Nadie te hablará de “State of the Union”, la mejor serie del año

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El de Tom y Louise parece ser un matrimonio sin solución. Foto: Sundance TV.

Nadie vendrá a decirte algo sobre State of the Union. Si algo te dirán, será esto: británica, dos personajes, escenarios mínimos (un pub, una mesa, dos copas), capítulos de diez minutos aproximadamente (la serie dura alrededor de una hora y cuarenta cuando terminas el décimo), demasiada verborrea, demasiado existencialismo… la terapia de pareja no funciona. Louise (Rosamund Pike) y Tom (Chris O’Dowd). Sus problemas. Los tuyos. Después de esto, ¿por qué decimos que State of the Union es, hasta ahora, la mejor serie del año?

  • ¿Has escuchado, en 2019, un diálogo similar a este?…

Tom: Creo que hoy puedo decir lo que quiera y te reirás igual. Dentro de los límites de la razón.
Louise: No pongamos en práctica esa teoría.
Tom: Aunque hay un problema ¿Qué es la razón? He ahí un tema de conversación.
Louise: Seguro que tenemos bastantes temas de conversación sin tener que ahondar en la historia de la filosofía occidental.
Tom: Es verdad ¿Cuál era el filosofo que hablaba de razón? Quiero decir que era Kant. Quiero decirlo y lo diré: Kant. Ya está, lo he dicho ¿Lo compruebo?
Louise: No, por favor. Solo tenemos unos minutos.
Tom: ¿Estás segura? Solo será…
Louise: Sí, estoy segura, pero gracias igual, ¿cómo están los niños?

  • Porque Nick Hornby, su guionista y creador, es demasiado Aaron Sorkin (decir Aaron Sorkin es decir “un tipo que entiende, mejor que muchos, la divagación humana”) . Es, además, un señor que en algún momento llegó a escribir, en uno de sus libros, un fragmento como este:

    —Oye, Barry, si yo te dijera que de momento no he visto Reservoir Dogs, ¿tú qué entenderías?

    Barry se me queda mirando.

    —Dime, ¿tú qué entenderías? Piensa bien en esa frase: de momento no he visto Reservoir Dogs.

    —Pues que eres un mentiroso. Una de dos: o me estás mintiendo o te has vuelto loco, porque la has visto dos veces. Una con Laura, otra conmigo y con Dick. ¿No te acuerdas? Luego estuvimos hablando un buen rato sobre quién mata al señor Rosa, o al color que fuera.

    —Sí, sí, ya lo sé. Pero imaginemos que no la he visto, y que te digo entonces: de momento no he visto Reservoir Dogs. ¿Tú qué pensarías?

    —Pensaría que estás enfermo y me darías lástima.

    —No, lo que quiero que me digas, cuando oyes esa frase, es si piensas que tengo la intención de ir a verla.

    —Pues espero que sí, claro, porque si no tendría que pensar que no eres amigo mío.

    —No, espera. Es que…

    —Perdona, Rob, pero no me entero de nada. No entiendo adónde quieres llegar con esta conversación. Me estás preguntando qué pensaría si tú me dijeras que no has visto una película que sí has visto. ¿Qué se supone que tengo que decir?

    —Tú escúchame bien. Si yo te dijera…

    —… que de momento no has visto Reservoir Dogs, ya lo sé, ya lo has dicho antes…

    —¿Tendrías…, tendrías la sensación de que me gustaría ir a verla?

    —Bueno… Puede que sí, pero tampoco pensaría que te mueres de ganas de verla, porque en ese caso ya habrías ido antes, ¿no?

    —Exacto. Fuimos la noche del estreno, ¿verdad?

    —Pero al decir de momento… Sí, yo diría que sí te apetece ir a verla. Si no, dirías que no te tienta demasiado.

    —En tu opinión, ¿está claro que iría a verla un día de éstos?

    —¿Y cómo quieres que lo sepa? Quién sabe, a lo mejor te atropella un autobús, o te quedas ciego, o te pasa otra calamidad. A lo mejor te quitas la idea de la cabeza; a lo mejor te quedas sin blanca, o puede que te hartes de que todo el mundo te vaya diciendo que la tienes que ver, que no te la pierdas.

    Eso no me gusta nada.

    —¿Y por qué iban a decírmelo? ¿Qué le importa a la gente que la vea o que no?

    —Hombre, claro que importa: es una película buenísima. Es divertida, es violenta, salen Harvey Keitel y Tim Roth, tiene de todo. Y encima, tiene una banda sonora descomunal.

    A fin de cuentas, puede que no sea posible comparar Reservoir Dogs con el hecho de que Ian se acueste con Laura. Ian no tiene ni punto de comparación con Harvey Keitel y Tim Roth. No es ni mucho menos divertido, ni violento, y tiene una banda sonora que da asco, al menos a juzgar por lo que a veces nos llegaba del otro lado del techo. Bueno, ya basta.

    De todos modos, no deja de preocuparme ese «de momento».

  • Hablábamos de Hornby y Sorkin. Si Sorkin es un maestro de la divagación, Hornby es un maestro de las pausas en medio de las divagaciones. Seguimos.
  • ¿Has visto Carnage y todo de lo que es capaz Roman Polanski en Carnage? State of the Union es menos catártica, hay más sosiego.
  • Atiende, como pocas, a lo que sucede fuera de los frames en que aparecen Tom y Louise. La “extrahistoria” de la serie es la historia en sí. Piensen en el 2019, hagan un breve rewind y dígannos si alguna producción de este año se ha ocupado de esas nimiedades “exteriores”. Piensen en el 2018, 2017, 2016…
  • Es un material tan portátil como Love, death and robots. Es, quizás, más cínica, más ácida.
  • Los referentes de los gags están, a veces, demasiado distantes (y eso es una virtud): la vida sexual, por ejemplo, se podría resumir a Usain Bolt lesionado…
  • En una serie tan breve, la administración del tiempo es, a priori, la única solución posible. A Hornby poco le importa. Para Hornby, el tiempo va de un tipo quejándose de una mujer, y viceversa (y una consecuente colección de divagaciones que quizás no terminan en nada en absoluto).
  • El director, Stephen Frears, ya tenía experiencia con las estructuras dialógicas. Dangerous Liaisons, por ejemplo, es un filme basado en una novela epistolar. Nada más dialógico que lo epistolar ¿Qué podría, entonces, fallar en State of the Union?
  • Otro diálogo que queremos dejarte (que conste: no intentamos convencerte de que la veas, ni nada por el estilo):

Tom: ¿Cuántas veces te acostaste con este tipo?
Louise: Cuatro.
Tom: ¿No fueron tres?
Louise: No. Un error. Tres repeticiones del error original, siendo la primera vez… algo así como el pecado original, y las otras tres veces… réplicas.
Tom: A ver, no se puede decir que cuatro veces fueron… por accidente. Ya costaría considerar una vez como algo accidental, siendo sincero ¿Cómo quedaría eso?
Louise: Mira, tuve una aventura. ¿Pero no te consuela que fueran… cuatro veces en lugar de cuarenta?
Tom: No, de verdad que no. Una vez que ya lo has hecho cuatro veces, bien lo puedes hacer cuarenta.
Louise: Creo que si hubieran sido cuarenta, estaríamos teniendo otra conversación.
Tom: Sí. Una donde diríamos muchas veces cuarenta en lugar de decir cuatro.


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