fbpx

Ruperto Herrera Jr: “Elegir no regresar a Cuba fue un desgarro”

5 min


Ruperto Herrera Jr. Foto tomada de Entre Ríos Basquet.

Ha pasado tanto tiempo, muchas lluvias han caído y el país que un día de 1999 dejó Ruperto Herrera Jr. no es el mismo. La decisión del pívot habanero de más de dos metros de estatura provocó, en su momento, una gran tensión en su vida: fue el fruto de un conflicto mental que sacudía su tranquilidad incesantemente. Herrera, el hijo mayor del ilustre Ruperto Herrera, había abandonado el concentrado nacional que se encontraba en una base de entrenamientos en Argentina.

Meses después, su hermano Roberto Carlos había tomado una decisión idéntica en Puerto Rico, una historia parecida a la protagonizada por los peloteros Yuliesky y Lourdes Gurriel Jr. al quedarse en República Dominicana, siendo hijos de uno de los mejores peloteros del béisbol revolucionario, como fue Ruperto (padre) uno de los más brillantes en la duela.

Radicado desde 1999 en ese país sudamericano, el Junior, nacido en Playa el 1 de octubre de 1972, es un hombre al que necesariamente hay que escuchar. Sus palabras, cada una, traen fuertes cargas emocionales sobre la esencia de la vida, el precio de tomar decisiones duras y no arrepentirse. Magnífica esta frase: “no soy más cubano que nadie, pero nadie es más cubano que yo”. Luego despliega impresiones de cubanía por todos lados, de amar cada rincón de su Habana, tanto, desaforadamente, que lleva tatuado en su brazo izquierdo la bandera cubana y otros rasgos de su país.

Esta entrevista con el capitalino, que jugó por diez equipos en Argentina, la guardaré como una joyita, como seguro el Junior guarda sus mejores tapones, rebotes y canastas decisivas.

“Llego al básquet por mi papá, el asistir a sus entrenamientos, respirar su vida y admirarlo; todo eso me condujo a este lindo deporte. Él nunca me presionó, es más, practiqué judo antes. Siempre decía que practicáramos lo que nos hiciera feliz, también se lo decía a mi hermano Roberto Carlos –nacido el 13 de agosto de 1974-, quien es más parecido a mi papá, callado, enfermo al baloncesto, le iba muy bien en la escuela, inteligente, talentoso.

“Yo al principio tenía dudas si quería jugar al básquet, no me iba bien, sufría las comparaciones con mi padre; al parecerme físicamente y llevar su nombre era una carga para mí, además que luego fue el Comisionado Nacional y presidente de la Federación Cubana. Burlas, chistes, y para colmo, mi hermano era muy talentoso. Reconozco que a mí también me gustaba la calle, las chicas… llegó un momento que no salía de la Tropical. Era rebelde, pero con el tiempo entendí cuál era mi camino. A los 16 años me di cuenta de que tenía que hacer el doble que los demás, que llamarme Ruperto Herrera era un orgullo y que mi hermano jugara bien era un privilegio.

“Con esfuerzo logré integrar selecciones juveniles y un gran empuje resultó jugar la Liga Superior con Capitalinos. Ha sido una de las emociones más grandes de mi vida, salíamos por la televisión dos veces por semana. El amor y el reconocimiento de la gente, nos sentíamos estrellas con el orgullo de representar al barrio, a La Habana, a mi gente. Es impagable ver un estadio coreando tu nombre o que te reconozcan en una disco. Hace un tiempo, Boncó Quiñongo, exitoso comediante cubano residente en Miami, dijo “Ustedes, Capitalinos… eran la NBA del pueblo”.

Aunque no con la frecuencia que te hubiese gustado, tuviste tus oportunidades en la selección nacional.

“Representar a mi país es una gran emoción, aunque siento que no era muy querido por el técnico Miguel Calderón. Yo en la selección no tuve grandes momentos, recuerdo como torneos oficiales el Centrobásquet en República Dominicana 1993, donde cogimos oro, y el Preolímpico de Argentina en ese mismo año. Pasé mucho tiempo en la preselección, pero no siempre quedaba entre los 12 escogidos, me hubiera gustado tener más participación y más oportunidades. No era entre los más preferidos por Calderón, aunque reconozco que fue un buen entrenador”.

¿Cuál fue la génesis de tu tan cuestionada decisión, que bien cara te costó en aquel entonces?

“Me di cuenta de que fuera de Cuba había oportunidades.  Después de ser conocido, gracias a la Liga Superior, la falta de motivaciones me llevó a pensar en una vida fuera de Cuba. Eso pesó mucho en la balanza a la hora de buscar un futuro mejor para mí.

