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Rolando Tucker: “Soñé con construir un robot como ingeniero, pero conseguí tres títulos mundiales en esgrima”

13 min


Rolando Tucker. Foto cortesía del entrevistado.

En Virginia, en la parte más cercana a Washington, vive hace algunos años Rolando Tucker León. Si desea llegar a la Casa Blanca, en 25 minutos lo cumple. No le interesa moverse de esa zona, entre otras cosas, por su estabilidad económica. Incluso, cuenta el santiaguero, en épocas de crisis es de las que menos ha sufrido, según le han dicho. Él, que hoy es profesor de esgrima, tiene más posibilidades, en comparación con residir en otro estado, de que la gente acuda a sus servicios y gasten dinero en una actividad deportiva.

A pesar de esa estabilidad, el nacido el 31 de diciembre de 1971 siempre está pensando qué hará si algo malo ocurre. Pone un ejemplo: si se encuentra en una discoteca y la fiesta está muy buena, lo primero que hace es localizar las salidas de emergencias por si sucede un incendio. Mientras tanto sigue disfrutando del buen ambiente.

De Virginia también le gusta al titular mundial individual de florete, en la edición de Atenas 1994, la pluralidad de culturas. Dice que hay muchos chinos, indios, negros, “y eso me encanta, la diversidad. Es importante para el crecimiento mío como persona”. Está obligado a salir de su zona de confort, la dinámica de vida le exige estudiar y hablar inglés. “Me falta ganar en vocabulario y el conocimiento en profundidad del lenguaje para poder hablar de conceptos abstractos, como en el español”.

En España hay una frase popular que dice “el que esté bien, que no se mueva”. Eso ha hecho uno de los esgrimistas más grandes que ha parido Cuba. Con tres coronas mundiales (una individual y dos por equipo) y un subtítulo del orbe, Tucker se aferra a la serenidad y la felicidad de su gran ciudad, junto a sus hijas Ariadna y Frida y su esposa española Mari Carmen. Le interesa mucho que sus descendientes se nutran de esa diversidad y que aprendan lo mejor posible el inglés.

Una mañana de junio, el floretista cubano conversó con Cubalite acerca de su vida y terminó casi a las 3 de la tarde. Con una voz pausada, musical y reflexiva, habló sobre el deporte que le apasiona y de cómo lo encumbró durante buen tiempo a la punta del ranking mundial. Asimismo explicó dónde está el paralelismo entre la esgrima y la ingeniería que estudió y terminó en la Cujae. Habló de amor, de detalles, de añoranza, de camaradería, de la dialéctica de la vida…

«Me gustaría contar otra historia más romántica, pero mi iniciación fue simplemente así»

Mi incursión en la esgrima fue resultado de ser un niño muy activo. En sexto grado me apunté en ese deporte, porque lo mío era estar involucrado en algo en que emplear mi tiempo por las tardes en el colegio. Me gustaría contar otra historia más romántica, pero mi iniciación fue simplemente así. Sencillamente así, como las pequeñas cosas de la vida, descubrí un gran amor hacia la esgrima que me acompañará para siempre.

Agarré el florete porque no había otra cosa cuando yo empecé. Tuve una profesora muy interesada en sus alumnos, Nery Quesada Lorda, que aprovecho para mandarle un beso. Hay que hacerle un monumento a esa mujer por tanto esfuerzo, todavía mantengo el contacto con ella. Cada vez que quería probar algo nuevo, como niño al fin, y no iba al salón de entrenamiento, pues ella se aparecía en mi casa y me llevaba de vuelta. Por eso tengo que decirle gracias mil veces.

«Fue una etapa muy fresca, deliciosa y espontánea»   

Javier Sotomayor y Rolando Tucker. Foto cortesía del entrevistado.

Fue una etapa muy fresca, deliciosa y espontánea, me divertí mucho en cada competición. Lo que me movía era la pasión por una actividad que me parecía muy divertida, intelectualmente involucraba y demandaba, creo yo, grandes aptitudes, porque es una disciplina que te exige pensar y engañar al contrario. A mí me gusta el ajedrez, Elvis Gregory y yo solemos decir que es un ajedrez con punta.

En el colegio me iba muy bien, me gustaba mucho la Matemática y la Física, se me daban fácil. Tenía que haber ido a hacer los exámenes para ingresar al pre de Ciencias Exactas, pero por mi despisteno estaba yo pendiente de las fechas de las pruebas, pues se me pasó cuándo eran y a mi profesora igual. Sólo hice el de Matemática y lo aprobé. Entonces ese año gané los Juegos Escolares y al no entrar al pre de Ciencias Exactas, pues ingresé a la ESPA Provincial.

Allí estuve dos años y luego pasé a la ESPA Nacional. En 1991 representé a Cuba en un evento en Estados Unidos, acudí a los Juegos Juveniles de la Amistad, mi actuación no fue muy buena, y también estuve en un Campeonato del Mundo junior, donde quedé en el 20.

«Ese sí fue un momento mágico y bonito, sí señor»

Todavía como juvenil, competimos con el equipo nacional en el certamen del orbe de Budapest, Hungría, 1991. Fue el primero que ganamos.

Ese sí fue un momento mágico y bonito, sí señor. Imagínate un chaval de 19 años, por primera vez en un equipo nacional de mayores. No fue casualidad ni me regalaron mi presencia allí, pongo la vista atrás y veo que inconscientemente me esforcé mucho, pero sólo porque no se me ocurría hacer otra cosa, quería entrenar y mejorar. Ni siquiera tenía la ambición de ganarle a fulano o ser el mejor.

En ese equipo todos eran figuras: Guillermo Betancourt, Tulio Díaz, Oscar García y Elvis Gregory, eran palabras mayores hablando esgrimísticamente en Cuba. Yo era el quinto hombre, suplente. Competí ante México, pero ya contra los grandes equipos como Polonia, Hungría o Italia yo no tiraba, estaba en el banquillo, muy nervioso porque mis compañeros ganaran. La camaradería y la comunicación funcionaron a las mil maravillas en ese torneo.

Llegamos a la semifinal y Betancourt, primero o segundo del equipo, se lesionó en su último combate, pero consiguió dar su último toque. Luego Elvis vino, ganó y pasamos a la final, donde me dicen que tengo que tirar, ante la lesión de Guillermo. El equipo contrario —Alemania— intimidaba, con el campeón y el subtitular mundial individual de ese año, además de un segundo lugar olímpico y el cuarto hombre también era mejor que yo.

Cuba, tengo que decir, jamás había estado en una final, solo un bronce a ese nivel y hacía mucho tiempo. Me decía una y otra vez que yo no podía echar a perder la medalla de oro, no sabía cómo la lograría. Así fue, me planté ahí, y con el primero que tiré fue con Udo Wagner, medallista olímpico. Cada vez que yo daba un toque la grada se caía, me preguntaba si me encontraba en Cuba o en Hungría. El 90 por ciento estaba con nosotros.

Gané aquel combate y perdí luego dos, pero hice mi trabajo como suplente, era alguien con quien casi no se contaba. Mis compañeros hicieron el resto: un equipo se trata de eso, de que cada uno haga lo debido por los demás. Ese título lo recuerdo como la mayor alegría que me ha dado la esgrima, no digo la vida porque tengo dos hijas y una esposa brillantes. Pero está muy cerca.

Tucker como parte del equipo cubano de florete en la Universiada de 1999. Foto cortesía del entrevistado.

«Barcelona 1992, preciosos Juegos a los que no asistí»

Barcelona 1992, preciosos Juegos Olímpicos a los que no asistí. No clasifiqué en el equipo cubano y existieron varios factores que influyeron en eso. Entrenaba porque me gustaba mucho, fui subiendo, hice equipo nacional, pero no era mi objetivo fundamental. Yo quería ser ingeniero, en la ESPA Nacional me preguntaron qué deseaba hacer en el futuro y yo dije que construir un robot. Me fascinaban la computación, la robótica, la matemática, sin tener muchos conocimientos, apenas unas nociones.

Estudiaba Ingeniería Electrónica en la Cujae y de vez en cuando debía dejar los entrenamientos y dedicarle tiempo a los estudios para los exámenes. En la Cujae me ayudaron muchísimo, especialmente el Vice-Decano de apellido Santana, sobre todo después, en esa época no me conocían tanto. Le dediqué buen tiempo a las pruebas y no me pude preparar bien para la competición fundamental para conformar el equipo nacional, el Villa de La Habana, lid en la que no me fue del todo bien.

Estaba de tercero en ese momento en la selección, pero Hermenegildo García lo hizo súper bien y realmente se ganó el derecho de integrar el equipo y participar en Barcelona. Si yo hubiese entrenado siempre con la ambición de ser un campeón, probablemente hubiera estado en mejores condiciones. Ese traspié en mi carrera me enseñó que si quería ser mejor, tenía que esforzarme más.

Estábamos en el Período Especial y al no asistir a la gira, económicamente la pasé mal. Pensaba que de haber clasificado hubiese ido a la gira por Europa y así ayudaba a mi familia. Pero ya te digo, de ese traspié aprendí, por eso yo pienso que en la vida no debemos tenerle miedo a los problemas, y las desgracias hay que asumirlas con mentalidad optimista.

Ese tropezón y la falta de ambición deportiva me hizo ser el Rolando Tucker que fui después, que permaneció tres años como número uno del mundo y que no cesó en buscar la perfección. Siempre aposté por mejorarme, mejorarme, mejorarme, no superar a nadie, sino mejorarme yo.

«En ese momento comencé a ver las flores, la corona y la medalla»

Esa medalla de oro individual en el Mundial de Atenas 1994 fue otra gran alegría, casi se me aguaron los ojos al otro día. La fecha en que gané el título fue más bien de festejos. Salí a tirar con algo natural en mi cuerpo que me pedía concentración total en cada toque y estudiar cada movimiento de mi contrario. Solo hubo un momento en el que se me fue un poquito la concentración, cuando ganaba 13-9 frente al italiano Alessandro Puccini, quien dos años después fue titular olímpico.

En ese momento comencé a ver las flores, la corona y la medalla, y Puccini, que era Puccini, de 13-9 llegó a 13-12, hasta que llamé al Rolando que estaba conmigo y le indiqué que se uniera a mí, porque se nos iba el título de las manos. Fue mi primera victoria ante él. Recuerda que se trataba de un muchacho que estudiaba para ser ingeniero, que un tiempo atrás soñaba con construir un robot y practicaba esgrima por pasión.

Este oro individual lo pongo más en el orgullo, en el ego, en el “yo hice”… Pero el cetro por equipos de Budapest 1991 lo disfruté más, porque soy alguien que prefiere las alegrías colectivas, ver a otras personas eufóricas. Es increíble.

«En nuestro caso fue así, no disfrutamos ese metal»

Después de varios años de retiro, estoy más feliz y más orgulloso ahora de esa medalla que en aquel momento. Penosamente tengo que reconocer que es así. En lugar de reconocérsenos que terminamos terceros en unos Juegos Olímpicos (Atlanta 1996), prácticamente era un estigma, se suponía que termináramos oro y plata individual y campeones en el colectivo, sobre todo por las especulaciones de la prensa. Cuando aquello yo era primero del ranking mundial, Elvis tercero, o algo así, y Oscarito estaba bastante cerca.

Esa opinión pública era difícil de detener, pero nosotros sabíamos que aquello no era de esa forma, había competidores muy buenos y Puccini, el ganador en el individual, no estaba en los pronósticos. Sí, es cierto que esa conjetura se podía cumplir, pero no había ni un 70 por ciento de probabilidades de que ocurriera. Como no se obtuvo ninguna medalla individual y lo que se logró fue un bronce por equipos, cuando llegamos a Cuba fue como si no hubiéramos conseguido nada.

Por eso fue que no disfruté esa medalla al máximo en su momento. Yo tengo un video, que lo colgué en YouTube, de cuando discutimos ese bronce, y cuando Elvis me saluda, que estoy cabizbajo, él hace un gesto como diciendo “menos mal que aunque sea esto cogimos”. Ahora yo reflexiono y digo que hay atletas que se desviven sólo por ir a los Juegos Olímpicos.

Pero en nuestro caso fue así, no disfrutamos ese metal y a nuestra tristeza se añadió la presión y la decepción, no de quienes están cerca y conocen que eso no se trata de llegar y ganarles a todos, sino del público que no entiende a veces que la derrota está en el deporte. Y más en la esgrima, chico, que son apenas 15 toques, y si no despertaste, te vas.

«Haber conseguido mi título universitario es más bien una victoria personal»

Lo cierto es que una cosa eran los estudios y otra la esgrima. Me siento afortunado con mi historia deportiva, siento que tuve el privilegio de estar en la élite y de representar a unos cuantos millones de cubanos. También llevé la bandera de mi país en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, cada vez que veo ese video es como si sostuviera el sentir y la cultura de todo un pueblo, bien alto para que todos la vieran.

Por eso, haber conseguido mi título universitario es más bien una victoria personal, no creo que sustituya un triunfo que no logré en la esgrima. En el año 1996, cuando me gradúo y participo en Atlanta, ya yo sabía que había nacido para ser esgrimista. Como ingeniero quizás podía construir un robot, pero era muy difícil que consiguiera ser igual de grande que en la esgrima. Mi culminación de estudios fue un reto personal, terminar una carrera que me gustara y fuera difícil, pero tampoco al nivel de una Matemática-Cibernética, que no puedes levantarte de la silla de tanto estudiar.

«Esas dos operaciones y las molestias previas influyeron en que bajara mi rendimiento»

En diciembre de 1997 fue mi primera operación, en la cadera, porque en 1995 tuve una lesión en el Campeonato Mundial en La Haya, donde fuimos campeones por equipo. Si ves el video de esa final contra Rusia, que también lo colgué en YouTube, estoy cojeando, con el pie de adelante casi en el aire. Fue tremendo estar dos años tirando así, casi sobre una pierna, la otra se resintió y entonces me operó el doctor Álvarez Cambra.

Durante el Villa de La Habana de enero de 1998, en el que culminé tercero, recuerdo que se me trancó la rodilla, no podía extender del todo la pierna, hasta que la desbloquearon y terminé el combate. Pero el problema siguió y resulta que tenía una lesión en el menisco interno de la rodilla derecha. Me operaron en marzo de 1998.

Obviamente, esas dos operaciones y las molestias previas influyeron en que bajara mi rendimiento deportivo. Tenía una falta de entrenamiento tremenda, competía y cuando lo hacía era con la preparación acumulada de los años. Me retiré en 2000, pero en 1999 y en 2000 fue más el sufrimiento y el obligarme yo mismo a entrenar por el equipo, que me necesitaba. Yo quería seguir, pero no como antes, cuando lo único que pensaba era en estar en la sala preparándome.

«Aferrarse a las cosas detenidas es ausentarse un poco de la vida»

Después de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 me retiré. Estuve allí intentando colaborar con mis compañeros, a pesar de todo el sufrimiento que le causaba a mi persona el llegar a competiciones y no poder disfrutar, saber que mi actuación estaría por debajo de lo acostumbrado y que nunca volvería a ser el de antes, porque físicamente no podía. Como dice Pablo Milanés, aferrarse a las cosas detenidas es ausentarse un poco de la vida. Ya está, se fue, te queda lo que disfrutaste, lo que fuiste. No tenía ningún dolor en dejarlo.

