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Miguel Pérez, el lanzador que conectó jonrón en su única comparecencia en Series Nacionales

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Miguel Pérez Sanamé. Foto cortesía del entrevistado.

El jonrón es el momento cumbre en el juego de béisbol. Conectar un batazo de cuatro esquinas significa, para la mayoría de bateadores, motivo de sobra para darle la vuelta al cuadro con una sonrisa en el rostro.

Si fuéramos a hablar de cuadrangulares en la Serie Nacional (SN), habría que mencionar un montón de célebres sluggers que lograron fama por sus largos estacazos. Sin embargo, existe otro grupo de peloteros no tan célebres, cuyos jonrones han entrado a la historia por razones curiosas.

En esa selecta lista está el lanzador holguinero Miguel Pérez Sanamé, quien sólo tuvo una comparecencia al bate durante toda su carrera en Cuba, y precisamente en esa ocasión sacó la pelota del parque. Sucedió en la 34ta. SN, cuando aún se jugaba con aluminio. En esa jornada, Holguín se quedó sin designado ante Cienfuegos, y el derecho Pérez debió plantarse en el cajón de bateo.

Era la entrada número 11 en el estadio Calixto García, y los locales iban perdiendo 9-8 frente a los cienfuegueros. Al comparecer Miguel, encontró par de compañeros en circulación e igual cantidad de outs en la pizarra. En medio de tal situación, y en conteo de una bola y dos strikes, el lanzador de los Cachorros le conectó a un envío de su oponente y desapareció la pelota, para dejar al campo al elenco sureño y decretar la victoria de los suyos. Ni antes, ni después, otro serpentinero cubano ha logrado repetir semejante hazaña en nuestras lides nacionales.

Por si fuera poco lo de tal anécdota, hay que decir que Pérez Sanamé también tuvo sus logros desde la lomita. Baste con decir que se encuentra entre los cien mejores ponchadores de la historia post ‘59 de nuestro béisbol, pues logró “cruzar” con sus lanzamientos a los rivales en un total de 766 ocasiones, y así promediar poco más de siete “cafés” por cada nueve entradas de labor (7.27, exactamente).

Además, el holguinero fue campeón en la cita del orbe de la categoría juvenil, celebrada en Monterrey en el año 1992, y esa misma temporada debutó en la SN, en donde defendió los colores de Holguín hasta el curso 1998-1999.

Cubalite logró rastrear al otrora lanzador de la tropa nororiental, y con él conversó sobre su carrera en la Isla y su posterior recorrido por el béisbol en otras latitudes.

¿Pasaste por algún otro deporte antes del béisbol?

No. Yo siempre quise ser lanzador, sin dudas. Desde que comencé mi carrera me sentí atraído por esa posición, aun cuando muchos compañeros preferían batear jonrones e impulsar carreras. Luego, comencé a desempeñarme en la Serie Nacional y tuve la posibilidad de cumplir mi sueño de jugar al máximo nivel de la pelota cubana como pitcher.

¿Qué atletas seguiste más como aficionado y como compañero?

Uno de los atletas que más admiré cuando vivía en Cuba fue José Luis Alemán, que era del oriente igual que yo. Mi papá era un gran fan de él, y luego yo también empecé a seguir sus actuaciones por la radio y la televisión. Llegó a convertirse en un ídolo, en una leyenda para mí.

También sentí mucha simpatía por el pinareño Pedro Luis Lazo, un hombre con mucha paciencia y dominio sobre el box. Tuve la suerte de poder compartir con él en varios entrenamientos, y ahí pude aprender de sus virtudes e intenté incorporarlas a mi propio estilo para poder tener más herramientas que me ayudaran a triunfar.

¿Cuáles eran tus mayores alegrías sobre el terreno?

El pitcher tiene que tratar de disfrutar todo el tiempo que pasa sobre la lomita. Cada lanzamiento, cada out, cada fildeo debe vivirse como si fuera el último. Personalmente, los ponches eran los momentos que más satisfacción me daban. Recuerdo que cuando sacaba por esa vía a algún miembro del equipo Cuba, sentía un orgullo enorme, porque para mí aquello significaba que yo estaba a su nivel, o sea, que era de los mejores.

Otra cosa que me gustaba muchísimo era relevar contra equipos grandes como Industriales, Santiago de Cuba y Pinar del Río. Daba igual si me tocaba hacerlo dos veces en el mismo día, como sucedía normalmente los domingos. La cosa es que esa fue una época de grandes jugadores, y era un placer poder entrar al terreno y enfrentarme a los peloteros más destacados del país y probar mi calidad ante ellos.

¿Cómo recuerdas tu época de pelotero en Cuba?

Según he podido comparar, por conversaciones que he tenido con peloteros activos con quienes me he cruzado, el béisbol de antes en Cuba era diferente a como se vive ahora. Para poder ganar un juego en ese tiempo había que “partirse la madre”, como dicen amigos de otros países. En nuestra provincia teníamos un pitcheo bastante aceptable, pero en la parte del bateo estábamos más pobres. Esas condiciones hacían que sacar cada partido adelante se convirtiera en una prueba durísima para nosotros.

Nosotros en Holguín no estábamos ni cerca de los mejores de Cuba, pero sí entrenábamos como si lo fuéramos. Poníamos el corazón en las prácticas. Recuerdo que el entrenador Rafael Castillo cogía una bicicleta y nos sacaba a correr al mediodía. Ahí cogíamos carretera bajo el sol, y nos pasábamos de 45 minutos a una hora corriendo. Era duro, pero nadie se quejaba.

¿Por qué decidiste marcharte de Cuba?

Durante años para mí todo estuvo bien, pero luego llegó un momento en que me sentí muy decepcionado por malas decisiones que me afectaron como atleta. Recuerdo que en 1999 tuve una temporada buena, en la que quedé entre los mejores lanzadores del país, a la par de un grande como José Ibar. A pesar de mi rendimiento, al final del año me dejaron fuera de la preselección, y eso me hizo sentir muy insatisfecho.

Todo eso que pasó me desconcentró de mis objetivos aquí, y luego vino alguien que me habló de la posibilidad de jugar en otro país. Así fue que junto a mi compañero de equipo, Julio César Villalón, tuve una conversación con un agente de Grandes Ligas, quien nos dijo que, si dábamos la talla, podía conseguirnos un contrato para jugar en el mejor béisbol del mundo. Aquello me motivó nuevamente y encontré un nuevo camino para  mi carrera.

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¿Cómo fue el tránsito hacia la pelota profesional?

Salimos de Cuba hacia República Dominicana, en donde hicimos una estancia de alrededor de dos meses. Más adelante nos trasladamos a Costa Rica y ahí obtuvimos la residencia. Aproximadamente un año después Villalón logró firmar.

Yo me demoré más, porque como resultado de una caída sufrí una lesión en el hombro y debí recuperarme. Primero estuve en una liga independiente, y al tiempo, cuando estuve completamente recuperado, me fui a la Liga Venezolana. Luego sí logré fichar por los Mets, quienes me enviaron a jugar a AA con su filial de Binghamton.

Sin embargo, entre mi lesión y la edad que ya yo tenía, no pude llegar tan lejos como quisiera en la pelota profesional norteamericana. Eso sí, tengo que decir que me mantuve cuatro años en diferentes categorías, y estoy satisfecho de mi desempeño, a pesar de todo.

Tras esa etapa en Estados Unidos, me marché a México, en donde estuve con los Saraperos de Saltillo y finalicé mi etapa en activo en 2016, jugando en Nicaragua.

Miguel Pérez dejó su huella en el béisbol nica, pues en la campaña 2004-2005, cuando vistió la camiseta de los Leones de León, implantó un récord de ponches que se mantiene vigente hasta la actualidad (99 en 86.2 entradas).

¿A qué te dedicas hoy?

Después de retirarme, me fui a trabajar con Vicente Padilla, ex Grandes Ligas, en su academia. Allí estuve hasta 2018, cuando él cerró el proyecto, y entonces recibí la oferta de otro sitio para trabajar con muchachos jóvenes.

Actualmente vivo en Managua y trabajo en la academia Las Perlas, con muchachos de entre 14 a 16 años, para ayudarlos a desarrollarse y poder firmar con alguna organización de Grandes Ligas.

¿Cuál es tu opinión sobre el béisbol cubano actual?

Mucha gente dice que la pelota en Cuba ha caído bastante, pero no creo que sea tanto así. Lo que pasa es que muchos peloteros buenos se han ido a otras ligas, y eso ha hecho que la calidad se encuentre dispersa en otras latitudes. Sea como sea, el béisbol cubano siempre será bueno y nunca dejará de estar entre los mejores del mundo.

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