar ese paso porque quiero seguir manteniendo el legado que dejó mi padre. Él tuvo la oportunidad de jugar acá, pero eran otros tiempos y ahora cree que yo puedo llegar y me basta con enorgullecerlo algún día.

En 2018 finalizó con slash line de .330/.404/.465, con 15 dobletes, dos jonrones y 30 empujadas en niveles Rookie y A. El año pasado cerró con línea ofensiva de .308/.380/.440, con 38 dobles, siete cuadrangulares y 77 remolcadas en A media y A avanzada. Fue seleccionado en el All-Star de los Dodgers en Ligas Menores. Según Baseball America, fue el mejor antesalista de Clase A media. En este 2020 pudo haber subido al elenco de AA, pero llegó la pandemia y frenó esos planes.

“En 2019 cambiaron muchas cosas. Hice varios ajustes en el bateo. Me preparé con Yunieski Gurriel y realizamos muchos cambios en la forma de batear, en la mecánica. También trabajé con Leugim Barroso. Ambos fueron factores determinantes en la mejora de mi rendimiento.

“En estas dos temporadas en las que he jugado profesionalmente, me he enfrentado a pitchers que llegan hasta 101 millas en la recta, y todavía no he llegado a Grandes Ligas. Estoy hablando de un nivel medio, pero el juego en general, los movimientos de los jugadores, la preparación… son cosas muy serias”.

Ahora, Miguel (20 años), dice, se ha vuelto mayor, inevitablemente. “Vives solo, tienes que cocinarte… Es difícil adaptarse, pero hay que entender que la vida cambia”.

V

Le pregunto cómo sería su debut soñado en la MLB.

“Solo quisiera que mi familia y mis amigos pudieran estar ahí para verme. Es mi sueño y es también el de ellos. Lo demás queda en manos de Dios. Que sea lo que él quiera”.

Hay pocas imágenes en las que Miguel Vargas aparece solo. Ocurre también así, incluso, en las imágenes que todavía no existen.


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