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10 de las parejas más recordadas del cine cubano

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El 14 de febrero ya está sobre nosotros, y llega, como siempre, con su festival de rituales y celebraciones que la cultura popular nos ha inoculado. En un día como este, en que debería dar igual si tienes pareja, estás buscándola o si te encuentras felizmente solo, en Cubalite hemos elegido pasar de las convenciones sociales más manidas y, en lugar de proponerte trucos para enamorar o pasar una noche inolvidable, tiramos del archivo cinematográfico para traerte algunas de las historias de amor más recordadas del cine cubano.

Esperemos regresarte a unos cuantos buenos momentos frente a la gran pantalla y, de paso, motivar a nuestros fieles lectores a descubrir —o repetir— con las historias que más les hayan llamado la atención ¡Feliz San Valentín!

Ernesto y Nereida (Clandestinos, 1988)

“Te la voy a entregar viva. Viva mari…” es la frase que despide —seguida de una ráfaga de ametralladora— la historia de estos amantes insurrectos y opuestos a la dictadura batistiana de los pasados años 50. Ambos han trascendido en la historia del cine como el ejemplo más ilustrativo del amor trágico, al estilo de Romeo y Julieta.

Más allá de la dura trama que presenta la cinta de Fernando Pérez, las actuaciones de Isabel Santos y Luis Alberto García conmueven incluso más. Si necesitan un complemento, no dejen de buscar el cartel promocional de la película, una joya de todos los tiempos.

Cecilia Valdés y Leonardo Gamboa (Cecilia, 1981)

Otro ejemplo con un final de alto impacto es el de esta cinta, inspirada en la novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, obra más notable del criollo Cirilo Villaverde. El amor entre la mulata bastarda (Daisy Granados) y el niño rico (Imanol Arias) retrata todas las complejidades de una época marcada por la terrible esclavitud imperante en Cuba y, a la vez, usa elementos del sincretismo religioso para dar un sentido mágico-realista a la trama. Excelso fue el trabajo del desaparecido Humberto Solás, quien logró capturar el espíritu original y crear una pieza antológica de nuestra cinematografía.

Elpidio Valdés y María Silvia Engracia Redondo y Aiguesvives (Elpidio Valdés, 1979)

Este dueto de amantes ocupa, inobjetablemente, el primer puesto de preferencia en el animado cubano. Ambos, pillos-insurrectos-manigüeros-mambises, han quedado en la memoria colectiva como un ejemplo de patriotismo, buen humor y rebeldía, gracias a sus aventuras anticolonialistas en la Guerra del ’95. A ambos los seguiremos desde el momento en que se unen a la revolución, hasta su viaje a la norteña Tampa, hechos relatados en la secuela (Contra dólar y cañón, 1983). Por si fuera poco, un montón de cortos han ampliado su leyenda con frases como: “Ño, María Silvia vieja” o “Ese torpedo explota”.

Diego y David (Fresa y chocolate, 1993)

Aunque no podemos llamarla una pareja como tal, pues ambos no llegan a compartir nada más que una bella amistad, Vladimir Cruz y Jorge Perugorría hicieron que sus respectivos personajes el iluso militante comunista y el intelectual homosexual, comenzaran a cambiar la manera en que se percibían ciertos temas considerados como heréticos y tabúes. La escena final, que incluye un memorable abrazo de despedida cerca del Cristo de La Habana, es, posiblemente, una de las muestras de amor más grandes jamás vistas en las pantallas de cine cubanas.

Teresa y Ramón (Retrato de Teresa, 1979)

Daisy Granados y Adolfo Llauradó tuvieron varios “matrimonios” cinematográficos, el primero de ellos estuvo representado en esta producción que estuvo a cargo del realizador Pastor Vega, esposo real de la actriz. De esta lista, la dupla de Retrato… es seguramente una de las más recordadas, más que todo por el realismo que aportan estos dos “monstruos” a las escenas que comparten, y también porque sus personajes representan visiones opuestas de una sociedad que, por un lado, todavía veía a la mujer como un ser destinado a la maternidad y el cuidado del hogar, mientras que del otro, la fémina se erigía como un ente independiente y capaz de realizarse más allá de los espacios tradicionales.

David y Ofelia (Una novia para David, 1985)

Después de pasarse hora y media de un lado para otro, al final, el guajiro David (Jorge Luis Álverez) se da cuenta de que Ofelia (María Isabel Díaz), la muchacha “puntualita” y “concientona” de la escuela, lo ha enamorado con su forma de ser noble y apasionada. Es en ese momento cuando decide pasar de la belleza de la clase (Edith Massola) y declararle su amor a la gorda, que sí, siempre tuvo muchos sentimientos.

Lucía y Rafael (Lucía, 1968)

Otro par que protagoniza un relato con final terrible. Una bella aristrócrata independentista (Raquel Revuelta) se enamora de un oficial español (Eduardo Moure), y lo que de inicio resulta una pasión única e irrepetible, termina de una forma descompuesta, con Lucía siendo traicionada por su amante y convertida en una furia, en lo que constituye una de las secuencias más emotivas y poderosas de cuantas se han filmado en esta Isla.

Pepe y Lola (Vampiros en La Habana, 1985)

Un joven trompetista que resulta ser un vampiro “de raza”, y su novia, una mulata de armas tomar, son los grandes protagonistas de esta hilarante comedia que combina chupasangres, mafiosos y esbirros machadistas en la convulsa Habana de los años 30. Juan Padrón, el “papá” de Elpidio Valdés, creó aquí una de sus obras más imperecederas, y con Pepito y Lola se las arregló para mantener el chiste en el aire sin perder la tradicional sensualidad que caracteriza a los nacidos en el archipiélago.

Anacleto y Lola (Inocencia, 2018)

El amor cándido y juvenil de estos muchachos se ve mutilado por la represión colonial española, que elige encarcelar y privar de sus vidas a ocho jóvenes a los que consideran traidores de la peor calaña. Tan súbita es su forzada separación, que ni siquiera tiene tiempo de compartir un único beso que les conecte físicamente. No obstante, ambos estarán vinculados para siempre en el alma de ella, quien elige una vida de soledad antes de olvidar lo que alguna vez sintió por su novio mártir.

Emilito y Magdalena (Los pájaros tirándole a la escopeta)

Dos muchachos (Alberto Pujols y Beatriz Valdés) inician una relación y al principio no hay nada malo con ello… luego sí. Resulta que la madre de él se hace novia del padre de ella, y a partir de entonces los enredos serán frecuentes. Aunque es una comedia ligera, esta propuesta escrita y dirigida por Rolando Díaz, se suma al debate antimachista y aporta una dinámica diferente a un género aparentemente saturado de clichés y frases “refritas” hasta el hartazgo.


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Un comentario

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  1. Anacleto y Lola está un poco forzado. No son lo suficientemente populares como para estar en el top 10.

Sandy Mederos

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