Si lo miro matemáticamente, estadísticamente o esgrimísticamente, como yo estaba, sólo con el nombre pues intimidaba un poco a quien se pusiera delante de nosotros, del equipo. Estaba ahí más por eso, porque Oscar y Elvis tuvieran un apoyo, una persona que se subiera y no le dieran demasiados toques y porque Cuba contara con un team de florete que representara decentemente. Yo me casé en 1999 con mi mujer española y decidí seguir compitiendo por mi país.

Desde que comenzamos de novios le dije que seguiría representando a Cuba, que ni se imaginara que yo estaría en otro sitio hasta no concluir mi carrera deportiva. Y así lo cumplí.

«Tras mi retiro, comenzó la vida real»

Tras mi retiro, comenzó la vida real. Cuando dejas el deporte, como atleta, te percatas que la vida es otra cosa, hay retos más difíciles, sobre todo en Cuba. Estuve un año sufriendo de la burocracia, tratando de conseguir la autorización para salir, la carta de liberación del Inder. Al final me demoré un año para reunirme con mi esposa Mari Carmen en España. Con ella tuve dos niñas y aún somos pareja.

En 2001 llegué a su país, comencé de entrenador y trabajé con el equipo nacional de España, con dos de sus cuatro atletas. Fuimos a dos Campeonatos del Mundo, en uno obtuvieron bronce por equipo. Descubrí una sociedad nueva, un país desarrollado y capitalista, aprendiendo las diferencias, las cosas buenas y malas. Tras un buen tiempo allá, en 2014 vinimos para Estados Unidos toda la familia.

Aquí sigo como entrenador de esgrima, trabajo en un club. Me he desarrollado como coach, aunque eventualmente he hecho otras cosas, incluso en España. Porque soy campeón, sí, pero el campeón y su familia tienen que comer y en España es muy difícil solamente de esgrima vivir. La función más importante que le veo a mi deporte, cuando enseño, más que ser campeón, es la formación del individuo, del carácter, de habilidades emocionales, de buenos hábitos.

«Hasta que un día surgió la chispa, nos hicimos novios y luego nos casamos»

Rolando Tucker junto a su esposa y sus hijas. Foto cortesía del entrevistado.

Cuando me hiciste la pregunta y mencionaste su nombre, me arrancaste una sonrisa dulce de los labios. Las cosas emocionales son difíciles de explicar. Sencillamente, hay personas con las que tienes un feeling, pasa incluso con la amistad. Nosotros nos conocimos en España, nos hicimos amigos y justo esa química provocó que conversáramos hasta las seis de la mañana.

Yo tenía una curiosidad muy grande por entender ese mundo tan diferente al mundo de donde yo venía. Podía quedarme practicando deportes y visitando discotecas solamente, pero tenía una necesidad muy grande de descubrir cómo vivía la gente en otras sociedades. Hablamos mucho a menudo, pero como amigos.

Hasta que un día surgió la chispa, nos hicimos novios y luego nos casamos. Yo le hice el planteamiento que te dije, que me quedaría en Cuba hasta terminar mi carrera deportiva; ella me entendió, me aplaudió y, de hecho, intentó vivir allá, conseguir un trabajo, pero siendo extranjera no era fácil por un grupo de cuestiones. Ella iba y venía y así estuvimos un tiempo.

No hay secretos ni trucos, creo yo, para una relación duradera, lo que pasa es que al ser humano le gusta encontrar un camino corto que resuma la cuestión del éxito. Lo primero es dar con la persona indicada y luego hay que currarse la relación todos los días, quererse y comprenderse.

Me gusta mucho leer libros de autoayuda, he leído varios de Jorge Bucay. A los dos nos ha ayudado bastante entender las palabras comprensión y respeto. Además, son muy importantes también los pequeños detalles. Yo no gané el Campeonato del Mundo el día que vencí a Puccini, sino cada día que me iba a casa preguntándome qué hacer para mejorar y perfeccionar mi técnica. Eso es lo que no se ve, todo el mundo quiere un camino corto para triunfar.

Agregaré una frase que suele decir mi padre, mi gran maestro, y que cabe en lo que he hablado, y es que no te puedo decir cuál es el secreto porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.


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