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“Para la vida”, los spots que te motivaban a ser mejor persona y luego desaparecieron de la TV

3 min


Recientemente ha circulado un meme en las redes sociales que nos ha hecho reflexionar y retornar en el tiempo. Ni siquiera haremos la pregunta de si alguien recuerda los spots Para la vida, porque damos por sentado que, si tienes más de 15 años, sabes de lo que hablamos.

La popularidad de estos audiovisuales se debió a varios factores: el horario (transmitidos después del noticiero y antes de la novela); la duración (cortometrajes de menos de un minuto) y la realización (diseño sencillo y voz en off con determinados mensajes). Quizás también la apuesta por rostros desconocidos y otros reconocidos, además de la universalidad de los temas tratados (servían de enseñanza para niños, jóvenes y adultos) hicieron que este espacio se quedara en nuestras memorias.




No sabremos a ciencia cierta si lograron su objetivo de concientizar o hacernos mejores personas, pero de que alcanzaron popularidad no hay ninguna duda.

Hace pocos años, uno de los encuentros de debate, Comunicar TV, en el que se analizaba el impacto de los distintos programas de la televisión cubana, se dedicó al tema de las campañas de bien público y se definió a este tipo de audiovisual como “una serie de spots de unos tres minutos aproximadamente, los cuales intentan llevar un mensaje educativo a los televidentes”. Como clave de su éxito, ahí se planteó que se “debe acudir a un lenguaje artístico para poder persuadir. El contenido y la realización de los spots deben seducir desde el primer segundo”.

Lo anterior coincide casi completamente con las imágenes que guardamos en nuestra memoria sobre Para la vida.




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Existe uno enfocado en la importancia de la sencillez, la humildad y el desapego de las cuestiones superficiales. Para exponer su argumento, aparecía una abuela (Norma Reina) confeccionando una saya para su nieta (Ingrid Cruz). A ambas actrices las teníamos bien presentes por sus actuaciones en La sombrilla amarilla como Marcolina y Chele, respectivamente. Luego, esta última llegaba a una fiesta con su sayita “hecha en casa” y un grupo de muchachas -entre ellas destacaba una jovencísima Yía Caamaño- se burlaba de la ropa, pero resulta ser que el galán de la fiesta, sin importar apariencias ni vestimenta, se fijaba en la joven que bailaba feliz con la prenda hecha por su abuela. “Los sentimientos de satisfacción y seguridad interior no se alcanzan con los medios materiales”, concluía con voz en off.




También sobre la apariencia había otro, en formato de dibujos animados, acerca de unas aves que se reían de otra que era diferente, pero esta, a pesar de ello, mostraba valentía y salvaba a la que corría peligro, con lo cual se ganaba la admiración del resto.

En algunos se particularizaba en personajes arquetípicos: así recordamos, por ejemplo, a Adriana, la muchacha a la cual le parecían indiferentes las labores domésticas de su hogar; Javier, el niño que, luego de regresar de la escuela, se iba a jugar con el uniforme puesto, o el viejo Andrés (quizás el más célebre de todos), quien se iba a morir solo si no cambiaba su actitud.

No parecía escapársele ningún tema: veíamos representaciones relacionadas con las personas con discapacidades, el cuidado del medio ambiente… Un día, sin más, desaparecieron estas producciones de las pantallas. Jamás volvimos a verlas y nunca sabremos por qué ¿Cuál proceso habrá ocurrido para que a algún decisor le haya molestado un espacio tan popular?

P.D: Te dejamos con tres spots que encontramos en YouTube:





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