“Además, estaba la triste realidad de ver atletas cubanos que fueron figuras internacionales y cuando terminaron sus carreras deportivas quedaron olvidados y sufrieron las carencias del período especial (problemas de alimentación, vestimenta, vivienda). Yo me preguntaba si era posible que no estimularan a nuestros deportistas, teniendo en cuenta que el deporte es una carrera corta, que hay que dedicarse a full, que se entrena varias veces en el día, y que existen atletas que renunciaron a ser millonarios por quedarse en Cuba y representar a su país.

“Vi la oportunidad en Argentina, un país hermoso, donde quieren a los cubanos, con buen nivel de básquet, climas diversos y muchas cosas bellas. Elegir no regresar a Cuba fue un desgarro, empezar una vida incierta, pero la libertad no tiene precio. Por supuesto que la palabra libertad es conflictiva… pero tiene sentido. Poder elegir cómo vivir y asumir riesgos. Estábamos acostumbrados a vivir del Estado, así que me sentí importante cuando tuve vuelo propio.

“Daría todo por volver a empezar y vivir del básquet en mi país. Mi papá es admirador de la figura de Fidel y tomó mi decisión como una traición, estuvo sin hablarme mucho tiempo, para mí fue terrible… ¿Cómo hacerle entender que yo no maté a nadie, que en la vida uno tiene que buscar su propio camino? Yo conocía el precio de mi decisión.

“Siempre en mi cabeza estuvo rondando la idea de marcharme, desde que empecé a salir con el equipo nacional; era inevitable comparar cómo se vivía en Cuba y cómo fuera de ella. Sin embargo, Cuba me ataba mucho, soy un fiel amante de mi Habana, también mi familia, mi papá, mi mamá fue alfabetizadora, mi abuelo combatiente en Playa Girón (Batallón 111). Todo eso creaba una contradicción muy grande en mi cabeza, el miedo a lastimar y decepcionar a mi familia hacía que me sintiera culpable.

“Pero con el tiempo entendí que la vida es una sola, que la vida es una elección y somos los dueños de nuestro destino. Que no le hacía daño a nadie con irme de Cuba, solo elegía otro camino y cuando viajamos a Argentina, a una preparación para el Centrobásquet de La Habana 1999, me quedé en Buenos Aires. Fue la decisión más importante de mi vida, cuando la tomé fue difícil. Había ahorrado 2000 dólares y me quedé en casa de una amiga. Tenía mucho miedo de que tomaran represalias con mi hermano o mi padre. El principio fue durísimo, extrañaba todo el tiempo a mi Habana, a mi malecón, la Tropical, la farándula, los amigos, y por encima de todo, a mi familia.

“Por supuesto que todo tiene un precio. Mi abuela murió y no me pude despedir de ella. Pero obviando eso, estoy muy orgulloso del paso que di y el tiempo me dio la razón. Han pasado muchos años y los deportistas pueden insertarse en el mundo profesional, se comenzaron pequeños negocios privados (cuentapropistas), se puede vender y comprar casas.

“Entonces eso me da la razón de que yo no fui ni traidor, ni desertor, que yo, como muchos deportistas cubanos, fui un adelantado. En Argentina pude jugar al baloncesto 15 años profesionalmente, logré tener mis hijos hermosos, pero nunca he dejado de extrañar a mi patria, solo te acostumbras a vivir extrañando. Cuba es de los cubanos, de los de adentro y de los de afuera y no soy más cubano que nadie, pero nadie es más cubano que yo.

“Amo mi patria y festejo todos los cambios positivos que se están logrando. Aquí en Argentina no todo es color de rosa: existe la desnutrición infantil; ves gentes que comen de la basura; inseguridad; si no tienes una buena obra social médica estás en problemas; alta inflación económica y una epidemia de corrupción política”.

Sin embargo, viste a tu padre en 2017, después de tantos años y momentos tensos entre ustedes.

“Ver a mi padre fue una emoción muy grande, después de tantos años, imagínate lo que significó volver a abrazarlo. Fueron abrazos interminables y emocionantes”.


¿Te gustó? ¡Compártelo con tus amigos!

379 compartidas

¿Cuál es Tu Reacción?

Me divierte Me divierte
0
Me divierte
Me entristece Me entristece
0
Me entristece
Me encanta Me encanta
15
Me encanta
Me asombra Me asombra
0
Me asombra
Ñoo Ñoo
4
Ñoo

0 Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *